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domingo, 2 de junio de 2024

El niño que quiso conocer a Dios

  La Sonrisa Divina: el niño que quiso conocer a Dios


   
Relato corto



Un niño pequeño quiso conocer a Dios y salió de su casa llevando una mochila, en ella colocó varios bizcochos y varias botellas de gaseosas, caminó varias cuadras hasta un parque donde vió sentada en un banco a una anciana contemplando a las palomas, el niño se sentó a su lado para observarlas, abrió su mochila y sacó una gaseosa para tomarla, cuando ya iba a tomar un sorbo de la gaseosa se dio cuenta que la anciana tenía cara de hambre, sacó un bizcocho de la mochila y se lo ofreció, la anciana lo aceptó con mucho agrado y gratitud y le sonrió, su sonrisa era tan bella que por verla otra vez, el niño le ofreció una gaseosa y la anciana le volvió a sonreír.
¡el niño estaba encantado!
El niño y la anciana pasaron toda la tarde sentados en el banco del parque comiendo y sonriendo, sin decir una sola palabra, al oscurecer el niño sintiéndose muy cansado se levantó para irse, pero apenas hubo caminado unos pasos, giró en redondo y corrió hacía la anciana para darle un abrazo, ella también lo abrazo y le dedicó su mejor sonrisa.
Al llegar a su casa tocó la puerta, su madre abrió y notó sorprendida la expresión de felicidad y de paz que irradiaba su hijo y le preguntó:

- Donde has estado y porqué te sientes tan feliz?

- Conocí a Dios y almorcé con Él y sabes una cosa ... tenía la sonrisa más bella que puedas imaginar.
entras la anciana también había llegado a su casa con una expresión de paz y felicidad que sorprendió a su hijo que le preguntó:

- Madre que has hecho hoy que pareces tan feliz.

- Hoy comí bizcochos con Dios en el parque, es mucho más joven de lo que yo creía.


 Anonimo

sábado, 1 de junio de 2024

Tres monedas de oro

   Gratitud: tres monedas de oro

Fabula



Había un rey que recorría los vastos valles, preocupado por los tiempos terribles que habian pasado, hubo guerras, sequías, plagas y mientras cabilaba buscando soluciones llegó a una humilde cabaña y al no encontrar a nadie llamó a viva voz:

- ¿Quién vive aquí?
Al acercarse un campesino le ordenó que trajera agua para sus caballos, orden que acepto de muy buena gana el campesino y ademas con una amplia sonrisa, el rey se sorprendió al ver al campesino con tan amplia sonrisa y en su mirada mostraba un brillo especial y en su actitud se manifestaba una alegría natural al servir, el rey muy curioso le pregunto:

- ¿ Eres un hombre feliz, acaso no tienes ninguna necesidad insatisfecha ?
El campesino le contesto:

- Cada día trae sus propios afanes y lo verdaderamente importante es vivir intensamente la eternidad.
El rey confundido cuestionó.

- ¿ Y que es la eternidad ?
La respuesta fue:

- El presente.
El rey extrañado preguntó:

- Me podrías explicar que es el presente ?
- Lo único que poseemos, el pasado ya se fue y el futuro depende de lo que hoy seamos capaces de realizar, además nadie nos puede asegurar que pasará mañana; trato de vivir intensamente el día de hoy y al final del día le doy gracias al Señor por la oportunidad que me concedió al existir, le aseguro que si muriera esta noche, lo haría en paz, no por lo que he hecho, pues creo que aún puedo realizar tareas y de mejor forma; pero las  que realice el día de hoy las hice con pasión, trabaje intensamente, disfrute de mi familia, les dije a los seres que amo que los amo e intente demostrárselo con mis atenciones y respeto y puedo dormir finalmente en paz, porque todo lo viví intensamente absorbiendo mi eternidad, el presente en el que vivo; nadie puede regresar al pasado a hacer lo que dejó de hacer, en cambio tengo la oportunidad cada segundo de mi existir para dejar a cada paso un ayer grato que recordar, no un remordimiento de lo que debí haber hecho y si ayer me equivoque hoy tengo la oportunidad de aprender y corregir mi error, si debo pedir perdón lo hago sin reparo alguno, si nada puedo hacer asimilo mi equivocación y pido perdón a Dios y continuo mi camino sin sentimientos de culpa.
El rey sorprendido preguntó una ves más:

- ¿ Cuanto ganas al año campesino ?
- Tres monedas de oro.
- ¿ Que haces con ellas ?
- Con una vivo, la otra la ahorro y la tercera la devuelvo.
- Entiendo las dos primeras ... pero la otra ¿ a quién la devuelves ?
- A mis padres, es una forma de agradecerles por haberme dado la vida.
- ¿ Acaso ellos fueron buenos padres ?
- No los puedo juzgar, lo único que puedo hacer es agradecérselos, por que sin ellos yo no hubiera existido.

El rey asombrado se bajó de su caballo y le dijo que lo necesitaba para que lo ayude a gobernar, el campesino  le dijo
- No puedo ayudarlo, aqui tengo mucho trabajo y si yo no estoy  los animales de la granja se van a morir y los campos de van a podrir y mi familia va a quedar abandonada,
- No te prepocupes, eso tiene arreglo, vamos a mandar equipos de trabajadores para que se encarguen de todo, mientras que tu me vas a ayudar a gobernar.

Anónimo

El gigante egoísta (Oscar Wilde)

  El gigante egoísta


Cuento de Oscar Wilde:

Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera, sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí.
En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. 
Entonces el granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.

-¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la primavera.
Dijo el Gigante, y saltó de la cama para correr a la ventana.
Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante. Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. 
Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el Otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. 
Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.

–¡Qué felices somos aquí! –se decían unos a otros. 
Pero un día el Gigante regresó. 
Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. 
Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión. 
Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.

–¿Qué hacen aquí? 
Surgió con su voz retumbante.
Los niños escaparon corriendo en desbandada.

–Este jardín es mío, es mi jardín propio.
Dijo el Gigante
– Todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.
Y de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía:

ENTRADA  PROHIBIDA BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES

Era un Gigante egoísta…
Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar; hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. 
A menudo rondaban alrededor del muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.

–¡Qué dichosos éramos allí! –se decían unos a otros.
Cuando la Primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. 
Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta permanecía el Invierno todavía. 
Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los árboles se olvidaron de florecer. 
Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por los niños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida.
Los únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y la escarcha.

–La Primavera se olvidó de este jardín –se dijeron–, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. 
Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. 
Y llegó el Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día, desganchando las plantas y derribando las chimeneas.

–¡Qué lugar más agradable! 
–Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros también.
Y vino el Granizo también. 
Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas. 
Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento era como el hielo.

– No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí.
Decía el Gigante Egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco
- Espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la primavera no llegó nunca, ni tampoco el verano, pero el otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del gigante no le dio ninguno.

– Es un gigante demasiado egoísta.
Decían los frutales.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el Invierno, y el Viento del Norte y el granizo y la escarcha y la nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.
Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. 
Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. 
En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. 
Entonces el granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.

–¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la Primavera 
Dijo el Gigante, y saltó de la cama para correr a la ventana.

¿Y qué es lo que vio?

Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. 
A través de una brecha del muro habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. 
En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. 
Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y los pequeños reían. 
Era realmente un espectáculo muy bello. 
Sólo en un rincón el Invierno reinaba. 
Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito. 
Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente.
El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de quebrarse.

-¡Sube a mí, niñito! 
- Decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía. Pero el niño era demasiado pequeño.

El Gigante sintió que el corazón se le derretía.

- ¡Cuán egoísta he sido! –
Exclamó:
- Ahora sé por qué la primavera no quería venir hasta aquí. 
Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. 
Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños.
Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho.
Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. 
Pero en cuanto lo vieron los niños se aterrorizaron, salieron a escape y el jardín quedó en Invierno otra vez. 
Sólo aquel pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al Gigante. 
Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos la Primavera regresó al jardín.

–Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos –dijo el Gigante, y tomando un hacha enorme, echó abajo el muro.

Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás.
Estuvieron allí jugando todo el día, y al llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.

– Pero, ¿dónde está el más pequeñito? 
Preguntó el Gigante:

– ¿ese niño que subí al árbol del rincón?
El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso.

–No lo sabemos –
Respondieron los niños

– Se marchó solito.
– Díganle que vuelva mañana 
Dijo el Gigante, pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía y que nunca lo habían visto antes y el gigante se quedó muy triste.
Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante, pero al más chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. 
El Gigante era muy bueno con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo se acordaba de él.

–¡Cómo me gustaría volverlo a ver! 
Repetía el gigante.
Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.

–Tengo muchas flores hermosas, pero los niños son las flores más hermosas de todas.
Una mañana de Invierno, miró por la ventana mientras se vestía. 
Ya no odiaba el Invierno pues sabía que el Invierno era simplemente la Primavera dormida, y que las flores estaban descansando.
Sin embargo, de pronto se restregó los ojos, maravillado, y miró, miró…
Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. 
En el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto por completo de flores blancas. 
Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. 
Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había echado de menos.
Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras y entró en el jardín. 
Pero cuando llegó junto al niño su rostro enrojeció de ira, y dijo:

- ¿Quién se ha atrevido a hacerte daño?
Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus pies.

- ¿Pero, quién se atrevió a herirte? 
Gritó el Gigante
- Dímelo, para tomar la espada y matarlo.
- ¡No!
Respondió el niño:
- Estas son las heridas del Amor.
– ¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? –preguntó el Gigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:

– Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso.
Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba entero cubierto de flores blancas.

lunes, 18 de octubre de 2021

El Tren de la Montaña

 El Tren de la Montaña


El tren


La maquina llegó al cruce y paró, bajaron los ayudantes del maquinista para empalmar las rieles, una vez logrado volvieron a la maquina y retomaron su rumbo, a un kilómetro los esperaba un túnel con final abismal y justo al final de la cueva había una curva y sin disminuir la velocidad la maquina al llegar al final de desviaba a la izquierda y con el chirriar de sus ruedas metálicas marchaba causando pánico entre los habitantes  del lugar alejándose del abismo, el maquinista hacía sonar el silbato y las campanas, los pasajeros suspiraban, los murciélagos del túnel se espantaban y la maquina se alejaba alegremente del abismo, todos se alegraban y hacían la señal de la cruz.
El sonido del tren se incrementaba al discurrir sus ruedas bruñidas por el roce con los rieles metálicos, es una música que suena en las montañas en medio del silencio, la gente alarmada al escucharla se persignaba, daban un suspiro y proseguían con sus labores, hasta que otra boca abierta en las montañas se traga al tren que después de algunos minutos reaparece triunfal por la zaga del túnel para que seguir su curso y así de túnel en túnel y de puente en puente va escalando las alturas abismales, cruzando valles y quebradas, alimentando la sensación de vacío, el poco oxigeno de las alturas relajan el cuerpo y se siente una inmensa paz
Al llegar a lo alto de la montaña y ver como en la soledad el Sol brilla mas y de regalo
escuchar como bajan las corrientes de agua y saber que se llevan los pensamientos negativos.
Al llegar al final de la montaña ya no quieres regresar al pasado, solo quieres respirar profundamente el aire puro para volver a recorrer  los caminos, solo que ahora con mas experiencias.
La montaña te invita a meditar, es como si quisieras alcanzar el cielo, te brinda su paz, su silencio que alguna vez rompe una ave, la que se atrevió a volar mas alto dejando a las mas tímidas abajo.
Es el tren de la montaña y su maquinista es un ángel caído del cielo y que ya no quiere retornar.
Es el tren del olvido queriendo abandonar el Valle de Lágrimas en que estaba sumergido y que vivía buscando el paradero inicial
Mientras que el tren recorre las grandes praderas donde se ocultan los pesares en los aridos desiertos, rueda buscando las verdes praderas donde reside los hermosos recuerdos y para llegar cruzó el puente del río que riega el Valle de las lágrimas donde residen las almas de los seres desconsolados por los mas grandes pesares, los interminables penitentes, los sueños desafortunados, el porfiado desconsuelo y la tristeza que camina con sus pasos lentos y que dejan profundas huellas 
El tren se fue alejando y su imagen se fue diluyendo, solo su aroma se quedó anclado.
Los pasajeros iban sentados mirando distraídos como el tiempo pasaba arrastrando los recuerdos y al final de su recorrido llegó a una estación hermosa y florida rodeada de jardines donde reinaba la felicidad y donde habían varios pasajeros esperando la llegada del próximo tren de color verde esperanza.

domingo, 17 de octubre de 2021

El hombre de la noche

 El hombre de la noche


Cuento corto



Al cerrarse la luz de la tarde y al caer la noche envuelta en el manto de la oscuridad y cubriendo con su silencio a la ciudad, como todas las noches se iniciaba una nueva historia y esta noche es la noche de la historia del hombre del gabán y sombrero negro que caminaba en silencio por las calles oscuras de una antigua ciudad, caminaba lentamente y sin apuros, iba como una sombra, arrastrando sus pasos, caminaba sin presentimientos pero mordiendo sus pensamientos y quizás alguna retorcida historia, caminaba lento, quizás era por que rengueaba, tenía una disfunción en un nervio de la pierna izquierda que le impedía caminar bien y lo obligaba a arrastrar la pierna izquierda al caminar.
Solo su sombra lo esperaba al salir a la calle y lo acompañaba en su recorrido diario por la ciudad dormida y donde los sueños se exasperan al escuchar los ruidos mordaces y nocturnos, salía todas las noches a caminar y cuando la ciudad dormía  guardando los ruidos que se solían escuchar en el silencio de la oscuridad de la noche aparecía una sombra silenciosa alunbrada por la luz de la mistica Luna.
Con gabán y sombrero negro con el ala caída que le daba un aspecto de respeto y más aún siendo de noche, en que su sombra se alargaban conforme se acercaban a una farola, lo que a veces no se notaba en algunas esquinas donde las luces permanecían siempre apagadas como si a alguien le molestara la luz.
Sus pasos eran fuertes y sus pisadas marcaban una huella pareja en la acera mojada por la lluvia del invierno.
Era una ciudad donde abundaban los gatos, las ratas y los perros, pero en las noches los perros se ausentaban y solo quedaban los gatos, las ratas y el hombre de negro.
Un gato lanzó un maullido y con los pelos irisados y la cola también, se cruzó veloz hasta llegar a un árbol cercano y se trepó hasta la primera rama, la más gruesa y de allí no bajó por miedo a las ratas con las que ya había sufrido varios ataques y mordidas por todo el cuerpo, felizmente no había rabia en la comarca desde hacía mucho tiempo.
La lampara de aceite que llevaba el hombre, más pequeña que la de los postes proyectaba sombras más cortas y diluidas por la poca luz que proyectaban los faroles y la Luna, ennegrecidas por los largos años de servicios.
Más allá 2 ratas comiendo restos de comida en medio de la acera no se inmutan al escuchar sus pasos, ya habían escuchado historias sobre los pasos del hombre de negro que deambula por las calles de la vieja ciudad, otras se le cruzan en el camino y una de ellas recibe una patada que la hace volar por los aires hasta la mitad de la calle, justo cuando se cruzaba un carruaje de 2 caballos y llantas gruesas que terminaron magullado al roedor. 
Estos carruajes jalados por caballos cuyo pasos se escuchaban en el silencio de la noche eran conocidos por el ruido que producían y la hora de su paso los vecinos sabían quién pasaba por el ruido que producían estos carruajes.
A las 12 pasó el alcalde, fácil, su carro era jalado por 4 caballos y lo acompañaban 2 jinetes de su seguridad personal.
El señor del sombrero era el agente de policía que hacía un patrullaje nocturno del cual ya estaba acostumbrado, a pesar que las noches parecían pasar en paz, sin embargo pasó por muchas noches negras, como la noche en que asesinaron a la familia de un ciudadano de origen japonés que degolló a su esposa, sus 2 hijos, a su suegra y a un gato negro que se le cruzó, para evitar la mala suerte, este evento ocurrió durante un ataque de esquizofrenia del migrante japonés Mamuro Iza, luego salió corriendo a la calle con un machete ensangrentado en la mano y gritando: 

- Los maté !  . . . yo los maté! . . .

El hombre del gabán negro se encontró frente al asesino que se le acercaba con el machete en la mano, listo para partirlo en dos, pero este era de talante muy frio el, se hizo a un lado y le puso el pie, lo que provocó la caída de bruces de Mamuro al piso mojado y el hombre de negro sacó su arma y le disparó varios tiros matándolo en el acto y cortando su trastorno homicida, luego esperó que la gente saliera, alguien corrió a la oficina de la policía y comunicó todo lo que sabía sobre el asesino oriental, estos llegaron corriendo y en pocos minutos, levantaron los cuerpos y se los llevaron a la morgue central y fueron a la oficina de la policía y tras dar un informe el Hombre de Negro se retiró, ya en la calle prendió un cigarro y siguió su camino marcando su huella en la acera mojada por la lluvia.

Antonio Encinas Carranza
Derechos de Autor Registrado


miércoles, 27 de febrero de 2019

El Cáncer la mató

Nunca perdió la sonrisa
Relato

Relato corto


Hace un tiempo recibí una solicitud de amistad en mi cuenta de facebook, antes de aceptar siempre fisgoneo en el perfil del solicitante, sea hombre o mujer, en este caso era una mujer joven de la Ciudad de México, en su perfil se veían varios escritos y había compartido mucho temas de cultura en general, consejos positivos, mensajes de aliento. muy buen perfil y así vale la pena tener amigos y la acepte, a través del charlamos varias veces, era una bella persona, me contó que estaba separada de su esposo, tenía una sola hija y ella era de habilidades diferentes, vivían solas, recibía una pensión de su esposo y una institución (O.N.G.) la ayudaba con su hija.
La niña había ingresado a un colegio para niños con habilidades especiales y Gabriela estaba contenta de que su hija no tuviera dificultades para estudiar
Un día me contó que escribía poesías, con gran sorpresa para mí y me pidió que la ayudara porque quería intervenir en un concurso de poesía de una asociación poética argentina, hice lo que pude, la ayude dándole consejos, consultaba con la web, de ahí sacaba las respuestas, lo que tenía que decirle, como usar las metáforas y los versos con rima y sin rima, en fin.
La joven lo tomaba con bastante entusiasmo era muy alegre, muy divertida, charlaba mucho, era muy comunicativa, de pronto y sin esperar nada, por que nunca lo dijo, Gabriela dejó de conectarse, tampoco posteaba sus escritos, ni compartía nada, ya no ingresaba a su perfil.
Preocupado le mandé varios mensajes, pero nunca tuvieron respuesta y así pasaron los días, varias semanas y lo olvidé.
Hasta que un día me llegó a mi muro de la red social lo que alguien, una triste noticia, alguna persona, quizás un familiar había compartido una foto de ella y con gran pena note que estaba con la cabeza rapada y muy delgada, también vi que habían escrito un responso, lo leí, era un último adiós, había fallecido, el cáncer de mama se la había llevado, fue una víctima más del terrible mal.
Nunca comentó que padecía el terrible mal, menos sobre sus tratamientos, la "quimio" o la radioterapia, sus padecimientos, los malestares, el dolor, la caída del cabello. 
Dios la tenga en su gloria.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

La hija egoísta

Le pidió volver a casarse

    La hija egoísta


El consejo
Carmela, es una señora natural de un país de América del Sur, ella nació y reside en una ciudad donde reina el sol todo el año, aunque eso es bien común en esta parte del mundo, pero el atractivo mayor de la ciudad es que es productora de unos excelentes vinos, muy reconocidos y que se exportan a Europa en grandes cantidades, aunque en América del Sur hay varias regiones que son vitivinícolas, las hay en Perú, Chile, Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay.


La historia radica en que Carmela de 57 años, es casada, tiene 3 hijos, todos mayores, profesionales y 2 son casados: Carlos Alberto, 36 años, ingeniero, casado con Isabel, dos hijos; Jorge Luis 34 años, abogado, casado con María Luisa, una hija y la única mujer es Flor de María 33 años, medico pediatra y soltera.
Parece una familia feliz a simple vista, pero aquí falta el padre, como se habrán dado cuenta, el señor quién también es ingeniero, se retiró de su casa por problemas de culpas por infidelidad, así es; diez años atrás, Carmela se había enterado que su esposo Carlos, con quién estaba casada por lo civil y religioso, estaba saliendo con otra mujer y le había alquilado un departamento, al otro lado de la ciudad, como no hay "crimen perfecto" Carmela se enteró y tras pensarlo mucho le pidió el divorcio, era lo más sensato.
Carlos aceptó y se fue a vivir con su nueva pareja, tramitaron el divorcio por mutuo disenso, ambos estaban de acuerdo; pasaron los años, la nueva pareja convivieron solo 4 años y ella lo abandonó, había diferencia en las edades, ella era muy joven y al parecer un poco desorientada; Carlos se quedó solo en su departamento y solo veía a sus hijos varones de vez en cuando, a su hija Flor de María, nunca la volvió a ver, ella no lo quería ver, andaba resentida con su padre, aunque más parecía odio, porqué ni siquiera lo mencionaba, para nada.
Un buen día Carmela y Carlos se encontraron de casualidad y charlaron varios minutos, Carlos tenía una reunión, pero la convenció en volverse a encontrar para conversar sobre temas que atañían a la familia, hubo varías reuniones, Carmela se enteró que Carlos vivía solo desde hacía muchos años, le dio algo de pena, reuniones van y vienen, Carlos le propone el matrimonio nuevamente, ella no se sorprende, esperaba con ansias que se lo dijera, nunca dejo de quererlo, le propuso primero hablar con sus hijos y acordaron volverse a reunir en unos días.
Carmela reunió a sus 3 hijos y les soltó la sorpresa, muy contenta, esperando que todos saltaran de alegría y fue así todos saltaron menos una, Flor de María, que puso el grito en el cielo, soltó varias groserías, maldijo, los demonios le saltaron por la boca, todos se quedaron sorprendidos, nadie esperaba esa reacción, parecería que la soltería y la ciencia la habían trastornado 
y se opuso radicalmente a esa unión, Carmela se quedo callada, soltó algunas lagrimas de la pura bronca que tenía, los hermanos se miraron sin soltar un comentario, la iracunda hija, se alejo, amenazando con impedir la vuelta de ese señor a la casa.
Carmela consultó con una persona de su confianza para que le pueda dar un consejo, y esta persona le pidió que le comentara todos los pormenores de su angustia y cual era su problema; Carmela le contó todo, de Carlos, de su propuesta para regresar a su casa y la negativa decisión de Flor de María, que los había dejado pasmados a toda la familia, no sabía que hacer.
El consejero solo atinó a decirle que la hija no tenía nada que hacer en este tema, la decisión de volver como pareja a sus padres, era solo de ellos, de nadie más, ellos eran persona mayores y en este caso los hijos tenían que aceptar con todo respeto lo que ellos habían decidido, la actitud de la hija era egoísta y le dijo que no le hiciera caso, así se hubieran opuesto los 3, igual no tenía que hacerles caso, si ella había decidido aceptar a su ex esposo a volverse a casar, era solo problema de los dos y de nadie más, la hija solo tenia que recibir la información y punto, le pareciera bien o mal es su problema o satisfacción.