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lunes, 24 de marzo de 2025

La joya del desierto

 La joya del desierto

Cuentos y relatos de Antonio Encinas Carranza

Hace mucho tiempo un grupo de beduinos asaltaron a una caravana que llevaba un gran tesoro que contenía piedras preciosas y barras de oro y tras un feroz combate, y después que les pusieron una brava resistencia, los dominaron y mataron a todos los miembros de la caravana, sin dejar testigos, robaron el tesoro y huyeron con rumbo desconocido.
Los hombres de la caravana, al verse atacada, ofrecieron resistencia, pero los beduinos eran guerreros experimentados y, tras un feroz combate, lograron acabar con todos los miembros de la caravana, sin dejar testigos y con el botín en sus manos, huyeron hacia lo más profundo del desierto, siguiendo un rumbo desconocido.
Temerosos de ser descubiertos y de perder su recién adquirido tesoro de oro y piedras preciosas, los beduinos tomaron la decisión de esconderlo en un lugar secreto del desierto, después que lo trasladaron, cavaron un hoyo cerca a unos cactus inmensos, echaron el tesoro y sellaron el lugar con el propósito de volver a recuperarlo cuando el peligro hubiera pasado. 
El lugar que habían escogido los beduinos era un lugar desconocido del desierto, lejos de las rutas que seguían las caravanas, era desconocido hasta para ellos mismos y ante el temor de ser descubiertos y que lo perdieran todo, pero era tan seguro que ellos mismos se olvidaron del lugar donde lo escondieron y por mas que lo buscaron, nunca lo encontraron, tal acción ocurrió hace mucho tiempo.
No obstante, la fortuna nunca estuvo de su lado, cuando las autoridades locales, al enterarse del ataque y el saqueo, organizaron una expedición para perseguirlos y capturar a los delincuentes, lo hicieron por días y noches sin descanso hasta finalmente dar con ellos y en un último enfrentamiento fueron capturados, los asaltantes fueron capturados y ajusticiados sin piedad, acusados de asesinato y robo.

El tesoro quedó oculto en las arenas del desierto y perdido en el tiempo, enterrado bajo siglos de tormentas de arena y olvidado por la historia. 
Pero las leyendas sobre él nunca desaparecieron, los viajeros y nómadas hablaban en voz baja de un tesoro maldito, esperando a ser hallado por alguien lo suficientemente audaz o lo suficientemente desesperado para desafiar el implacable desierto en su búsqueda.
Muchos intentaron encontrarlo, se organizaron muchas expediciones pero todos fracasaron.
El tesoro, sin embargo, se convirtió en una carga peligrosa. Temerosos de ser descubiertos y de perder su recién adquirido oro y piedras preciosas, los beduinos tomaron la decisión de esconderlo en un lugar secreto del desierto, tan bien oculto que ni siquiera ellos mismos podrían encontrarlo fácilmente. Sellaron su tesoro con el propósito de volver a recuperarlo cuando el peligro hubiera pasado.
El tesoro quedó oculto y perdido en el tiempo y en las arenas del desierto, quedó  enterrado bajo siglos de tormentas, toneladas de arena y olvidado por la historia. 
Pero las leyendas sobre él tesoro nunca desaparecieron. 
Los viajeros y nómadas hablaban en voz baja de un tesoro maldito escondido en algún lugar del desierto, esperando a ser hallado por alguien lo suficientemente audaz o lo suficientemente desesperado para desafiar el implacable clima del desierto en su búsqueda del maldito desierto.
Un nuevo aventurero llegó a la región, este era de la región, guiado por un antiguo manuscrito que parece indicar la ubicación del tesoro perdido, su nombre es Malik, originario, un aventurero de espíritu indomable, dispuesto a desafiar las arenas y los peligros del desierto en busca de la riqueza que ha eludido a tantos. Pero Malik no es el único tras la pista del tesoro.

Bajo el sol abrasador, Malik recorrió las dunas montado en su camello, con el pergamino bien guardado en su túnica. Sabía que el manuscrito no contenía un mapa exacto, sino una serie de pistas crípticas que debía descifrar. El primer paso lo llevaría a un antiguo oasis, un lugar mencionado en la leyenda donde los beduinos habían descansado tras esconder el tesoro.

Al llegar al oasis, solo encontró ruinas y restos de una antigua aldea devorada por la arena. Se dispuso a investigar, pero no estaba solo. En la distancia, una sombra se movía entre las rocas. Malik se llevó la mano a la empuñadura de su daga, sabiendo que la verdadera aventura apenas comenzaba...

Así pasaron algunos siglos y el tesoro permaneció enterrado bajo la ardiente arena del desierto y en ese mismo lugar se formó un hermoso ojo de agua que parecía un espejismo, era el mas hermoso oasis del desierto y estaba rodeado de altas palmeras que parecían sus pestañas.

Un nuevo viajero ha llegado a la región, guiado por un antiguo manuscrito que parece indicar la ubicación del tesoro perdido. Su nombre es Malik, un aventurero de espíritu indomable, dispuesto a desafiar las arenas y los peligros del desierto en busca de la riqueza que ha eludido a tantos. Pero Malik no es el único tras la pista del tesoro.

Bajo el sol abrasador, Malik recorrió las dunas montado en su camello, con el pergamino bien guardado en su túnica. Sabía que el manuscrito no contenía un mapa exacto, sino una serie de pistas crípticas que debía descifrar. El primer paso lo llevaría a un antiguo oasis, un lugar mencionado en la leyenda donde los beduinos habían descansado tras esconder el tesoro.

Al llegar al oasis, solo encontró ruinas y restos de una antigua aldea devorada por la arena. Se dispuso a investigar, pero no estaba solo. En la distancia, una sombra se movía entre las rocas. Malik se llevó la mano a la empuñadura de su daga, sabiendo que la verdadera aventura apenas comenzaba...

De pronto, una figura emergió de entre las sombras: un hombre envuelto en un manto oscuro, con los ojos encendidos por la avaricia y la determinación. "Has llegado lejos, viajero", dijo con una sonrisa torcida. "Pero el tesoro no es para ti".

Un violento combate se desató en medio de las ruinas del oasis. Malik esquivó un golpe de cimitarra y contraatacó con su daga, hiriendo a su atacante. Pero antes de que pudiera asestar un golpe final, más figuras emergieron de las dunas: cazadores de tesoros y mercenarios, todos con la misma meta en mente. El oasis se convirtió en un campo de batalla, con el eco del acero chocando contra el acero y el fuego de las antorchas iluminando la noche.

En medio del caos, Malik descubrió una entrada secreta bajo una losa de piedra. Con el corazón latiendo con fuerza, descendió a una caverna oculta, donde encontró un antiguo santuario beduino. Y allí, en el centro de la cueva, descansaba el tesoro perdido, resplandeciendo bajo la tenue luz de una lámpara de aceite.

Pero el destino tenía otros planes. Al tocar las reliquias, un mecanismo ancestral se activó. El suelo tembló y la cueva comenzó a derrumbarse. Malik corrió con todas sus fuerzas, sujetando solo una pequeña pero valiosa joya como prueba de su hallazgo. 
La arena se tragó la caverna y, con ella, el tesoro que durante siglos había permanecido oculto.

Al amanecer, Malik emergió de las ruinas, cubierto de polvo y con el sol iluminando su camino. Aunque no había conseguido el tesoro en su totalidad, llevaba consigo algo aún más valioso: la certeza de haber vivido la mayor aventura de su vida.
Algunas versiones decían que el tesoro estaba bajo el oasis, pero los mapas que se encontraron decían que el tesoro se encontraba a 150 pasos hacía el oeste del oasis.
Tan bien oculto estaba que ni siquiera ellos mismos, podrían encontrarlo fácilmente. 
Era un lugar de paso de las largas caravanas de camellos de los desiertos que llevaban mercadería y productos para vender o intercambiar y en los oasis descansaban, tendían sus carpas y pasaban la noche y parte del día, muchas veces bajo las tormentas de arena que arrastraban los vientos y otras veces bajo los rayos calcinantes del Sol de los desiertos.

Cerca al oasis donde se en
terró el tesoro descansaba el beduino o nómada Mohammad al Assad y sus camellos y levantaba sus tiendas y en medio preparaban una fogata con trozos de ramas caídas de los árboles y que iban recogiendo en el camino y con la leña encendían una fogata donde hervía agua y preparaba un delicioso café aromático, cuyo aroma se sentía a larga distancia.
Fue en uno de esos viajes de beduinos con sus caravanas que llegaban con su mercadería que vendían en los pueblos y después de acampar cerca del oasis, se murió uno de sus camellos y Mohammad al Assad cavó un hoyo en la arena para enterrarlo y se dio con una gran sorpresa al encontrar el tesoro, sorprendido miro para todo lado y como no había nadie recogió todo el tesoro y lo guardo entre sus bultos y se marchó rápidamente y se olvidó del camello que lo dejó sin enterrar y al alcance de los buitres del desierto.
Los buitres y sus hábitos alimenticios mantienen la higiene de los ecosistemas y se comen la carroña, alimentándose de animales recientemente muertos. 
Al consumir rápidamente fragmentos de carne y huesos en descomposición y antes de que se pudran, los buitres ayudan a prevenir el crecimiento de patógenos peligrosos.
El tesoro beduino, una vez más, había desaparecido en la eternidad del desierto, esperando a su próximo buscador.
Mohammad al Assad, cruzó todo el Sahara y llegó a El Cairo, totalmente en silencio y después de encontrar alojamiento en el hogar de un pariente lejano para el y sus camellos, le pidió al pariente que lo acompañara a la mezquita El Alabastro, la que fue construida por Saladino, cuando era Sultán de Egipto.

Antonio Encinas Carranza

martes, 25 de febrero de 2025

El jinete del desierto (Relato)

  El jinete del desierto


Cuento corto de Antonio Encinas Carranza


Johnny Gibson, era un ganadero y también un hábil jinete, conocía a los caballos y a cada rincón del valle, los bosques y el desierto que rodeaban su hogar y su granja, Johnny era dueño de una inmensa propiedad donde criaba ganado vacuno y algunos caballos.
Su granja, estaba ubicada en las afueras del pueblo, donde pasaba todo el día y era proveedor de carne para varios clientes, entre los que estaban la cadena de tiendas Walmart, los mercados de varios pueblos cercanos y al cuartel del ejercito que estaba cerca a su granja.
Su ganado era su orgullo, pero su corazón latía por una bella jovencita que vivía al otro lado del desierto que estaba al final del valle, en el había un pequeño oasis rodeado de palmeras y flores silvestres, allí vivía el amor de su vida, su hermosa novia, la distancia entre ellos era un desafío constante, pero su amor era más fuerte que cualquier obstáculo, por tal motivo lo conocían como el "Jinete del desierto".
Para llegar a la cabaña de sus amada, el jinete tenía que cruzar el desierto desolado y ardiente donde en el día la temperatura pasaba los 40 grados centígrados.
En las tardes en aquel lejano desierto el silencio reinaba y la Luna alumbraba tenuemente en medio del cielo azul oscuro y cada vez que lo recorría a lo lejos se escuchaba la melodía pegajosa que el jinete entonaba cada vez que retornaba a su casa después de ver a su querida, a su novia, con la que algún día tendría que compartir su vida, después de cumplir con ciertas exigencias.
Un día al terminar la jornada, Johnny se aventuró a cruzar el desierto para visitar a su amada, Johnny era un hombre rudo, de campo, curtido por el sol y el trabajo duro y esa tarde cruzó el desierto, iba algo distraído entonando una canción, mientras que la Luna que comenzaba a asomar alumbraba tenuemente el paraje que parecía un paisaje lunar y la imagen del jinete parecía lejana y su sombra se reflejaba alargada en el paisaje, sin embargo, en medio del vasto desierto, Johnny se desorientó y se desvió del camino que siempre recorría y que lo conocía perfectamente, pero la idea de verla nuevamente lo impulsaba a seguir adelante.
La arena se extendía interminable, todo era silencio y bajo la tenue luz de la Luna, iba cantando una tonada lanzada al viento y el ruido de los pasos del trote sereno del alazán brioso se escuchaban a distancia, todo iba bien y no habían temores ni sentimientos extraños, el viaje era largo y peligroso, pero Johnny lo conocía a la perfección y la idea de verla lo impulsaba a seguir adelante, sin embargo, en medio del vasto desierto, Johnny se desorientó y tomó un camino que no conocía, un camino equivocado y ya había recorrido un buen trecho cuando de pronto el caballo trastabilló y cayó de rodillas al suelo y el jinete soltó las riendas y cayó al piso asustado y golpeado del trancazo que se dio.
El caballo no se pudo levantar por mas que lo intentó y el jinete pálido y golpeado al levantarse miró para todos los lados buscando una salida al problema, el caballo había metido una de sus patas en un hoyo cavado por los roedores y el jinete cayó de bruces al piso y quedó todo adolorido y algo mareado, no pudo levantarse y se arrastró hasta una roca donde se sentó, mas allá había un grupo de cactus y a lo lejos la sombra de unas montañas y detrás de las montañas el mar, su casa y su ganado.
La zona estaba llena de hoyos, era una zona de roedores, había una infinidad de hoyos que los roedores cavan y forman galerías, es el mayor peligro en el desierto para los caballos porque terminan rompiéndose las patas o cañas.
Algo así le pasó al caballo, se había roto una de las patas delanteras y era imposible seguir adelante, había que sacrificarlo, pero y después que hacía el jinete sin su cabalgadura, solo sabía que tenía que seguir la ruta hacía las montañas que estaban al final del camino que originalmente estaba siguiendo, mientras tanto saco su rifle y le disparó al caballo matándolo en el instante, el ruido asustó a unas aves que alborotadas salieron volando.
Mientras tanto, en el oasis, su novia lo esperaba con impaciencia y al ver que Johnny no llegaba, el miedo comenzó a invadir su corazón, preocupada, reunió a sus amigos y familiares y les contó lo sucedido y organizaron una expedición de búsqueda.
Al día siguiente en su casa-granja a su gente les extrañaba la demora de Johnny y también decidieron salir a buscarlo, se formaron 2 grupos, uno salió rumbo al desierto y el otro siguió el camino del mar que llevaba hacía el Cuartel del Ejercito y el pueblo mas cercano, este grupo llegó al pueblo y preguntaron en el cuartel y no encontraron respuestas positiva.
El otro grupo que salió rumbo al desierto tomando la ruta normal porque creyeron que por esa ruta lo iban a encontrar fácilmente, sin pensar que esa no fue la ruta que había tomado Johnny y llegaron a la casa de Eloyse que estaba preocupada por que lo estaba esperando y sus familiares que habían organizado una expedición de búsqueda tampoco lo habían encontrado.
Ella se quedo desconsolada con la noticia de que no había llegado a su casa en toda la noche y la preocupación se incrementó y volvió a ordenar que salgan varios grupos de emergencia en búsqueda de Johnny.
Día tras día, el grupo rastreó el desierto en busca de Johnny, la esperanza se desvanecía con cada puesta de sol, pero no se rindieron, sabían que Johnny era fuerte y astuto, pero el desierto era un enemigo implacable.
El miedo se apoderó de los buscadores.

- ¿Había sido atacado por una bestia? ¿un oso quizás?
- ¿Alguien lo había emboscado?

Los familiares se hacían muchas preguntas, las que quedaban sin respuestas.
No había señales claras de lucha, pero el bosque guardaba sus propios secretos.
Lo buscaron por el desierto y por la playa y llegaron al pueblo y no lo encontraron,
hasta que al hermano menor de Johnny se le ocurrió seguir la ruta de la montaña que llevaba hacía la zona de los roedores conocidos como: perritos de la pradera, estos roedores cavan largas galerías en los desiertos y praderas donde muchas veces los caballos se rompen las piernas y tienen que ser sacrificados para que no sufran.

- ¿Había sido atacado por una bestia? ¿un oso quizás?
- ¿Alguien lo había emboscado?
- ¿Quizás lo habían secuestrado?

Los familiares se hacían muchas preguntas, las que quedaban sin respuestas.
No había señales claras de lucha, pero el bosque guardaba sus propios secretos.
Los jinetes intercambiaron miradas preocupadas, uno de ellos, el viejo Tomás, hombre de mucha sapiencia aconsejo tener paciencia.
- No desesperen, tranquilos y sigamos buscándolo.

Johnny tuvo que haber seguido a pie.
Guiados por la intuición y la experiencia, siguieron el rastro.
La tierra húmeda revelaba huellas desiguales, como si Johnny hubiera caminado con dificultad, más adelante, encontraron un pañuelo enredado en una rama espinosa.
Era de él.
- ¡Sigue vivo!

Exclamó Miguel, su mejor amigo, pero el alivio duró poco.
Más adelante, las huellas desaparecían abruptamente, como si se lo hubiera tragado la tierra.
Cerca de un viejo roble, hallaron algo que heló su sangre: un cuchillo enterrado en el suelo y marcas de arrastre.
- Alguien lo ha atacado y se lo a llevado…

Dijo Tomás, con voz grave.
La brisa nocturna agitó las ramas del bosque, como si la propia naturaleza quisiera advertirles del peligro. Johnny estaba en algún lugar, herido o prisionero… y no estaban solos.
Finalmente, después de días de búsqueda, encontraron a Johnny. Estaba débil y deshidratado, pero vivo., lo llevaron de vuelta al oasis, donde su amada lo esperaba con lágrimas en los ojos.
Johnny se recuperó rápidamente, rodeado del amor de su novia y el apoyo de sus amigos y familiares.
Aprendió una valiosa lección sobre los peligros del desierto y la importancia de la precaución.
A partir de ese día, Johnny se volvió más cauteloso al cruzar el desierto.
Siempre viajaba acompañado y tomaba todas las precauciones necesarias.
Pero su amor por su novia no disminuyó, al contrario, se fortaleció aún más, sabiendo que su corazón siempre lo guiaría de vuelta a ella, sin importar los obstáculos y no quisieron volver a pasar por este tipo de contratiempos, así que decidieron casarse lo mas rápido posible y para reunirse de por vida, vivir juntos y hasta que Dios quiera y solo la muerte los podrá separar.

lunes, 3 de abril de 2023

Viaje a la Huacachina

  Relatos de un viajero: La Huacachina


Un viaje al sur

Viaje al sur: La Huacachina

Un domingo en la mañana invite a Anita a tomar desayuno en Lurín, distrito de Lima, a 40 km. al sur, a la entrada de Lurín, era una promesa y había que cumplirla, asi que no esperaba una negativa.
- ¿Anita vamos a tomar desayuno a Lurín?
- Ya, pero esperame un minuto.
- No hay proble, te espero hasta 2 minutos.
Estaba todo conforme y partimos temprano tomamos la carretera que va al sur hasta el desvío, salimos de la carratera por un by pass, subimos al puente Lurín e ingresamos a la pista que lleva a los antiguos restaurantes, en el camino pasamos por delante del Cementerio Parque del Recuerdo donde se encuetra el mausoleo de mi madre Luisa Carranza Q.E.P.D. mas adelante se divisan los restos arqueológicos del Templo Inca de Pachacamac y algunos metros mas allá hay una serie de locales que venden desayunos con tamales, chicharrones y todo para tomar esos ricos desayunos tradicionales típicos limeños, que uno lo toma compañado con un café bien cargadito y bueno, al terminar salimos rumbo a la carretera y a Lima se ha dicho, pero se me ocurrió decirle algo a mi compañera de viaje:
- ¿Anita vamos a Pisco?
Así de repente, sorpresivamente y Anita aceptó, así que cambiamos la ruta, di media vuelta y no fuimos al sur, pasamos las entradas a los balnearios tan conocidos como Santa María, San Bartolo, Punta Hermosa, Pucusana, Asia y tantos otros, luego la ciudad de las frutas, especialmente la manzana: Mala, después pasamos por San Antonio, Cañete, Chincha y de ahí hacia la derecha tomamos la pista hacia Pisco, pasamos Pisco y unos metros mas allá, casí al medio día llegamos al puerto de San Andrés, justo para almorzar, había una hermosa playa y con tan lindo paisaje marino bajamos a comer, hay varios restaurantes típicos, todos ofrecían comidas a base de pescado y platos propios de la zona, salvo el cebiche que se encuentra en todos los confines del Perú, al frente estaba el mar, el muelle de pescadores y algunas embarcaciones balanceandoce perezozamente al ritmo de la marea.
Estacioné el auto y bajamos, no squedamos un buen rato observando el paisaje y luego escogimos un buen lugar para almorzar, una vez elegido, entramos, vimos la pizarra donde están anotados todos los platos del día, escogimos y pedimos bistec de 7 sabores, no demoraron mucho por lo que nos quedamos sorprendidos, nos sirvieron al momento, almorzamos y al final le preguntamos a la joven que nos atendió que pescado era y me contestó que era tortuga marina, nos indignamos porque sabíamos que la tortuga marina está en peligro de extinción, salvo que tengan un criadero especial, pero no, era sacado del mar, contribuyendo con la desaparición de dicha especie".
Al día siguinete salimos de Pisco, la ciudad donde se creó el "pisco" peruano, un aguardiente fino de sabor delicado, hecho de uva y que crea la envidia de otros productores extranjeros; enrumbamos hacia Ica, atrás habíamos dejado la ciudad de Chincha, tierra de insignes afroperuanos, grandes deportistas e importantes músicos.
Llegamos a Ocucaje, gran viñedo y bodega de una de las marcas de vinos y piscos más importantes de Ica y del Perú, pasamos y luego en pocos minutos arribamos a la ciudad de Ica, almuerzo y descanso y al día siguiente, después del desayuno, salimos temprano para conocer el oasis más bello y fresco del mundo: Huacachina, a los 5 minutos ya estábamos dentro del desierto de Paracas y 10 minutos mas tarde y después de cruzar el desierto, donde solo arena se divisaba por los 4 costados, por fin observamos a lo lejos ese hermoso ojo de agua llamado Huacachina, es bellísimo, es llamado el Oasis más lindo del Mundo, nos quedamos toda la mañana paseando por las veredas de la orilla y viendo a lo lejos a los turistas deslizándose por las arenas de las dunas cercanas, de pronto pasó un carrito tubular levantando nubes de arena tras su paso a mediana velocidad, que emocionante espectáculo, antes del mediodía arrancamos para la salida y al llegar al cruce tomamos la ruta de regreso a Lima, llegando como a las 6 de la tarde después de haber almorzado en el camino".
Deslizarse en sus arenas, aventuras en el desierto, carros areneros, sandboard (descensos en la arena en tablas especiales) y los carros tubulares llamados Buggies, a solo 30 minutos de la ciudad de Ica es otra cosa.
Autor. Antonio Encinas Carranza
D. R. (Copyright)


Huacachina