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domingo, 23 de marzo de 2025

La Dama de blanco y el lobo gris

 La Dama de blanco y el lobo gris


Ese día había una hermosa Luna llena que dio luz a una bella noche de plenilunio, a su alrededor una corte de estrellas tintineantes la rodeaba, todo era paz en el cielo y sus alrededores y también en la extensa y oscura pradera.
De pronto y en medio del silencio se escuchó un gran ruido y la gente salió a su ventana sorprendidos por una explosión o quizás un trueno que abrió el telón del tiempo y vieron a un gran lobo gris claro, casi blanco, caminando lentamente con la cabeza gacha, los ojos apagados y con el hocico abierto, con la lengua afuera, babeando y arrastrando la cola en señal de temor, como hacen todos los cánidos: perros, zorros, dingos, coyotes, chacales, entre otros.
El lobo le tenía miedo a la Luna llena, porque esta la obligaba a aullar y rendirle pleitesía y en las noches oscuras cuando la luna salía se escuchaban los aullidos de los lobos y porque se creó una leyenda que decía que la Luna le había robado la sombra al lobo gris 
y la gente temerosa cerraban sus puertas con trancas y evitaban salir de sus casas por temor a que el lobo sin sombra pasara por allí y los atacara.
Cuenta una vieja leyenda que en ciertas noches cuando la oscuridad era mas negra aparecía una joven vestida con ropas largas, blancas, con ribetes dorados y cabello largo y dorado y caminaba al costado de un lobo gris, casi blanco, adulto y majestuoso el, y ella iba tocándole el lomo con una mano y parecía que el lobo gris se tranquilizaba, se calmaba y caminaba lentamente al paso de la joven de blanco y con la cabeza gacha.
Aquella noche, el lobo sin sombra avanzó por la pradera, sus huellas eran livianas, casi inexistentes, que se disipaban rápidamente, ya no lo seguían, ahora se había convertido en el lobo gris, casi blanco, que había perdido su sombra y sus huellas, era como un lobo fantasma. 
El resplandor plateado de la Luna lo perseguía, iluminando su piel clara y dejando tras de sí solo un rastro de misterio y temor que se mantenía en al aire y que el viento arrastraba, dejando rastro en el tiempo y que el viento arrastraba y la gente se espantaba cuando sentía el olor al lobo gris claro casi blanco que dicen que se alimentaba de carne humana.
Dicen que aquel lobo errante busca recuperar lo que le fue arrebatado, que aúlla no solo por instinto, sino también por desesperación.
Pero nadie sabe cómo podría romper la maldición que lo condena a vagar sin sombra, siempre temeroso de la luz lunar.
Los ancianos del pueblo cuentan que solo en el corazón del bosque, donde la Luna no penetra y las sombras aún reinan, el lobo podría encontrar la respuesta si leyera los escritos antiguos que guardan de alguna secta maldita, pero nadie ha sido lo suficientemente valiente para seguir su rastro y descubrir la verdad sobre el lobo sin sombra.
El lobo de color gris claro, casi blanco y hocico puntiagudo; el temido depredador de las praderas, se había alejado de su manada para seguirle el paso a la Luna y esperando que esta le devolviera su sombra.
Una de esas noches oscuras se le cruzó al lobo gris sin sombra, una joven de cabellos dorados y vestido blanco, con una lampara que usaba para alumbrase en los caminos y al verlo de cerca se espantó y corrió asustada hacía una casa abandonada, pero en el camino se resbaló y la lampara que llevaba en la mano voló por los aires, al volar la lampara ingresó por la ventana que estaba abierta y se rompió al caer al suelo y el combustible se desparramó por toda la habitación y el fuego se extendió por toda la casa, la dama de blanco lanzó un hechizo y aparecieron varias nubes negras y comenzó a llover copiosamente y apagaron el fuego, l
a Dama de Blanco siguió su camino buscando la sombra del lobo gris de la pradera y al llegar a su guarida, el lobo gris le rindió pleitesía bajando la cabeza y rodeándola amorosamente y la dama le pidió que le contara cuales eran sus plegarias.
La Dama de Blanco le prometió que volvería para seguir buscando, luego se despidió y subió al cielo en una nube blanca y se colocó en el espacio que le correspondía, se quitó las ropas y su fosforescencia aumentó y alumbró toda la noche hasta que apareció el Sol y ocupó su lugar.
Era la hermosa Luna el satélite de la Tierra y la enamorada del Sol, que se encarnaba y bajaba a la pradera cada vez que aparecía el lobo gris buscando su sombra y el lobo gris se quedó solo en la pradera, con la mirada fija en el cielo donde la Dama de Blanco había desaparecido. 
El lobo sabía que volvería, pero la esperanza era larga y cruel, mientras que el no podía unirse a su manada, pues sin sombra no era uno de ellos e iba a ser rechazado por su manada, tampoco podía cazar como antes, pues sus presas veían su extraña silueta sin sombra y huían aterrorizadas, era un desterrado y estaba condenado a vagar entre la hierba alta, siempre siguiendo la luz de la Luna, esperando recuperar aquello que le había sido negado.
Una noche, mientras caminaba entre los árboles de un bosque cercano, escuchó una voz profunda y áspera que lo sorprendió y que le comentó.

- Tu sombra está atrapada entre este mundo y el otro y solo aquel que desafíe a la Luna podrá liberar a tu sombra, pero también puede ser que la omnímoda benevolencia a la Luna de la que debes rendir pleitesía te conceda la gracia de su bondad y te devuelva la sombra que perdiste por ser tan descortés.
El lobo amargado gruñó mal humorado y giró la cabeza en todas direcciones, negando todo lo que había escuchado.

- ¿Quién eres? 
Preguntó con un aullido bajo, pero no recibió respuesta y todo quedo en silencio.
poco tiempo después del interior del bosque emergió una figura encorvada, con una túnica negra y una larga vara de madera retorcida, sus ojos brillaban como ascuas bajo la lóbrega  y tenebrosa oscuridad y se manifestó.

- Soy el Guardián de las Sombras.
Dijo el anciano con una sonrisa enigmática.

- Yo sé cómo recuperar lo que has perdido.
El lobo sintió un escalofrío recorrerle el lomo y pensó en un posible engaño.

-  ¿Sería esto un truco? 
- ¿Podría confiar en aquel extraño? 
Pero no tenía opción, si había una forma de recuperar su sombra, debía intentarlo sin pensarlo 2 veces y aceptar cualquier opción, porque no quería quedarse sin sombra toda la vida.

- ¿Cómo me podrías ayudar?
El anciano levantó su vara y dibujó un círculo en la tierra con movimientos lentos, al instante, el suelo pareció abrirse como un espejo de agua oscura y una visión apareció en la superficie: la sombra del lobo gris, la que estaba atrapada entre las manchas de la Luna, allí mismo la que desde la tierra buscamos el significado de las manchas, allí la Luna la mantenía prisionera.

- Pero para recuperarla  debes desafiar a la Dama de Blanco. 
- Pero cuidado… ella nunca devuelve lo que toma sin ante cobrar un precio alto.
Comentó el Guardián con su voz áspera y el lobo gris alzó la cabeza hacia el cielo y vio que la Luna brillaba con su luz hipnótica, hermosa y cruel a la vez.
El lobo gris no dudó más, sabía que no podía seguir viviendo sin su sombra, esto lo convertía en un alma errante sin destino.

—Dime, Guardián de las Sombras, ¿cómo puedo desafiar a la Luna y recuperar mi sombra?
El anciano lo miró fijamente y golpeó el suelo con su vara y el reflejo del agua oscura en el círculo comenzó a distorsionarse hasta formar la imagen de una montaña de roca negra, donde se mostraba a la Luna con sus manchas y que muchas veces son interpretadas por los terrestres de diferentes maneras según sus regiones:
- unos dice que se parecen a San Jorge y su lanza enfrentando a un dragón, 
- otros dicen que se parecen a un hombre que carga un haz de leña sobre su espalda, la cual fue robada por la noche, hay otras versiones que salieron de otras regiones.

- Debes viajar a la Montaña de la Noche Eterna, donde la luz de la Luna no puede alcanzarte, s
olo allí su poder se debilita y podrás hablar con ella sin que te someta 
Explicó el Guardián, 
- Pero debes buscar tu mismo el camino que te va a conducir a tu sombra.

El lobo gruñó, decidido, no importaban los peligros, estaba dispuesto a enfrentarlos, total, era su sombra y decidido emprendió el largo camino.
La travesía fue ardua, atravesó ríos caudalosos, valles envueltos en niebla y bosques donde los árboles parecían castigarlo con sus largas ramas. 
En el camino se encontró criaturas nocturnas que lo acechaban, pues sabían que era un lobo sin sombra, y eso lo hacía débil y fácil de atacar, pues no opondría resistencia.
Una noche, al cruzar un sendero de piedras, un aullido rompió el silencio. 
Desde la cima de una colina, tres lobos de pelaje oscuro lo observaban con ojos brillantes y desafiantes, eran los Lobos de la Penumbra, guardianes del umbral entre el mundo de los vivos y los muertos.

- Eres un intruso y estás invadiendo  territorios vedados para los seres vivos.
Gruñó uno de ellos, mostrando los colmillos filosos y sangrantes.

- Tu no perteneces ni a la luz ni a la oscuridad.
Los Lobos de la Penumbra se miraron entre sí y finalmente, el más grande de ellos habló:

- Si deseas cruzar, debes responder a nuestras preguntas:
El lobo gris asentado, estaba dispuesto a todo con tal de recuperar su sombra.

- ¡Escucha bien!
Dijo el guardián: 

- Soy el jefe de la manada de Los Lobos de la Penumbra.
- Dime por que te has atrevido a llegar has aquí.

Las nubes se arremolinaron mientras esperaban la respuesta.
Después de varios segundos en que el cielo se encapotó, las estrellas se apagaron y se escucharon a las trompetas que lanzaban sonidos de tormentas apareció la Dama de Blanco, con su figura serena y le preguntó:

- ¡A que has venido?
Contestole el Lobo gris

- Quiero mi sombra de vuelta.
La Dama de Blanco le preguntó

- ¿Sabes por qué la tomé? 
El lobo gris se sintió mal.  

- No lo se pero estoy dispuesto a . . .
La Dama de Blanco alzó una mano y, desde el cielo, la sombra del lobo descendió lentamente, fusionándose con el cuerpo del lobo gris.
En ese instante, un torrente de memorias olvidadas golpea la mente del lobo y recordó que una vez no fue así, recordó que en tiempo lejano, habìa sido humano.