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lunes, 18 de octubre de 2021

El Tren de la Montaña

 El Tren de la Montaña


El tren


La maquina llegó al cruce y paró, bajaron los ayudantes del maquinista para empalmar las rieles, una vez logrado volvieron a la maquina y retomaron su rumbo, a un kilómetro los esperaba un túnel con final abismal y justo al final de la cueva había una curva y sin disminuir la velocidad la maquina al llegar al final de desviaba a la izquierda y con el chirriar de sus ruedas metálicas marchaba causando pánico entre los habitantes  del lugar alejándose del abismo, el maquinista hacía sonar el silbato y las campanas, los pasajeros suspiraban, los murciélagos del túnel se espantaban y la maquina se alejaba alegremente del abismo, todos se alegraban y hacían la señal de la cruz.
El sonido del tren se incrementaba al discurrir sus ruedas bruñidas por el roce con los rieles metálicos, es una música que suena en las montañas en medio del silencio, la gente alarmada al escucharla se persignaba, daban un suspiro y proseguían con sus labores, hasta que otra boca abierta en las montañas se traga al tren que después de algunos minutos reaparece triunfal por la zaga del túnel para que seguir su curso y así de túnel en túnel y de puente en puente va escalando las alturas abismales, cruzando valles y quebradas, alimentando la sensación de vacío, el poco oxigeno de las alturas relajan el cuerpo y se siente una inmensa paz
Al llegar a lo alto de la montaña y ver como en la soledad el Sol brilla mas y de regalo
escuchar como bajan las corrientes de agua y saber que se llevan los pensamientos negativos.
Al llegar al final de la montaña ya no quieres regresar al pasado, solo quieres respirar profundamente el aire puro para volver a recorrer  los caminos, solo que ahora con mas experiencias.
La montaña te invita a meditar, es como si quisieras alcanzar el cielo, te brinda su paz, su silencio que alguna vez rompe una ave, la que se atrevió a volar mas alto dejando a las mas tímidas abajo.
Es el tren de la montaña y su maquinista es un ángel caído del cielo y que ya no quiere retornar.
Es el tren del olvido queriendo abandonar el Valle de Lágrimas en que estaba sumergido y que vivía buscando el paradero inicial
Mientras que el tren recorre las grandes praderas donde se ocultan los pesares en los aridos desiertos, rueda buscando las verdes praderas donde reside los hermosos recuerdos y para llegar cruzó el puente del río que riega el Valle de las lágrimas donde residen las almas de los seres desconsolados por los mas grandes pesares, los interminables penitentes, los sueños desafortunados, el porfiado desconsuelo y la tristeza que camina con sus pasos lentos y que dejan profundas huellas 
El tren se fue alejando y su imagen se fue diluyendo, solo su aroma se quedó anclado.
Los pasajeros iban sentados mirando distraídos como el tiempo pasaba arrastrando los recuerdos y al final de su recorrido llegó a una estación hermosa y florida rodeada de jardines donde reinaba la felicidad y donde habían varios pasajeros esperando la llegada del próximo tren de color verde esperanza.

domingo, 17 de octubre de 2021

Ilusión de Navidad

 Ilusión de Navidad


Cuento de Navidad


Caminaba por la avenida principal, lo hacía todas las tardes de estos últimos días, iba contento, ensimismado, en medio de una muchedumbre donde algunos iban y otros venían, pero Gustavo iba muy entusiasmado y sumamente emocionado, le daban ganas de correr con los brazos abiertos y empezar a volar, pero por mas que corría no levantaba vuelo, quería tocar a la gente que pasaba a su lado, quería ver los paquetes, las compras, se paraba a mirar a los vendedores ambulantes y a su mercadería, mas los vendedores le hacían señas de que se retire, porque estaba tapando sus productos e impedía que los vieran las personas que pasaban y eran posibles clientes.
Gustavo seguía caminando y mirando, todo estaba rodeado de luces y se escuchaban los villancicos, los sonidos propios de la Navidad, de la cercanía de la Navidad, los villancicos, hasta el claxon de los autos le sonaban a campanas, los olores eran el esperado olor a Navidad, era como todos los años, todo era impresionante para sus 14 púberes años, aunque emocionalmente todavía era un pequeño niño.
El centro comercial no estaba lejos de su casa y acudía todas las tardes para pasear, se sentaba en el muro de una fuente y miraba a la gente caminar, los niños correr y a los jóvenes tomarse los selfies saltando, sonriendo, levantando los brazos, como fuere, pero Gustavo o Gustavito como lo llamaban, también respondía cuando alguien gritaba: "Vitooo ... ", se levantaba rapidito, como si se hubiera soltado un resorte.
Algunas veces ayudó a alguna señora conocida a cargar sus paquetes llenos de compras, por lo que siempre recibía una propina o le regalaban alguna golosina.
Al llegar la noche retornaba a su casa, en el camino siempre se encontraba con algunos amigos y se paraba a charlar y a bromear, luego seguía rumbo a su casa y ya no salía, en casa narraba las cosas que había visto, luego ingería sus alimentos, ayudaba a su madre y se iba a su dormitorio a dormir feliz, se acercaba la Navidad y la tensión crecía, la emoción aumentaba, esperaba recibir algún regalo, habría reunión en su casa y como todos los años le regalarían algo, comprendía que su familia pasaba por momentos difíciles, así que solo se entusiasmaba por la fiesta, solo por la Navidad en si y por su encanto, de todas maneras algo recibiría, posiblemente un polo o un pantalón, de lo que estaba seguro era de que comería pavo al horno y panetón, ya había uno sobre la mesa adornando al ambiente 
y tomaría una taza de chocolate como todos los años para setas fiestas de Navidad y el pavo se lo daban a su papá en su trabajo.
El día de Navidad hizo el mismo recorrido, pero estaba más emocionado que nunca, en el Centro Comercial había más gente que de costumbre, gente caminando con los niños a su lado, unos en coches, otros niños eran llevaban en brazos.
Las luces brillaban más que de costumbre, la emoción era mayor y Vito estaba más emocionado que nunca, de pronto escuchó una voz que lo llamaba: 
- Vitooo.
Volteó y vio a su primo Carlos que se le acercaba, al llegar lo abrazó y lo invitó a tomar un helado, después se fueron caminando, ya había caído la noche, de pronto Carlos inspirado por la Navidad lo tomó de la mano y comenzaron a elevarse lentamente y conforme se elevaban veían a la gente que estaba abajo, caminando, cargando los paquetes navideños, todos iban contentos, de la altura divisó las luces de las bombardas que se elevaban y abajo las luces del Centro Comercial, mientras más se alejaban más vistoso y colorido era el viaje, después de algunos segundos divisaron unas nubes llenas de luces de colores y al ingresar en ellas comenzaron a bajar, en medio de una ciudad había un gran castillo y estaba habitado por seres fantásticos, estaban todos los seres que tu puedas imaginar.
Lo primero que divisó fue un taller donde había mucho movimientos, le pareció el centro comercial de su ciudad, pues la gente se movía llevando paquetes, todos andaban apurados y uno que parecía el jefe indica que tengan cuidado que se podía dañar, que no corrieran por que se podrían tropezar, pero hubo algo que le llamó más la atención y fue ver que todos estaban felices y sonreían, algo que no se ve en su ciudad donde todos andan apurados y con las carotas, medios molestos y gruñones.
Era la Villa de Navidad, donde se originan las emociones que nos arrastran a todos en esta fecha tan mágica y encantadora y se reparten las ganas y las alegrías, los abrazos son gratis y les envían las ganas de salir y comprar regalos para la Nochebuena; allí nacen las voluntades de ayudar, de allí son los benefactores, los que ayudan a los niños y ancianos enfermos.
Los que tenemos familiares que ya no están en este mundo pero que nos acompañaron en las navidades pasadas, todos ellos se reúnen allí y desde esas alturas nos ven y nos hacen felices con solo mirarnos.
Cuando alguien la pasa triste es porque no tiene familiares en esta villa.

Antonio Encinas Carranza
Derechos de Autor Registrado

Cuento de Navidad