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jueves, 22 de diciembre de 2022

Jefe de Ronderos

 Juanca Quispe Jefe de Ronderos



Cuentos de










Las rondas campesinas se crearon en Cajamarca para combatir el abigeato, el robo de ganado.
Juan Carlos Quispe Paredes era bisnieto de un militar, el coronel Gustavo Quispe Mendoza, que había peleado, en varias batallas defendiendo a la patria, el coronel estaba considerado como el héroe del pueblo y sus descendientes eran muy respetados en Huantará, toda su familia era conocida en la zona y siempre estaban presentes en toda manifestación festiva del pueblo.
Junto a sus hermanos habían heredado una chacra de varías hectáreas y se la habían repartido, cada uno sembraba independientemente y algunas actividades agrarias lo realizaban en forma conjunta, como también podían vender la producción total a un solo comprador y se dividían las ganancias, como era costumbre desde tiempos muy antiguos.
Lo llamaban Juanca, era de talla media, como el común de la zona, corpulento, hacia deporte y jugaba sus partidos de fútbol con los muchachos del pueblo, había estado en el ejercito cumpliendo el servicio militar y solo había estudiado la primaria en el colegio rural, al igual que sus 5 hermanos, en el único plantel escolar de la zona, como todos en el pueblo de Huantará, pues no había secundaria en el pueblo, el que quería seguir estudiando tenía que viajar a otras ciudades y eso era imposible para la mayoría de los jóvenes del pueblo, tenían que trabajar desde muy temprana edad.
Juanca tenía 4 hermanos y una hermana, el era el mayor, le seguían Isidro, Santiago, José e Hilario la menor era Maruja que ya estaba casada con Alfonso Cerna, con quién ya tenía 2 hijos, Alfonso había heredado 2 hectáreas cerca al pueblo y también sembraba papa y otros tubérculos que enviaba al mercado de Chiclayo donde tenía un comprador, Javier Acosta un mayorista que también le compraba la producción de papa a Juanca y a los otros hermanos.
Juanca contrajo matrimonio con María Bermudez Ayala, un chica, que radicaba con su familia en el pueblo y que tenían una bodega, ella tenía 18 años cuando Juanca la pidió en matrimonio, tenían 2 hijas gemelas, nacieron el mismo día, pero con 15 minutos de diferencia, eran igualitas a su madre, las llamaron Ana a la mayor y Alicia a la menor, que nació 15 minutos después, en la familia de María era normal que tuvieran gemelos, habían varios en su familia, era pura genética, herencia pura.
Los miembros de la familia Quispe Paredes eran muy serviciales, colaboraban con todos los trabajos comunales, sino podían asistir mandaban comida y chicha para todos los que estaban trabajando, por esa actitud es que se ganaba el aprecio de todo el pueblo, Juanca era siempre buscado para ser padrino de bautizo de algún niño o niña, nunca se negaba y si no lo escogían, era a uno de sus hermanos, prácticamente era compadre de todo el pueblo, era padrino corte de pelo, padrino de matrimonio, esto ocurrió en 3 ocasiones, también se acostumbraba a nombrar padrino cuando terminaban de construir una casas o la ampliación de la casa o algún techo nuevo, nunca faltaba un motivo, alguien compró un auto o un camión y Juanca era el escogido y como buen padrino aportaba con la comida, trago y regalos para los ahijados, no tenía nada de tacaño, nunca dejó de mandar un regalo, eso si, le gustaba ostentar con los regalos, le gustaba que todo el pueblo se enterara, alguna vez alguien tenía que reemplazarlo, por que no llegó a tiempo a la ceremonia o por que estuvo de viaje.
Cuando Juanca necesita la ayuda para un trabajo en su casa o en su chacra tenía que nombrar a quienes necesitaba, porque si solo lo mencionaba en el pueblo, la mayoría de los vecinos acudían para colaborar y nadie se sentía obligado, todos iban alegres, muy contentos, para ellos se trataba de un gran y respetable amigo.
Como Juanca era muy bien estimado en Huantará, después de pensarlo mucho, se animó a postular para alcalde del distrito, postuló dos veces consecutivas, en la primera ganó por amplia mayoría, al retirarse los otros dos candidatos faltando pocos días para las elecciones, nadie supo por que se retiraron, nadie preguntó en voz alta, hubo algunas preguntas, pero por lo bajo, como llamamos algunas veces solo eran murmullos, pero al final dejaron de preguntar y murmurar, todos en el pueblo se alegraron, el compadre, el amigo de todos era el nuevo alcalde, se reunieron en la plaza del pueblo, llegaron los hermanos del nuevo alcalde con tragos y comida que ya tenían preparado, carne de carnero al palo que era lo tradicional y comenzaron a trozarlo y a repartir, todo el pueblo se reunió en la plaza, se quedaron hasta las ultimas horas de la noche tomando chicha y cervezas, dando vivas y hurras por el nuevo alcalde. 
Su chacra quedó a cargo de sus hermanos, mientras el ejercía el cargo de burgomaestre de Huantara.
Durante los 4 años que duró el primer periodo de su mandato como alcalde, realizó muchas obras en beneficio del pueblo, se pavimentó la calle principal de Huantará que era la capital del distrito del mismo nombre y se inició el afirmado de la carretera que salía del pueblo y llegaba hasta la capital de la provincia, se erigió un monumento al héroe del pueblo, al bisabuelo de Juanca, el general Gustavo Quispe Mendoza y se realizó muchas otras obras menores, pero que eran de necesidad pública.
Durante el periodo en que Juanca fue alcalde, hubo muchas fiestas con harta chicha y cerveza y mucha bulla, música y bombardas, sobre todo la fiesta patronal, la que se celebraba todos los 24 de junio, día de San Juan Bautista, 
En el segundo periodo, solo hubo un candidato, Juanca, pareciera que nadie lo quiso enfrentar, se vocearon varios nombres, pero al final nadie se presentó, por lo que Juanca fue reelegido sin mucho trabajo para un segundo periodo consecutivo y en este periodo y con ayuda del gobierno Regional, Huantara tuvo agua y desagüe.

Defensa y seguridad ciudadana



Juanca había sido nombrado jefe de la ronda de Huantará para combatir a los terroristas y todo andaba bien, la banda armada comenzó a alejarse de Huantara, el pueblo estaba tranquilo, los vecinos no sufrían lo que pasaba en otros poblados, donde  la gente levantada en armas atacaban las comisarias o las alcaldías, también los centros médicos donde robaban las medicinas e instrumentos quirúrgicos, secuestraban jóvenes hombres y mujeres y robaban ganado y comida, mataban a los dirigentes comunales, a los ladrones y los homosexuales y a veces hasta a los bígamos.

Pero el Capitán Coyote estaba orgulloso de Juanca, jefe de las Rondas Populares de Vigilancia de Huantará, porque los terroristas estaban tranquilos en su zona, pero a la vez estaba preocupado por el aumento de las avionetas que aterrizaban en su zona, eso había sido un problema policial, pero todos sabían que los mandos de los terroristas, daban protección y cobraban por cada avioneta que aterrizaba para comprar la droga.
Juanca organizó a los ronderos, les compró botines, uniformes y el ejercito les proporcionó las armas, muy temprano salían a ejercitarse en la plaza principal del pueblo, por una hora aproximadamente y después partían corriendo en pelotones, rumbo a las afueras del pueblo y se organizaban las patrullas, en el grupo habían algunas muchachas valientes, todos eran voluntarios, también habían personas mayores, lo importante es que todos iban de buen humor, por que Juanca les proporcionaba alimentos, temprano tomaban un desayuno preparado por algunas vecinas, así era Juanca, buena gente, por eso lo apreciaban.
Juanca acudía temprano a la salida de las rondas, tenía dos lugartenientes, eran dos vecinos de los que mas conocían a Juanca en el pueblo, pero no conocían todas sus actividades, porque este, era muy cauteloso, cuidaba de su familia, trataba de no involucrarlos en ninguna de sus actividades fuera de las que realizaba en su chacra, para eso tenía muchos amigos, compadres y sabía elegirlos, cada quién en lo que más podría sobresalir, las personas tenemos un lado bueno y un lado malo y oscuro, esa era su modo de elegir a los que se podían prestar para sus diferentes actividades o negocios, por eso, para las rondas había elegido a dos personas que habían hecho el Servicio Militar Obligatorio y eran muy disciplinados, actuaban de acuerdo a la formación que habían recibido.
Sabía cuidarse, delegaba funciones fácilmente y como lo estimaban y trataban de ser útiles con el hombre que siempre estaba presto a ayudarlos, para aquel que tenía un problema económico allí estaba Juanca, listo para apoyar, un sepelio, una fiesta, una deuda, necesitaban viajar a la capital a estudiar o por alguna enfermedad ... por eso lo quieren, por eso también lo cuidan y lo apoyan y eso Juanca lo sabia.


domingo, 17 de octubre de 2021

Cinturón negro

 Cinturón negro


Cinturón Negro

Miles de emigrantes japoneses llegaron al inicio del siglo XX, con auspicio de los gobiernos peruano y japonés, durante el boom del azúcar en el Perú y como hacia falta mano de obra, buscaron la mas barata, por ese entonces el Japón estaba sufriendo una gran crisis económica, todavía no iniciaban su industrialización, los japoneses  fueron contratados para trabajar en las haciendas del norte que inmensos emporios azucareros como Pomalca, Casagrande, Cartavio, Laredo, Pátapo entre otras y estaban ubicadas en el norte del Perú entre Lambayeque y La Libertad y fue e esta zona donde fueron a recalar los campesinos asiáticos, al terminar sus contratos la mayoría lo renovaron y los que no lo hicieron viajaron a las ciudades principales y especialmente a Lima en busca de fortuna.

Relato corto
La familia Higa que provenía de la isla de Okinawa también viajaron a Lima y tuvieron residencia en el distrito del Rímac, donde con el tiempo adquirieron una casa antigua, que había sido construida en tiempos de la colonia.
Alberto Higa Nakamura  nieto de emigrantes peruano de nacimiento nació en el Rímac, tradicional distrito, de mucha historia y mientras estudiaba en un colegio fiscal, en su casa recibía educación de acuerdo a las tradiciones japonesas, su familia añoraba y trataba de conservar las costumbres niponas, tenían la casa decorada con cuadros, adornos y todo los que representaba a la cultura japonesa, incluso habían ornamentos y armas propias de los samuráis y de las diferentes artes marciales japonesas; Alberto recibió lecciones de sus familiares de las artes marciales japonesas y entre ellas kendo, karate y judo y también recibía lecciones en el Centro Cultural Peruano Japonés en Lima y cuando podía concurría al la Federación de Judo y Karate que estaba ubicado en el Estadio Nacional.
Llegó a Cinturón Negro en karate y judo, fue sensei de una academia en Lima.
Alberto lo conocí en la empresa textil donde trabajamos y me sorprendió que siendo tan hábil para el deporte fuera un tipo tranquilo y pacifico, podríamos decir casi tímido, usaba lentes que siempre se los andaba levantando con el dedo índice derecho o limpiando las lunas con un pañuelo.
Le gustaban las fiestas y parecía que tenía sangre latina, digamos tropical, porque le gustaba bailar salsa y la cantaba en voz baja mientras bailaba, salía para las piezas de ritmos movidos y al bailar movía todo el cuerpo, lo hacia con los brazos estirados y movía la cabeza para los lados llevando el ritmo de la música, también bailaba huaynos, sobre todo huaylarsh era todo un típico huanca y al final no se perdía la marinera del cierre, como se acostumbraba antiguamente.

- Antonio, hay un tono, vamos.
Era su frase más importante y favorita de los días sábados,

Alberto era de carácter jovial, muy risueño y digamos que era muy respetuoso con todo el mundo, lo que le faltaba era saludar como los japoneses inclinando la cabeza, pero esto es solo un detalle, tenía mezclada sus tradiciones antiguas niponas con las peruanas.
En el Perú a todos los orientales y a los que tienen los ojos rasgados los llaman "chino o chinito" no importa si es chino, japonés o coreano y a Jorge todo el mundo le decían "chino" o "chinito".
Un buen día me pidió que lo acompañara al YMCA de Pueblo Libre, Young men's Christian Association, que es la asociación internacional de jóvenes, una ONG que tiene su sede en Ginebra, Suiza y una de sus actividades es promocionar los deportes y también la cultura entre los jóvenes y donde funcionaba una academia de yudo y karate.

- Solo quiero que veas como son las practicas de judo y si te agrada te inscribes, no te va a costar nada, todo es gratis.

- Vamos a ver, te acompaño pero sin compromiso.

Después de ver como era, me entusiasme y me inscribí como alumno o practicante, el Chino me vendió un judogi japonés, importado o sea original

- A su machu . . . (frase de agrado andino peruano) me dije.

Practiqué judo 3 años con el amigo 
Alberto 
y la verdad que el Chino era bien duro, como una piedra, era difícil  tumbarlo, parecía una roca, nunca lo pude hacer, a pesar que era de talla mas baja que yo y mas delgado, en cambio recibí muchas levantadas y aventadas al tatami por parte del Chino.
Aprendí mucho y también recibí charlas para dominar la ira y mantener la calma ante los problemas cotidianos, el judo más que una técnica de lucha, es una filosofía de paz y te enseña a ser pasivo y solo actuar en última instancia, en caso de ataque o agresión, entonces hay que reaccionar, no para maltratar o hacer daño, sino para reprimir o inmovilizar al atacante.
Alberto Higa era muy disciplinado y también practicaba karate, este arte marcial es mas violento y lo realizaba a partir de las 4 de la mañana, por 1 hora diaria, hasta las 5, un detalle que me impresionaba era que utilizaba un cuenco lleno de arena donde enterraba los dedos, los que los ponía bien estirados y los sumergía con fuerza, la que a veces la calentaba y esto le producía quemaduras y algunas llagas que al final se convertían en costras que se endurecían y terminaban formando callos en los nudillos de los dedos, el Chino era muy disciplinado.
Su calidad de descendiente de japoneses de la isla de Okinawa lo obligaba a practicar el "tegumi", que es una especie de karate okinawense, esto era por tradición, estaba, mejor dicho se sentía obligado a practicarlo y dado su condición de ser un descendiente de japoneses y especialmente de la Isla sureña, este arte marcial también lo practicaron su padre y antes sus abuelos.
De las 3 disciplinas que practicaba, la que más le atraía era el judo y lo practicaba en 3 lugares, en la Federación de Judo, el la YMCA, donde era sensei y en la casa de un amigo que tenía su propio dojo en Barranco a la que también me invitaron, solo se reunían los domingos en la mañana.
Alberto media 1 metro 69, de cuerpo delgado y usaba lentes, no aparentaba ser un deportista, más parecía un estudiante de secundaria.
Un día estando en la Federación, listo para retirarnos recibió un reto de un amigo que lo invitó a pasear por los barrios más bravos de la ciudad y caminar por sus calle a partir de las 6 de la tarde, 

- ¿Porqué vamos a hacer eso? inquirió Alberto.

- Quiero probarme hasta donde puedo llegar, solo lo haremos si es que nos importunan o agreden, así les podemos dar una lección para que no se metan con la gente.
Manifestó el amigo.

- Bueno vamos a probar para saber hasta donde podemos llegar en caso de un atraco.

A mi me pareció de mucha imprudencia, lógicamente to solo era un principiante y esta aventura era solo para Cinturones negros. 
Acordaron ir en grupo y al llegar al punto debían separarse y caminar a 20 o 30 metros de distancia de distancia cada uno por si fuera necesario intervenir, además iban a ser esperados de cerca por un auto con 2 personas mas, el punto era que no debían intervenir salvo peligro inminente contra las personas y solo usarían sus manos y piernas.
Escogieron un lugar llamado Tacora, en el distrito de La Victoria, entre el cerro San Cosme y el barrio de Manzanilla, es un mercadillo de cosas usadas y esta abarrotado de vendedores y casi no hay sitio por donde caminar, en la avenida y entre sus calles esta lleno de vendedores ambulantes y la mayoría venden todo lo que llevan los chatarreros y cachineros que recorren las calles de Lima comprando cosas usadas, en los alrededores existen muchos bares, es un lugar plagado de delincuentes, borrachines, prostitutas, mendigos, puro lumpen, que caminan por las calles que están llenas de puestos de vendedores de chatarra, ropa, calzados usados y entre ellos pasan los taxis y peatones, los que son asaltados al paso, algunos son atracados con armas blanca y de fuego, "cogoteos" estos son agarrados del cuello y ahorcados hasta perder el conocimiento y aprovechan para robarle todas sus pertenencias, atacan en grupo y después corren por diferentes rutas,  
El día acordado se reunieron 6 amigos y 
Alberto y llegaron a las 8 pm a la avenida Aviación, donde se encuentra Tacora, fueron bajando del auto y caminaron de 2 en 2 hacía el centro del mercadillo, Alberto iba adelante llevaba un celular de alta gama, una cuadra más allá fue interceptado, le cerraron el paso mientras un delincuente que apareció por la espalda lo cogió del cuello, otro le arrebató su celular, Alberto estiró un brazo, cogió el cuello del delincuente y tratando de agacharse lo jaló para y lo hizo volar para adelante, al caer Alberto lo pateó y aprovechó para saltar y patear al que lo había interceptado y le quitó el celular, volteó y alcanzó a golpear a un tercer delincuente, en ese momento se acercaron los otros karatecas y los delincuentes sorprendidos se alejaron rápidamente.

- ¿Todo bien?
Le preguntaron a 
Alberto.

- Parece que si.
Contestó 
Alberto.

- Ya me dio hambre, vámonos.

Joven aún y no se como hacía, Alberto estudió medicina en la Universidad de San Marcos y se especializó en Pediatría, después de recibirse y doctorarse puso un consultorio en la Pueblo Libre cerca al YMCA, solo pasaron 2 años y su inquietud lo llevó a Colorado, Estados Unidos de donde me escribió en varias oportunidades, contándome sus inquietudes, posteriormente abandonó todo en U.S. y viajó a Japón donde por fin sentó cabeza y se casó y formó un hogar con una linda japonesita, con la que tuvo 2 pequeños varoncitos y aprovechó para competir en las luchas de tegumi en Okinawa.

Vocabulario técnico de judo:

Dojo: gimnasio.
Obi: cinturón.
Sensei: profesor.
Tatami: lona o colchoneta para prácticas.
Tegumi: lucha originaria de Okinawa.
Judogui: uniforme o vestimenta para practicas

Antonio Encinas Carranza
Derechos de Autor Reservados

El hombre de la noche

 El hombre de la noche


Cuento corto



Al cerrarse la luz de la tarde y al caer la noche envuelta en el manto de la oscuridad y cubriendo con su silencio a la ciudad, como todas las noches se iniciaba una nueva historia y esta noche es la noche de la historia del hombre del gabán y sombrero negro que caminaba en silencio por las calles oscuras de una antigua ciudad, caminaba lentamente y sin apuros, iba como una sombra, arrastrando sus pasos, caminaba sin presentimientos pero mordiendo sus pensamientos y quizás alguna retorcida historia, caminaba lento, quizás era por que rengueaba, tenía una disfunción en un nervio de la pierna izquierda que le impedía caminar bien y lo obligaba a arrastrar la pierna izquierda al caminar.
Solo su sombra lo esperaba al salir a la calle y lo acompañaba en su recorrido diario por la ciudad dormida y donde los sueños se exasperan al escuchar los ruidos mordaces y nocturnos, salía todas las noches a caminar y cuando la ciudad dormía  guardando los ruidos que se solían escuchar en el silencio de la oscuridad de la noche aparecía una sombra silenciosa alunbrada por la luz de la mistica Luna.
Con gabán y sombrero negro con el ala caída que le daba un aspecto de respeto y más aún siendo de noche, en que su sombra se alargaban conforme se acercaban a una farola, lo que a veces no se notaba en algunas esquinas donde las luces permanecían siempre apagadas como si a alguien le molestara la luz.
Sus pasos eran fuertes y sus pisadas marcaban una huella pareja en la acera mojada por la lluvia del invierno.
Era una ciudad donde abundaban los gatos, las ratas y los perros, pero en las noches los perros se ausentaban y solo quedaban los gatos, las ratas y el hombre de negro.
Un gato lanzó un maullido y con los pelos irisados y la cola también, se cruzó veloz hasta llegar a un árbol cercano y se trepó hasta la primera rama, la más gruesa y de allí no bajó por miedo a las ratas con las que ya había sufrido varios ataques y mordidas por todo el cuerpo, felizmente no había rabia en la comarca desde hacía mucho tiempo.
La lampara de aceite que llevaba el hombre, más pequeña que la de los postes proyectaba sombras más cortas y diluidas por la poca luz que proyectaban los faroles y la Luna, ennegrecidas por los largos años de servicios.
Más allá 2 ratas comiendo restos de comida en medio de la acera no se inmutan al escuchar sus pasos, ya habían escuchado historias sobre los pasos del hombre de negro que deambula por las calles de la vieja ciudad, otras se le cruzan en el camino y una de ellas recibe una patada que la hace volar por los aires hasta la mitad de la calle, justo cuando se cruzaba un carruaje de 2 caballos y llantas gruesas que terminaron magullado al roedor. 
Estos carruajes jalados por caballos cuyo pasos se escuchaban en el silencio de la noche eran conocidos por el ruido que producían y la hora de su paso los vecinos sabían quién pasaba por el ruido que producían estos carruajes.
A las 12 pasó el alcalde, fácil, su carro era jalado por 4 caballos y lo acompañaban 2 jinetes de su seguridad personal.
El señor del sombrero era el agente de policía que hacía un patrullaje nocturno del cual ya estaba acostumbrado, a pesar que las noches parecían pasar en paz, sin embargo pasó por muchas noches negras, como la noche en que asesinaron a la familia de un ciudadano de origen japonés que degolló a su esposa, sus 2 hijos, a su suegra y a un gato negro que se le cruzó, para evitar la mala suerte, este evento ocurrió durante un ataque de esquizofrenia del migrante japonés Mamuro Iza, luego salió corriendo a la calle con un machete ensangrentado en la mano y gritando: 

- Los maté !  . . . yo los maté! . . .

El hombre del gabán negro se encontró frente al asesino que se le acercaba con el machete en la mano, listo para partirlo en dos, pero este era de talante muy frio el, se hizo a un lado y le puso el pie, lo que provocó la caída de bruces de Mamuro al piso mojado y el hombre de negro sacó su arma y le disparó varios tiros matándolo en el acto y cortando su trastorno homicida, luego esperó que la gente saliera, alguien corrió a la oficina de la policía y comunicó todo lo que sabía sobre el asesino oriental, estos llegaron corriendo y en pocos minutos, levantaron los cuerpos y se los llevaron a la morgue central y fueron a la oficina de la policía y tras dar un informe el Hombre de Negro se retiró, ya en la calle prendió un cigarro y siguió su camino marcando su huella en la acera mojada por la lluvia.

Antonio Encinas Carranza
Derechos de Autor Registrado


La reina de la caña

 Hacienda azucarera


Antonio Encinas Carranza


4,000 hombres trabajaban en aquella hacienda del norte, muchos eran trabajadores temporales, también llamados "golondrinos", todos los trabajadores realizaban su trabajo bajo el intenso calor norteño y era mas intenso al medio día, más no podían parar, los mayorales los azuzaban, allí los campesinos solo descansaban al terminar la jornada de 12  y a veces hasta 16 horas en el campo y a pleno Sol, siempre bajo el sol ardiente y al mediodía son cerca de 4 horas donde el Astro Rey calienta mas, suerte tienen los pocos trabajadores que cumplen su faena bajo techo y en otros trajines y así eran explotados todo el tiempo, todos los días, para ellos ya no había tiempo, trabajaban de sol a sol; en esos días estaban en plena zafra y el ingenio azucarero funcionaba a toda maquina las 24 horas del día, la molienda de la caña no podía parar y los hombres en el  campo tenían que cortar la caña lo más rápido posible para alimentar la maquina.
Se levantaban a los 3 de la mañana y a las 4 a. m. tenían que haberse lavado, rasurado, incluso tenían que haber desayunado.
Bueno lavado y rasurado es un decir, porque mayormente no había el agua disponible y al desayuno no se le podía decir que era tal cosa, no era nada decente lo que consumían. luego salían al patio, allí cogían los aperos para la labranza y luego caminaban hacía los campos de caña, donde permanecían todo el día hasta que el sol se ocultaba; esto era peor que en el ejercito donde están cumpliendo un deber o en los penales donde están pagando un crimen, aquí no, aquí era un trabajo, una forma de sobrevivir convertido en explotación, esto era esclavitud, 
Hace 10,000 años se domesticó la caña y desde ese entonces se esclavizó a los trabajadores cañeros, hombres, mujeres y niños.
Los portugueses sacaron hombres de África para venderlos como esclavos  para las haciendas azucareras de todo el mundo.
Fidel Castro mandó a todos los cubanos a trabajar en los campos cañeros sin pagos alguno, eran esclavos del estado, los ciudadanos tenían que cumplir con la patria para eso obligaban a los presos y a los homosexuales a cortar caña sin pago alguno.
Pero la historia que nos atañe sucedió en alguna hacienda del norte del Perú, la explotación en los latifundios es tan común que quizás esta historia se confunda con otras.
Los hacendados compraron esclavos africanos por cientos y los explotaban inhumanamente, vivían en barracas, sin agua y sin luz y los hacían trabajar todo el día, algunos terminaban con las rodillas dobladas y ya no podían seguir, estos o eran abandonados a su suerte, el contrato se anulaba, ya no era responsabilidad del 
Posteriormente enganchaban a gente con problemas económicos, le prestaban dinero que nunca podían pagar y los obligaban a trabajar de por vida, incluso como la deuda no era cancelable los hijos y a veces los nietos seguían debiendo la deuda y también quedaban enganchados.
Romualdo Campos un joven huérfano que no llegó a conocer a sus padres, su madre murió durante el parto, donde no tuvo ninguna ayuda, el padre que era un campesino falleció mordido por una víbora y tampoco recibió ayuda, al bebé lo encargaron a una joven soltera que trabajaba en la hacienda, vigorosa y muy activa, una mujer que parecía haberse hecho sola y era conocida como la Reina de la Caña, de voz alta, reemplazaba al capataz cuando este se ausentaba, consumía el aguardiente de caña tan igual que cualquier otro peón cañero, pero de un gran corazón a ella le entregaron al huérfano y gustosa lo recibió y lo crío, dada su juventud pudo soportar cargarlo y seguir trabajando, poco tiempo después fue asignada a la cocina, favor que logró por su amistad con uno de los capataces.
Todo era sucio, había mucha insalubridad y desprecio por la dignidad humana, donde el maltrato a las mujeres en los campamentos era cotidiano y todos eran cómplices, todos callaban, su silencio era comprado por una botella de cañazo.
María recibió un cuarto de 4 por 4 metros que tuvo que compartir con una pareja de esposos con 2 niños.
María tenía solo 18 años cuando con bastante responsabilidad recibió al niño
En esta zafra le tocó la cocina y andaba llena de hollín, manos, cara y ropa, por más que se sacudía las manos quedaban negras, una vez bañada, acicalada, cambiada y peinada, era esa clase de chicas norteñas de ojos grandes que todos admiran, pero era solo cada vez que podía, siempre estaba despeinada y llena de hollín
María trabajaba en la zafra desde niña, antes acompañaba a sus padres, hasta que quedó huérfana y acudía al único trabajo que había por esas tierras.
El resto del año vive con sus tíos y abuelos y realiza toda clase de labores para ganarse el sustento; hoy día está alojada en un campamento con su hijo, como la mayoría nunca lloró ni se quejó y sabe que cortar caña no es lo más triste del mundo, ella sabe que hay cosas peores; aprendió a defenderse, ahora usa el machete con bastante destreza
Romualdo creció orgulloso y rebelde, muchas veces tuvo que soportar los castigos de rigor, sin embargo no se doblegaba.
Había visto los maltratos que recibió su madre postiza, las violaciones de los hombres del capataz y del mismo capataz, actos criminales jamás denunciados, pero que nunca quebraron su dignidad, solo lograron que María los guardara en el fondo de su orgullo.
Los campesinos eran contratados de por vida, es decir los contratos se renovaban automáticamente y eran heredados por los hijos, es decir los hijos nacían esclavizados por el contrato que había firmado el padre, incluía a las esposa y a todos los hijos que tuvieran.
Regresaban cansados, totalmente extenuados, sin ganas siquiera de poder escapar y si escapaban salían a buscarlos unos hombres expertos y siniestros y al capturarlos los encerraban en unas celdas donde pasaban varios días sin comer, solo recibían cuotas de alcohol de caña que pasaban a su cuenta y que incrementaba sus deudas con la empresa
Romualdo siempre se negaba a recibir su cuota de alcohol, pero los capataces lo tiraban al piso y lo pasaban como aceptado.
Había llegado a los 18 años, era fuerte y supo resistir el trabajo esclavizado, llenó de vigor escapo del campo sin antes matar a uno de los capataces que cometió el abuso de matar a un hombre, anciano que no podía cumplir con su cuota de la zafra, al huir a toda velocidad no se percató por donde iba llegando a la orilla de un río de medio caudal y escuchando que se acercaban los perros de los vigilantes se tiró al río y buceando se alejó, los perros perdieron la huella y al no poder olfatearlo se hacharon a aullar y a correr pos diferentes direcciones totalmente despistados, los capataces y sus ayudantes siguieron buscando hasta cansarse, luego regresaron a la hacienda, los dueños organizaron un nuevo plan para buscarlo.
Mientras tanto Romualdo al verse sin peligro salió del río totalmente cansado, no pudo sentarse a descansar y cambió de rumbo, el río corría de sur a norte y el tomó camino hacía el este, internándose en el monte. 
El alcohol que le entregaban a los campesinos no era gratis, se los vendían a crédito y podían solicitarlo a cualquier hora fuera de las horas después de la jornada, era más fácil comprar alcohol que alimentos o medicinas, así terminaban enganchados y nunca podían saldar la deuda, su deuda era impagable, además su insolvencia era como una plaga difícil de eliminar, enganchados de por vida, aunque de vida corta, pero el peón garantiza su duda con los hijos, ya que estos le tienen que suceder, sino son los hijos, los nietos nacidos o por nacer, quedando sus vidas esclavizadas de por vida.
Romualdo en una apuesta intentó tomar una botella de licor de caña conocida como cañazo, la apuesta era que Romualdo debía bebérsela toda, es puro aguardiente sin destilar, en la apuesta estaba con otros muchachos y entre ellos habían 2 personas de mayor edad, pasó por ahí el capataz y Romualdo bajó la botella al verlo, estaban trabajando y estaba prohibido tomar licor, el capataz lo vio y le arranco la botella y le aplicó un empujón y se acordó de todos los atropellos que habían sufrido, especialmente su madre, la tierna María de 38 años, se paró como empujado por un rayo y se le fue encima y comenzó a golpear al capataz, hombre fornido de mucho fuste y trajín, sin embargo no pudo zafarse del ataque rápido y violento, puso resistencia al inicio, después cayó al piso semi grogui y solo atinó a sacar su arma pero con tal lentitud que Romualdo cogió su machete y de un solo golpe le cercenó la cabeza y parte de un brazo al bajar el golpe de machete, al verlo decapitado y bañado en sangre Romualdo, que estaba solo medio impresionado de lo que había hecho, se le bajó la rabia y reaccionó y voló a su habitación cogió sus poco trapos y los de su madre María la reina de la caña, la levantó y desaparecieron para siempre, nunca más se supo de ellos por esos lares del norte del Perú.
Solo el recuerdo por las autoridades de que hay un prófugo de la justicia del que aún no conocen su paradero.

Antonio Encinas Carranza
Derechos de Autor Registrado

Glosario:

Trapiche: molino, se realiza la molienda y se extrae el guarapo que se destila.
Guarapo jugo de la caña del que se saca ron, alcohol, ron, aguardientes
Ingenio: hacienda
Zafra: recolección de la caña
Bagazo, la maza molida de la caña. 
Mayoral: jefe de trabajadores cañeros.