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domingo, 17 de octubre de 2021

El hombre de la noche

 El hombre de la noche


Cuento corto



Al cerrarse la luz de la tarde y al caer la noche envuelta en el manto de la oscuridad y cubriendo con su silencio a la ciudad, como todas las noches se iniciaba una nueva historia y esta noche es la noche de la historia del hombre del gabán y sombrero negro que caminaba en silencio por las calles oscuras de una antigua ciudad, caminaba lentamente y sin apuros, iba como una sombra, arrastrando sus pasos, caminaba sin presentimientos pero mordiendo sus pensamientos y quizás alguna retorcida historia, caminaba lento, quizás era por que rengueaba, tenía una disfunción en un nervio de la pierna izquierda que le impedía caminar bien y lo obligaba a arrastrar la pierna izquierda al caminar.
Solo su sombra lo esperaba al salir a la calle y lo acompañaba en su recorrido diario por la ciudad dormida y donde los sueños se exasperan al escuchar los ruidos mordaces y nocturnos, salía todas las noches a caminar y cuando la ciudad dormía  guardando los ruidos que se solían escuchar en el silencio de la oscuridad de la noche aparecía una sombra silenciosa alunbrada por la luz de la mistica Luna.
Con gabán y sombrero negro con el ala caída que le daba un aspecto de respeto y más aún siendo de noche, en que su sombra se alargaban conforme se acercaban a una farola, lo que a veces no se notaba en algunas esquinas donde las luces permanecían siempre apagadas como si a alguien le molestara la luz.
Sus pasos eran fuertes y sus pisadas marcaban una huella pareja en la acera mojada por la lluvia del invierno.
Era una ciudad donde abundaban los gatos, las ratas y los perros, pero en las noches los perros se ausentaban y solo quedaban los gatos, las ratas y el hombre de negro.
Un gato lanzó un maullido y con los pelos irisados y la cola también, se cruzó veloz hasta llegar a un árbol cercano y se trepó hasta la primera rama, la más gruesa y de allí no bajó por miedo a las ratas con las que ya había sufrido varios ataques y mordidas por todo el cuerpo, felizmente no había rabia en la comarca desde hacía mucho tiempo.
La lampara de aceite que llevaba el hombre, más pequeña que la de los postes proyectaba sombras más cortas y diluidas por la poca luz que proyectaban los faroles y la Luna, ennegrecidas por los largos años de servicios.
Más allá 2 ratas comiendo restos de comida en medio de la acera no se inmutan al escuchar sus pasos, ya habían escuchado historias sobre los pasos del hombre de negro que deambula por las calles de la vieja ciudad, otras se le cruzan en el camino y una de ellas recibe una patada que la hace volar por los aires hasta la mitad de la calle, justo cuando se cruzaba un carruaje de 2 caballos y llantas gruesas que terminaron magullado al roedor. 
Estos carruajes jalados por caballos cuyo pasos se escuchaban en el silencio de la noche eran conocidos por el ruido que producían y la hora de su paso los vecinos sabían quién pasaba por el ruido que producían estos carruajes.
A las 12 pasó el alcalde, fácil, su carro era jalado por 4 caballos y lo acompañaban 2 jinetes de su seguridad personal.
El señor del sombrero era el agente de policía que hacía un patrullaje nocturno del cual ya estaba acostumbrado, a pesar que las noches parecían pasar en paz, sin embargo pasó por muchas noches negras, como la noche en que asesinaron a la familia de un ciudadano de origen japonés que degolló a su esposa, sus 2 hijos, a su suegra y a un gato negro que se le cruzó, para evitar la mala suerte, este evento ocurrió durante un ataque de esquizofrenia del migrante japonés Mamuro Iza, luego salió corriendo a la calle con un machete ensangrentado en la mano y gritando: 

- Los maté !  . . . yo los maté! . . .

El hombre del gabán negro se encontró frente al asesino que se le acercaba con el machete en la mano, listo para partirlo en dos, pero este era de talante muy frio el, se hizo a un lado y le puso el pie, lo que provocó la caída de bruces de Mamuro al piso mojado y el hombre de negro sacó su arma y le disparó varios tiros matándolo en el acto y cortando su trastorno homicida, luego esperó que la gente saliera, alguien corrió a la oficina de la policía y comunicó todo lo que sabía sobre el asesino oriental, estos llegaron corriendo y en pocos minutos, levantaron los cuerpos y se los llevaron a la morgue central y fueron a la oficina de la policía y tras dar un informe el Hombre de Negro se retiró, ya en la calle prendió un cigarro y siguió su camino marcando su huella en la acera mojada por la lluvia.

Antonio Encinas Carranza
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