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lunes, 24 de marzo de 2025

La joya del desierto

 La joya del desierto

Cuentos y relatos de Antonio Encinas Carranza

Hace mucho tiempo un grupo de beduinos asaltaron a una caravana que llevaba un gran tesoro que contenía piedras preciosas y barras de oro y tras un feroz combate, y después que les pusieron una brava resistencia, los dominaron y mataron a todos los miembros de la caravana, sin dejar testigos, robaron el tesoro y huyeron con rumbo desconocido.
Los hombres de la caravana, al verse atacada, ofrecieron resistencia, pero los beduinos eran guerreros experimentados y, tras un feroz combate, lograron acabar con todos los miembros de la caravana, sin dejar testigos y con el botín en sus manos, huyeron hacia lo más profundo del desierto, siguiendo un rumbo desconocido.
Temerosos de ser descubiertos y de perder su recién adquirido tesoro de oro y piedras preciosas, los beduinos tomaron la decisión de esconderlo en un lugar secreto del desierto, después que lo trasladaron, cavaron un hoyo cerca a unos cactus inmensos, echaron el tesoro y sellaron el lugar con el propósito de volver a recuperarlo cuando el peligro hubiera pasado. 
El lugar que habían escogido los beduinos era un lugar desconocido del desierto, lejos de las rutas que seguían las caravanas, era desconocido hasta para ellos mismos y ante el temor de ser descubiertos y que lo perdieran todo, pero era tan seguro que ellos mismos se olvidaron del lugar donde lo escondieron y por mas que lo buscaron, nunca lo encontraron, tal acción ocurrió hace mucho tiempo.
No obstante, la fortuna nunca estuvo de su lado, cuando las autoridades locales, al enterarse del ataque y el saqueo, organizaron una expedición para perseguirlos y capturar a los delincuentes, lo hicieron por días y noches sin descanso hasta finalmente dar con ellos y en un último enfrentamiento fueron capturados, los asaltantes fueron capturados y ajusticiados sin piedad, acusados de asesinato y robo.

El tesoro quedó oculto en las arenas del desierto y perdido en el tiempo, enterrado bajo siglos de tormentas de arena y olvidado por la historia. 
Pero las leyendas sobre él nunca desaparecieron, los viajeros y nómadas hablaban en voz baja de un tesoro maldito, esperando a ser hallado por alguien lo suficientemente audaz o lo suficientemente desesperado para desafiar el implacable desierto en su búsqueda.
Muchos intentaron encontrarlo, se organizaron muchas expediciones pero todos fracasaron.
El tesoro, sin embargo, se convirtió en una carga peligrosa. Temerosos de ser descubiertos y de perder su recién adquirido oro y piedras preciosas, los beduinos tomaron la decisión de esconderlo en un lugar secreto del desierto, tan bien oculto que ni siquiera ellos mismos podrían encontrarlo fácilmente. Sellaron su tesoro con el propósito de volver a recuperarlo cuando el peligro hubiera pasado.
El tesoro quedó oculto y perdido en el tiempo y en las arenas del desierto, quedó  enterrado bajo siglos de tormentas, toneladas de arena y olvidado por la historia. 
Pero las leyendas sobre él tesoro nunca desaparecieron. 
Los viajeros y nómadas hablaban en voz baja de un tesoro maldito escondido en algún lugar del desierto, esperando a ser hallado por alguien lo suficientemente audaz o lo suficientemente desesperado para desafiar el implacable clima del desierto en su búsqueda del maldito desierto.
Un nuevo aventurero llegó a la región, este era de la región, guiado por un antiguo manuscrito que parece indicar la ubicación del tesoro perdido, su nombre es Malik, originario, un aventurero de espíritu indomable, dispuesto a desafiar las arenas y los peligros del desierto en busca de la riqueza que ha eludido a tantos. Pero Malik no es el único tras la pista del tesoro.

Bajo el sol abrasador, Malik recorrió las dunas montado en su camello, con el pergamino bien guardado en su túnica. Sabía que el manuscrito no contenía un mapa exacto, sino una serie de pistas crípticas que debía descifrar. El primer paso lo llevaría a un antiguo oasis, un lugar mencionado en la leyenda donde los beduinos habían descansado tras esconder el tesoro.

Al llegar al oasis, solo encontró ruinas y restos de una antigua aldea devorada por la arena. Se dispuso a investigar, pero no estaba solo. En la distancia, una sombra se movía entre las rocas. Malik se llevó la mano a la empuñadura de su daga, sabiendo que la verdadera aventura apenas comenzaba...

Así pasaron algunos siglos y el tesoro permaneció enterrado bajo la ardiente arena del desierto y en ese mismo lugar se formó un hermoso ojo de agua que parecía un espejismo, era el mas hermoso oasis del desierto y estaba rodeado de altas palmeras que parecían sus pestañas.

Un nuevo viajero ha llegado a la región, guiado por un antiguo manuscrito que parece indicar la ubicación del tesoro perdido. Su nombre es Malik, un aventurero de espíritu indomable, dispuesto a desafiar las arenas y los peligros del desierto en busca de la riqueza que ha eludido a tantos. Pero Malik no es el único tras la pista del tesoro.

Bajo el sol abrasador, Malik recorrió las dunas montado en su camello, con el pergamino bien guardado en su túnica. Sabía que el manuscrito no contenía un mapa exacto, sino una serie de pistas crípticas que debía descifrar. El primer paso lo llevaría a un antiguo oasis, un lugar mencionado en la leyenda donde los beduinos habían descansado tras esconder el tesoro.

Al llegar al oasis, solo encontró ruinas y restos de una antigua aldea devorada por la arena. Se dispuso a investigar, pero no estaba solo. En la distancia, una sombra se movía entre las rocas. Malik se llevó la mano a la empuñadura de su daga, sabiendo que la verdadera aventura apenas comenzaba...

De pronto, una figura emergió de entre las sombras: un hombre envuelto en un manto oscuro, con los ojos encendidos por la avaricia y la determinación. "Has llegado lejos, viajero", dijo con una sonrisa torcida. "Pero el tesoro no es para ti".

Un violento combate se desató en medio de las ruinas del oasis. Malik esquivó un golpe de cimitarra y contraatacó con su daga, hiriendo a su atacante. Pero antes de que pudiera asestar un golpe final, más figuras emergieron de las dunas: cazadores de tesoros y mercenarios, todos con la misma meta en mente. El oasis se convirtió en un campo de batalla, con el eco del acero chocando contra el acero y el fuego de las antorchas iluminando la noche.

En medio del caos, Malik descubrió una entrada secreta bajo una losa de piedra. Con el corazón latiendo con fuerza, descendió a una caverna oculta, donde encontró un antiguo santuario beduino. Y allí, en el centro de la cueva, descansaba el tesoro perdido, resplandeciendo bajo la tenue luz de una lámpara de aceite.

Pero el destino tenía otros planes. Al tocar las reliquias, un mecanismo ancestral se activó. El suelo tembló y la cueva comenzó a derrumbarse. Malik corrió con todas sus fuerzas, sujetando solo una pequeña pero valiosa joya como prueba de su hallazgo. 
La arena se tragó la caverna y, con ella, el tesoro que durante siglos había permanecido oculto.

Al amanecer, Malik emergió de las ruinas, cubierto de polvo y con el sol iluminando su camino. Aunque no había conseguido el tesoro en su totalidad, llevaba consigo algo aún más valioso: la certeza de haber vivido la mayor aventura de su vida.
Algunas versiones decían que el tesoro estaba bajo el oasis, pero los mapas que se encontraron decían que el tesoro se encontraba a 150 pasos hacía el oeste del oasis.
Tan bien oculto estaba que ni siquiera ellos mismos, podrían encontrarlo fácilmente. 
Era un lugar de paso de las largas caravanas de camellos de los desiertos que llevaban mercadería y productos para vender o intercambiar y en los oasis descansaban, tendían sus carpas y pasaban la noche y parte del día, muchas veces bajo las tormentas de arena que arrastraban los vientos y otras veces bajo los rayos calcinantes del Sol de los desiertos.

Cerca al oasis donde se en
terró el tesoro descansaba el beduino o nómada Mohammad al Assad y sus camellos y levantaba sus tiendas y en medio preparaban una fogata con trozos de ramas caídas de los árboles y que iban recogiendo en el camino y con la leña encendían una fogata donde hervía agua y preparaba un delicioso café aromático, cuyo aroma se sentía a larga distancia.
Fue en uno de esos viajes de beduinos con sus caravanas que llegaban con su mercadería que vendían en los pueblos y después de acampar cerca del oasis, se murió uno de sus camellos y Mohammad al Assad cavó un hoyo en la arena para enterrarlo y se dio con una gran sorpresa al encontrar el tesoro, sorprendido miro para todo lado y como no había nadie recogió todo el tesoro y lo guardo entre sus bultos y se marchó rápidamente y se olvidó del camello que lo dejó sin enterrar y al alcance de los buitres del desierto.
Los buitres y sus hábitos alimenticios mantienen la higiene de los ecosistemas y se comen la carroña, alimentándose de animales recientemente muertos. 
Al consumir rápidamente fragmentos de carne y huesos en descomposición y antes de que se pudran, los buitres ayudan a prevenir el crecimiento de patógenos peligrosos.
El tesoro beduino, una vez más, había desaparecido en la eternidad del desierto, esperando a su próximo buscador.
Mohammad al Assad, cruzó todo el Sahara y llegó a El Cairo, totalmente en silencio y después de encontrar alojamiento en el hogar de un pariente lejano para el y sus camellos, le pidió al pariente que lo acompañara a la mezquita El Alabastro, la que fue construida por Saladino, cuando era Sultán de Egipto.

Antonio Encinas Carranza

domingo, 23 de marzo de 2025

La Dama de blanco y el lobo gris

 La Dama de blanco y el lobo gris


Ese día había una hermosa Luna llena que dio luz a una bella noche de plenilunio, a su alrededor una corte de estrellas tintineantes la rodeaba, todo era paz en el cielo y sus alrededores y también en la extensa y oscura pradera.
De pronto y en medio del silencio se escuchó un gran ruido y la gente salió a su ventana sorprendidos por una explosión o quizás un trueno que abrió el telón del tiempo y vieron a un gran lobo gris claro, casi blanco, caminando lentamente con la cabeza gacha, los ojos apagados y con el hocico abierto, con la lengua afuera, babeando y arrastrando la cola en señal de temor, como hacen todos los cánidos: perros, zorros, dingos, coyotes, chacales, entre otros.
El lobo le tenía miedo a la Luna llena, porque esta la obligaba a aullar y rendirle pleitesía y en las noches oscuras cuando la luna salía se escuchaban los aullidos de los lobos y porque se creó una leyenda que decía que la Luna le había robado la sombra al lobo gris 
y la gente temerosa cerraban sus puertas con trancas y evitaban salir de sus casas por temor a que el lobo sin sombra pasara por allí y los atacara.
Cuenta una vieja leyenda que en ciertas noches cuando la oscuridad era mas negra aparecía una joven vestida con ropas largas, blancas, con ribetes dorados y cabello largo y dorado y caminaba al costado de un lobo gris, casi blanco, adulto y majestuoso el, y ella iba tocándole el lomo con una mano y parecía que el lobo gris se tranquilizaba, se calmaba y caminaba lentamente al paso de la joven de blanco y con la cabeza gacha.
Aquella noche, el lobo sin sombra avanzó por la pradera, sus huellas eran livianas, casi inexistentes, que se disipaban rápidamente, ya no lo seguían, ahora se había convertido en el lobo gris, casi blanco, que había perdido su sombra y sus huellas, era como un lobo fantasma. 
El resplandor plateado de la Luna lo perseguía, iluminando su piel clara y dejando tras de sí solo un rastro de misterio y temor que se mantenía en al aire y que el viento arrastraba, dejando rastro en el tiempo y que el viento arrastraba y la gente se espantaba cuando sentía el olor al lobo gris claro casi blanco que dicen que se alimentaba de carne humana.
Dicen que aquel lobo errante busca recuperar lo que le fue arrebatado, que aúlla no solo por instinto, sino también por desesperación.
Pero nadie sabe cómo podría romper la maldición que lo condena a vagar sin sombra, siempre temeroso de la luz lunar.
Los ancianos del pueblo cuentan que solo en el corazón del bosque, donde la Luna no penetra y las sombras aún reinan, el lobo podría encontrar la respuesta si leyera los escritos antiguos que guardan de alguna secta maldita, pero nadie ha sido lo suficientemente valiente para seguir su rastro y descubrir la verdad sobre el lobo sin sombra.
El lobo de color gris claro, casi blanco y hocico puntiagudo; el temido depredador de las praderas, se había alejado de su manada para seguirle el paso a la Luna y esperando que esta le devolviera su sombra.
Una de esas noches oscuras se le cruzó al lobo gris sin sombra, una joven de cabellos dorados y vestido blanco, con una lampara que usaba para alumbrase en los caminos y al verlo de cerca se espantó y corrió asustada hacía una casa abandonada, pero en el camino se resbaló y la lampara que llevaba en la mano voló por los aires, al volar la lampara ingresó por la ventana que estaba abierta y se rompió al caer al suelo y el combustible se desparramó por toda la habitación y el fuego se extendió por toda la casa, la dama de blanco lanzó un hechizo y aparecieron varias nubes negras y comenzó a llover copiosamente y apagaron el fuego, l
a Dama de Blanco siguió su camino buscando la sombra del lobo gris de la pradera y al llegar a su guarida, el lobo gris le rindió pleitesía bajando la cabeza y rodeándola amorosamente y la dama le pidió que le contara cuales eran sus plegarias.
La Dama de Blanco le prometió que volvería para seguir buscando, luego se despidió y subió al cielo en una nube blanca y se colocó en el espacio que le correspondía, se quitó las ropas y su fosforescencia aumentó y alumbró toda la noche hasta que apareció el Sol y ocupó su lugar.
Era la hermosa Luna el satélite de la Tierra y la enamorada del Sol, que se encarnaba y bajaba a la pradera cada vez que aparecía el lobo gris buscando su sombra y el lobo gris se quedó solo en la pradera, con la mirada fija en el cielo donde la Dama de Blanco había desaparecido. 
El lobo sabía que volvería, pero la esperanza era larga y cruel, mientras que el no podía unirse a su manada, pues sin sombra no era uno de ellos e iba a ser rechazado por su manada, tampoco podía cazar como antes, pues sus presas veían su extraña silueta sin sombra y huían aterrorizadas, era un desterrado y estaba condenado a vagar entre la hierba alta, siempre siguiendo la luz de la Luna, esperando recuperar aquello que le había sido negado.
Una noche, mientras caminaba entre los árboles de un bosque cercano, escuchó una voz profunda y áspera que lo sorprendió y que le comentó.

- Tu sombra está atrapada entre este mundo y el otro y solo aquel que desafíe a la Luna podrá liberar a tu sombra, pero también puede ser que la omnímoda benevolencia a la Luna de la que debes rendir pleitesía te conceda la gracia de su bondad y te devuelva la sombra que perdiste por ser tan descortés.
El lobo amargado gruñó mal humorado y giró la cabeza en todas direcciones, negando todo lo que había escuchado.

- ¿Quién eres? 
Preguntó con un aullido bajo, pero no recibió respuesta y todo quedo en silencio.
poco tiempo después del interior del bosque emergió una figura encorvada, con una túnica negra y una larga vara de madera retorcida, sus ojos brillaban como ascuas bajo la lóbrega  y tenebrosa oscuridad y se manifestó.

- Soy el Guardián de las Sombras.
Dijo el anciano con una sonrisa enigmática.

- Yo sé cómo recuperar lo que has perdido.
El lobo sintió un escalofrío recorrerle el lomo y pensó en un posible engaño.

-  ¿Sería esto un truco? 
- ¿Podría confiar en aquel extraño? 
Pero no tenía opción, si había una forma de recuperar su sombra, debía intentarlo sin pensarlo 2 veces y aceptar cualquier opción, porque no quería quedarse sin sombra toda la vida.

- ¿Cómo me podrías ayudar?
El anciano levantó su vara y dibujó un círculo en la tierra con movimientos lentos, al instante, el suelo pareció abrirse como un espejo de agua oscura y una visión apareció en la superficie: la sombra del lobo gris, la que estaba atrapada entre las manchas de la Luna, allí mismo la que desde la tierra buscamos el significado de las manchas, allí la Luna la mantenía prisionera.

- Pero para recuperarla  debes desafiar a la Dama de Blanco. 
- Pero cuidado… ella nunca devuelve lo que toma sin ante cobrar un precio alto.
Comentó el Guardián con su voz áspera y el lobo gris alzó la cabeza hacia el cielo y vio que la Luna brillaba con su luz hipnótica, hermosa y cruel a la vez.
El lobo gris no dudó más, sabía que no podía seguir viviendo sin su sombra, esto lo convertía en un alma errante sin destino.

—Dime, Guardián de las Sombras, ¿cómo puedo desafiar a la Luna y recuperar mi sombra?
El anciano lo miró fijamente y golpeó el suelo con su vara y el reflejo del agua oscura en el círculo comenzó a distorsionarse hasta formar la imagen de una montaña de roca negra, donde se mostraba a la Luna con sus manchas y que muchas veces son interpretadas por los terrestres de diferentes maneras según sus regiones:
- unos dice que se parecen a San Jorge y su lanza enfrentando a un dragón, 
- otros dicen que se parecen a un hombre que carga un haz de leña sobre su espalda, la cual fue robada por la noche, hay otras versiones que salieron de otras regiones.

- Debes viajar a la Montaña de la Noche Eterna, donde la luz de la Luna no puede alcanzarte, s
olo allí su poder se debilita y podrás hablar con ella sin que te someta 
Explicó el Guardián, 
- Pero debes buscar tu mismo el camino que te va a conducir a tu sombra.

El lobo gruñó, decidido, no importaban los peligros, estaba dispuesto a enfrentarlos, total, era su sombra y decidido emprendió el largo camino.
La travesía fue ardua, atravesó ríos caudalosos, valles envueltos en niebla y bosques donde los árboles parecían castigarlo con sus largas ramas. 
En el camino se encontró criaturas nocturnas que lo acechaban, pues sabían que era un lobo sin sombra, y eso lo hacía débil y fácil de atacar, pues no opondría resistencia.
Una noche, al cruzar un sendero de piedras, un aullido rompió el silencio. 
Desde la cima de una colina, tres lobos de pelaje oscuro lo observaban con ojos brillantes y desafiantes, eran los Lobos de la Penumbra, guardianes del umbral entre el mundo de los vivos y los muertos.

- Eres un intruso y estás invadiendo  territorios vedados para los seres vivos.
Gruñó uno de ellos, mostrando los colmillos filosos y sangrantes.

- Tu no perteneces ni a la luz ni a la oscuridad.
Los Lobos de la Penumbra se miraron entre sí y finalmente, el más grande de ellos habló:

- Si deseas cruzar, debes responder a nuestras preguntas:
El lobo gris asentado, estaba dispuesto a todo con tal de recuperar su sombra.

- ¡Escucha bien!
Dijo el guardián: 

- Soy el jefe de la manada de Los Lobos de la Penumbra.
- Dime por que te has atrevido a llegar has aquí.

Las nubes se arremolinaron mientras esperaban la respuesta.
Después de varios segundos en que el cielo se encapotó, las estrellas se apagaron y se escucharon a las trompetas que lanzaban sonidos de tormentas apareció la Dama de Blanco, con su figura serena y le preguntó:

- ¡A que has venido?
Contestole el Lobo gris

- Quiero mi sombra de vuelta.
La Dama de Blanco le preguntó

- ¿Sabes por qué la tomé? 
El lobo gris se sintió mal.  

- No lo se pero estoy dispuesto a . . .
La Dama de Blanco alzó una mano y, desde el cielo, la sombra del lobo descendió lentamente, fusionándose con el cuerpo del lobo gris.
En ese instante, un torrente de memorias olvidadas golpea la mente del lobo y recordó que una vez no fue así, recordó que en tiempo lejano, habìa sido humano.

martes, 25 de febrero de 2025

El jinete del desierto (Relato)

  El jinete del desierto


Cuento corto de Antonio Encinas Carranza


Johnny Gibson, era un ganadero y también un hábil jinete, conocía a los caballos y a cada rincón del valle, los bosques y el desierto que rodeaban su hogar y su granja, Johnny era dueño de una inmensa propiedad donde criaba ganado vacuno y algunos caballos.
Su granja, estaba ubicada en las afueras del pueblo, donde pasaba todo el día y era proveedor de carne para varios clientes, entre los que estaban la cadena de tiendas Walmart, los mercados de varios pueblos cercanos y al cuartel del ejercito que estaba cerca a su granja.
Su ganado era su orgullo, pero su corazón latía por una bella jovencita que vivía al otro lado del desierto que estaba al final del valle, en el había un pequeño oasis rodeado de palmeras y flores silvestres, allí vivía el amor de su vida, su hermosa novia, la distancia entre ellos era un desafío constante, pero su amor era más fuerte que cualquier obstáculo, por tal motivo lo conocían como el "Jinete del desierto".
Para llegar a la cabaña de sus amada, el jinete tenía que cruzar el desierto desolado y ardiente donde en el día la temperatura pasaba los 40 grados centígrados.
En las tardes en aquel lejano desierto el silencio reinaba y la Luna alumbraba tenuemente en medio del cielo azul oscuro y cada vez que lo recorría a lo lejos se escuchaba la melodía pegajosa que el jinete entonaba cada vez que retornaba a su casa después de ver a su querida, a su novia, con la que algún día tendría que compartir su vida, después de cumplir con ciertas exigencias.
Un día al terminar la jornada, Johnny se aventuró a cruzar el desierto para visitar a su amada, Johnny era un hombre rudo, de campo, curtido por el sol y el trabajo duro y esa tarde cruzó el desierto, iba algo distraído entonando una canción, mientras que la Luna que comenzaba a asomar alumbraba tenuemente el paraje que parecía un paisaje lunar y la imagen del jinete parecía lejana y su sombra se reflejaba alargada en el paisaje, sin embargo, en medio del vasto desierto, Johnny se desorientó y se desvió del camino que siempre recorría y que lo conocía perfectamente, pero la idea de verla nuevamente lo impulsaba a seguir adelante.
La arena se extendía interminable, todo era silencio y bajo la tenue luz de la Luna, iba cantando una tonada lanzada al viento y el ruido de los pasos del trote sereno del alazán brioso se escuchaban a distancia, todo iba bien y no habían temores ni sentimientos extraños, el viaje era largo y peligroso, pero Johnny lo conocía a la perfección y la idea de verla lo impulsaba a seguir adelante, sin embargo, en medio del vasto desierto, Johnny se desorientó y tomó un camino que no conocía, un camino equivocado y ya había recorrido un buen trecho cuando de pronto el caballo trastabilló y cayó de rodillas al suelo y el jinete soltó las riendas y cayó al piso asustado y golpeado del trancazo que se dio.
El caballo no se pudo levantar por mas que lo intentó y el jinete pálido y golpeado al levantarse miró para todos los lados buscando una salida al problema, el caballo había metido una de sus patas en un hoyo cavado por los roedores y el jinete cayó de bruces al piso y quedó todo adolorido y algo mareado, no pudo levantarse y se arrastró hasta una roca donde se sentó, mas allá había un grupo de cactus y a lo lejos la sombra de unas montañas y detrás de las montañas el mar, su casa y su ganado.
La zona estaba llena de hoyos, era una zona de roedores, había una infinidad de hoyos que los roedores cavan y forman galerías, es el mayor peligro en el desierto para los caballos porque terminan rompiéndose las patas o cañas.
Algo así le pasó al caballo, se había roto una de las patas delanteras y era imposible seguir adelante, había que sacrificarlo, pero y después que hacía el jinete sin su cabalgadura, solo sabía que tenía que seguir la ruta hacía las montañas que estaban al final del camino que originalmente estaba siguiendo, mientras tanto saco su rifle y le disparó al caballo matándolo en el instante, el ruido asustó a unas aves que alborotadas salieron volando.
Mientras tanto, en el oasis, su novia lo esperaba con impaciencia y al ver que Johnny no llegaba, el miedo comenzó a invadir su corazón, preocupada, reunió a sus amigos y familiares y les contó lo sucedido y organizaron una expedición de búsqueda.
Al día siguiente en su casa-granja a su gente les extrañaba la demora de Johnny y también decidieron salir a buscarlo, se formaron 2 grupos, uno salió rumbo al desierto y el otro siguió el camino del mar que llevaba hacía el Cuartel del Ejercito y el pueblo mas cercano, este grupo llegó al pueblo y preguntaron en el cuartel y no encontraron respuestas positiva.
El otro grupo que salió rumbo al desierto tomando la ruta normal porque creyeron que por esa ruta lo iban a encontrar fácilmente, sin pensar que esa no fue la ruta que había tomado Johnny y llegaron a la casa de Eloyse que estaba preocupada por que lo estaba esperando y sus familiares que habían organizado una expedición de búsqueda tampoco lo habían encontrado.
Ella se quedo desconsolada con la noticia de que no había llegado a su casa en toda la noche y la preocupación se incrementó y volvió a ordenar que salgan varios grupos de emergencia en búsqueda de Johnny.
Día tras día, el grupo rastreó el desierto en busca de Johnny, la esperanza se desvanecía con cada puesta de sol, pero no se rindieron, sabían que Johnny era fuerte y astuto, pero el desierto era un enemigo implacable.
El miedo se apoderó de los buscadores.

- ¿Había sido atacado por una bestia? ¿un oso quizás?
- ¿Alguien lo había emboscado?

Los familiares se hacían muchas preguntas, las que quedaban sin respuestas.
No había señales claras de lucha, pero el bosque guardaba sus propios secretos.
Lo buscaron por el desierto y por la playa y llegaron al pueblo y no lo encontraron,
hasta que al hermano menor de Johnny se le ocurrió seguir la ruta de la montaña que llevaba hacía la zona de los roedores conocidos como: perritos de la pradera, estos roedores cavan largas galerías en los desiertos y praderas donde muchas veces los caballos se rompen las piernas y tienen que ser sacrificados para que no sufran.

- ¿Había sido atacado por una bestia? ¿un oso quizás?
- ¿Alguien lo había emboscado?
- ¿Quizás lo habían secuestrado?

Los familiares se hacían muchas preguntas, las que quedaban sin respuestas.
No había señales claras de lucha, pero el bosque guardaba sus propios secretos.
Los jinetes intercambiaron miradas preocupadas, uno de ellos, el viejo Tomás, hombre de mucha sapiencia aconsejo tener paciencia.
- No desesperen, tranquilos y sigamos buscándolo.

Johnny tuvo que haber seguido a pie.
Guiados por la intuición y la experiencia, siguieron el rastro.
La tierra húmeda revelaba huellas desiguales, como si Johnny hubiera caminado con dificultad, más adelante, encontraron un pañuelo enredado en una rama espinosa.
Era de él.
- ¡Sigue vivo!

Exclamó Miguel, su mejor amigo, pero el alivio duró poco.
Más adelante, las huellas desaparecían abruptamente, como si se lo hubiera tragado la tierra.
Cerca de un viejo roble, hallaron algo que heló su sangre: un cuchillo enterrado en el suelo y marcas de arrastre.
- Alguien lo ha atacado y se lo a llevado…

Dijo Tomás, con voz grave.
La brisa nocturna agitó las ramas del bosque, como si la propia naturaleza quisiera advertirles del peligro. Johnny estaba en algún lugar, herido o prisionero… y no estaban solos.
Finalmente, después de días de búsqueda, encontraron a Johnny. Estaba débil y deshidratado, pero vivo., lo llevaron de vuelta al oasis, donde su amada lo esperaba con lágrimas en los ojos.
Johnny se recuperó rápidamente, rodeado del amor de su novia y el apoyo de sus amigos y familiares.
Aprendió una valiosa lección sobre los peligros del desierto y la importancia de la precaución.
A partir de ese día, Johnny se volvió más cauteloso al cruzar el desierto.
Siempre viajaba acompañado y tomaba todas las precauciones necesarias.
Pero su amor por su novia no disminuyó, al contrario, se fortaleció aún más, sabiendo que su corazón siempre lo guiaría de vuelta a ella, sin importar los obstáculos y no quisieron volver a pasar por este tipo de contratiempos, así que decidieron casarse lo mas rápido posible y para reunirse de por vida, vivir juntos y hasta que Dios quiera y solo la muerte los podrá separar.

sábado, 1 de junio de 2024

El árbol de los problemas

  El árbol de los problemas


Cuentos cortos


Un granjero contrató a un carpintero para hacer unos arreglos en la vieja casona, puertas, escaleras y tejado y en el granero, en las rejas y corrales que ya por antiguas necesitaban ser reparadas y pintadas.
Muy puntual en la mañana comenzó su trabajo, fue un duro primer día, tuvo algunos problemas, su sierra eléctrica se daño y ahora al retirarse, su viaja camioneta no arrancaba, se irritó in poco; le ofrecí llevarlo al pueblo, ya que necesitaba hacer algunas compras, me acepto muy agradecido.
Viajamos en silencio y al llegar me invitó a conocer a su familia, bajamos caminamos rumbo a la puerta, pero a medio camino había un árbol y se detuvo, se acercó al pequeño árbol y con las manos poco las puntas de las ramas, después seguimos rumbo hacía la puerta de la casa, cuando de pronto se abrió la puerta y ocurrió una sorprendente transformación, su cara estaba plena de felicidad, alegría y sonrisas, abrazó a sus dos pequeños hijos, le dio un beso a su esposa, me los presentó y luego me despedí, el carpintero me acompaño hasta el auto y cuando pasamos cerca del árbol y con mucha curiosidad el pregunté porque había tocado las puntas de las ramas del árbol y me contestó:
- Ah, ese es  es el árbol donde dejo los problemas.
- Se que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura, ellos no pertenecen a la casa ni a mi esposa, ni a mis hijos, así que al llegar, simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa, después al salir, al día siguiente para el trabajo los recojo otra vez y continuo mi día, lo divertido es que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

Anónimo