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domingo, 17 de octubre de 2021

Cinturón negro

 Cinturón negro


Cinturón Negro

Miles de emigrantes japoneses llegaron al inicio del siglo XX, con auspicio de los gobiernos peruano y japonés, durante el boom del azúcar en el Perú y como hacia falta mano de obra, buscaron la mas barata, por ese entonces el Japón estaba sufriendo una gran crisis económica, todavía no iniciaban su industrialización, los japoneses  fueron contratados para trabajar en las haciendas del norte que inmensos emporios azucareros como Pomalca, Casagrande, Cartavio, Laredo, Pátapo entre otras y estaban ubicadas en el norte del Perú entre Lambayeque y La Libertad y fue e esta zona donde fueron a recalar los campesinos asiáticos, al terminar sus contratos la mayoría lo renovaron y los que no lo hicieron viajaron a las ciudades principales y especialmente a Lima en busca de fortuna.

Relato corto
La familia Higa que provenía de la isla de Okinawa también viajaron a Lima y tuvieron residencia en el distrito del Rímac, donde con el tiempo adquirieron una casa antigua, que había sido construida en tiempos de la colonia.
Alberto Higa Nakamura  nieto de emigrantes peruano de nacimiento nació en el Rímac, tradicional distrito, de mucha historia y mientras estudiaba en un colegio fiscal, en su casa recibía educación de acuerdo a las tradiciones japonesas, su familia añoraba y trataba de conservar las costumbres niponas, tenían la casa decorada con cuadros, adornos y todo los que representaba a la cultura japonesa, incluso habían ornamentos y armas propias de los samuráis y de las diferentes artes marciales japonesas; Alberto recibió lecciones de sus familiares de las artes marciales japonesas y entre ellas kendo, karate y judo y también recibía lecciones en el Centro Cultural Peruano Japonés en Lima y cuando podía concurría al la Federación de Judo y Karate que estaba ubicado en el Estadio Nacional.
Llegó a Cinturón Negro en karate y judo, fue sensei de una academia en Lima.
Alberto lo conocí en la empresa textil donde trabajamos y me sorprendió que siendo tan hábil para el deporte fuera un tipo tranquilo y pacifico, podríamos decir casi tímido, usaba lentes que siempre se los andaba levantando con el dedo índice derecho o limpiando las lunas con un pañuelo.
Le gustaban las fiestas y parecía que tenía sangre latina, digamos tropical, porque le gustaba bailar salsa y la cantaba en voz baja mientras bailaba, salía para las piezas de ritmos movidos y al bailar movía todo el cuerpo, lo hacia con los brazos estirados y movía la cabeza para los lados llevando el ritmo de la música, también bailaba huaynos, sobre todo huaylarsh era todo un típico huanca y al final no se perdía la marinera del cierre, como se acostumbraba antiguamente.

- Antonio, hay un tono, vamos.
Era su frase más importante y favorita de los días sábados,

Alberto era de carácter jovial, muy risueño y digamos que era muy respetuoso con todo el mundo, lo que le faltaba era saludar como los japoneses inclinando la cabeza, pero esto es solo un detalle, tenía mezclada sus tradiciones antiguas niponas con las peruanas.
En el Perú a todos los orientales y a los que tienen los ojos rasgados los llaman "chino o chinito" no importa si es chino, japonés o coreano y a Jorge todo el mundo le decían "chino" o "chinito".
Un buen día me pidió que lo acompañara al YMCA de Pueblo Libre, Young men's Christian Association, que es la asociación internacional de jóvenes, una ONG que tiene su sede en Ginebra, Suiza y una de sus actividades es promocionar los deportes y también la cultura entre los jóvenes y donde funcionaba una academia de yudo y karate.

- Solo quiero que veas como son las practicas de judo y si te agrada te inscribes, no te va a costar nada, todo es gratis.

- Vamos a ver, te acompaño pero sin compromiso.

Después de ver como era, me entusiasme y me inscribí como alumno o practicante, el Chino me vendió un judogi japonés, importado o sea original

- A su machu . . . (frase de agrado andino peruano) me dije.

Practiqué judo 3 años con el amigo 
Alberto 
y la verdad que el Chino era bien duro, como una piedra, era difícil  tumbarlo, parecía una roca, nunca lo pude hacer, a pesar que era de talla mas baja que yo y mas delgado, en cambio recibí muchas levantadas y aventadas al tatami por parte del Chino.
Aprendí mucho y también recibí charlas para dominar la ira y mantener la calma ante los problemas cotidianos, el judo más que una técnica de lucha, es una filosofía de paz y te enseña a ser pasivo y solo actuar en última instancia, en caso de ataque o agresión, entonces hay que reaccionar, no para maltratar o hacer daño, sino para reprimir o inmovilizar al atacante.
Alberto Higa era muy disciplinado y también practicaba karate, este arte marcial es mas violento y lo realizaba a partir de las 4 de la mañana, por 1 hora diaria, hasta las 5, un detalle que me impresionaba era que utilizaba un cuenco lleno de arena donde enterraba los dedos, los que los ponía bien estirados y los sumergía con fuerza, la que a veces la calentaba y esto le producía quemaduras y algunas llagas que al final se convertían en costras que se endurecían y terminaban formando callos en los nudillos de los dedos, el Chino era muy disciplinado.
Su calidad de descendiente de japoneses de la isla de Okinawa lo obligaba a practicar el "tegumi", que es una especie de karate okinawense, esto era por tradición, estaba, mejor dicho se sentía obligado a practicarlo y dado su condición de ser un descendiente de japoneses y especialmente de la Isla sureña, este arte marcial también lo practicaron su padre y antes sus abuelos.
De las 3 disciplinas que practicaba, la que más le atraía era el judo y lo practicaba en 3 lugares, en la Federación de Judo, el la YMCA, donde era sensei y en la casa de un amigo que tenía su propio dojo en Barranco a la que también me invitaron, solo se reunían los domingos en la mañana.
Alberto media 1 metro 69, de cuerpo delgado y usaba lentes, no aparentaba ser un deportista, más parecía un estudiante de secundaria.
Un día estando en la Federación, listo para retirarnos recibió un reto de un amigo que lo invitó a pasear por los barrios más bravos de la ciudad y caminar por sus calle a partir de las 6 de la tarde, 

- ¿Porqué vamos a hacer eso? inquirió Alberto.

- Quiero probarme hasta donde puedo llegar, solo lo haremos si es que nos importunan o agreden, así les podemos dar una lección para que no se metan con la gente.
Manifestó el amigo.

- Bueno vamos a probar para saber hasta donde podemos llegar en caso de un atraco.

A mi me pareció de mucha imprudencia, lógicamente to solo era un principiante y esta aventura era solo para Cinturones negros. 
Acordaron ir en grupo y al llegar al punto debían separarse y caminar a 20 o 30 metros de distancia de distancia cada uno por si fuera necesario intervenir, además iban a ser esperados de cerca por un auto con 2 personas mas, el punto era que no debían intervenir salvo peligro inminente contra las personas y solo usarían sus manos y piernas.
Escogieron un lugar llamado Tacora, en el distrito de La Victoria, entre el cerro San Cosme y el barrio de Manzanilla, es un mercadillo de cosas usadas y esta abarrotado de vendedores y casi no hay sitio por donde caminar, en la avenida y entre sus calles esta lleno de vendedores ambulantes y la mayoría venden todo lo que llevan los chatarreros y cachineros que recorren las calles de Lima comprando cosas usadas, en los alrededores existen muchos bares, es un lugar plagado de delincuentes, borrachines, prostitutas, mendigos, puro lumpen, que caminan por las calles que están llenas de puestos de vendedores de chatarra, ropa, calzados usados y entre ellos pasan los taxis y peatones, los que son asaltados al paso, algunos son atracados con armas blanca y de fuego, "cogoteos" estos son agarrados del cuello y ahorcados hasta perder el conocimiento y aprovechan para robarle todas sus pertenencias, atacan en grupo y después corren por diferentes rutas,  
El día acordado se reunieron 6 amigos y 
Alberto y llegaron a las 8 pm a la avenida Aviación, donde se encuentra Tacora, fueron bajando del auto y caminaron de 2 en 2 hacía el centro del mercadillo, Alberto iba adelante llevaba un celular de alta gama, una cuadra más allá fue interceptado, le cerraron el paso mientras un delincuente que apareció por la espalda lo cogió del cuello, otro le arrebató su celular, Alberto estiró un brazo, cogió el cuello del delincuente y tratando de agacharse lo jaló para y lo hizo volar para adelante, al caer Alberto lo pateó y aprovechó para saltar y patear al que lo había interceptado y le quitó el celular, volteó y alcanzó a golpear a un tercer delincuente, en ese momento se acercaron los otros karatecas y los delincuentes sorprendidos se alejaron rápidamente.

- ¿Todo bien?
Le preguntaron a 
Alberto.

- Parece que si.
Contestó 
Alberto.

- Ya me dio hambre, vámonos.

Joven aún y no se como hacía, Alberto estudió medicina en la Universidad de San Marcos y se especializó en Pediatría, después de recibirse y doctorarse puso un consultorio en la Pueblo Libre cerca al YMCA, solo pasaron 2 años y su inquietud lo llevó a Colorado, Estados Unidos de donde me escribió en varias oportunidades, contándome sus inquietudes, posteriormente abandonó todo en U.S. y viajó a Japón donde por fin sentó cabeza y se casó y formó un hogar con una linda japonesita, con la que tuvo 2 pequeños varoncitos y aprovechó para competir en las luchas de tegumi en Okinawa.

Vocabulario técnico de judo:

Dojo: gimnasio.
Obi: cinturón.
Sensei: profesor.
Tatami: lona o colchoneta para prácticas.
Tegumi: lucha originaria de Okinawa.
Judogui: uniforme o vestimenta para practicas

Antonio Encinas Carranza
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