Mostrando entradas con la etiqueta Templo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Templo. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de septiembre de 2024

Los Caballeros del Templo de Salomón, secretos y misterios

 Los Caballeros del Templo de Salomón, secretos y misterios

Libro de Antonio Encinas Carranza


Los Caballeros del Templo de Salomón, secretos y misterios: Los legendarios monjes guerreros (Spanish Edition) Tapa blanda – Texto grande, 13 Noviembre 2022


Orden de los Caballeros Pobres de Cristo y del Templo de Salomón o Los Caballeros de la Orden del Temple o Los Caballeros Templarios o simplemente los Templarios, orden monacal y militar que pasaron al anonimato y se llenaron de misterios y leyendas.
Los Caballeros del Templo de Salomón: 
sus secretos y misterios
El tesoro de los Templarios
Hugo de Payns, y los 8 caballeros franceses y la Piedra filosofal.

13 Cuentos cortos y 1 Monólogo apasionado

13 Cuentos cortos y 1 Monólogo apasionado

Libro de Antonio Encinas Carranza


13 Cuentos cortos y 1 Monólogo apasionado: Monólogo de un nombre enamorado y 13 cuentos cortos (Spanish Edition) Tapa blanda – Texto grande, 15 Septiembre 2023


Esta obra contiene 13 cuentos cortos de diferente tenor e historias sobre leyendas de barcos antiguos, otro sobre un naufrago, un policía de ronda nocturno, un conflicto bélico, una historia de ninfas y duendes, la sala de emergencias de un hospital, un pueblo pequeño del campo, un templo antiguo gótico, la historia de un huerfanito, y otro de una hermosa niña y por último un Monólogo de un hombre enamorado y apasionado, el tema esta dividido en varias partes para poder entenderlo mejor.
Son temas interesantes que pueden capturar al lector y que le parezcan muy cortos, pero eso es mejor a lecturas mas largas y que a veces terminan aburriendo al mismo y pierdan el sabor y al aburrirse pronto terminan abandonando el libro en cualquier lugar
Mi próxima obra será sobre poesía positiva.

domingo, 2 de junio de 2024

El Maestro Zen

 El Maestro Zen


Enseñanza Oriental


En una ocasión un alumno samurai desafió a su maestro zen a que le explicara la diferencia entre el cielo y el infierno, a lo que el monje respondió fríamente.

- Eres un patán, no puedo perder el tiempo con individuos como tú.
Herido en lo más profundo de su ser, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y dijo:

- Podría matarte por tu impertinencia.
- Eso es el infierno.
Dijo el monje con calma, desconcertando al samurai, que al percibir la verdad que le señalaba el maestro; el samurai guardó su espada y se inclinó agradeciendo al monje la enseñanza.

- Y eso es el cielo.
Añadió el monje.
Luego el alumno se acercó al anciano maestro para pedir disculpas, no eran momentos fáciles los que pasaban, eran tiempos dificiles.
El sabio maestro le aconsejó que tiene que aprender a vivir en todo momento sea fácil o dificil,

- Solo deshacete de lo que te molesta.
El joven retorno a su casa, miró por todos los lados, salió y caminó hacía el corral donde encontró a la vieja vaca y algunas aves de corral y se iluminó.

- La vieja vaca nos cuesta mucho en cuidarla y alimentarla.
Decidió venderla, obtuvo dinero y se olvido de las compras de heno y encima le quedó dinero que guardó.
Los alumnos de otra escuela zen de Tokio los retaban constantemente y al pasar por el local se paraban y los insultaban.

- Cobardes, holgazanes.
Pero el maestro zen les ordenaba que no hicieran caso, que solo eran unos bravucones, que mejor siguieran practicando y asi lo hacían, dandoles oido sordo a los insultos, asi como a las amenazas cuando los encontraban en la calle.
Los consejos del sabio maestro era de no hacer caso, porque era perder el tiempo y el tiempo es oro y hay que aprovecharlo
El maestro de estos jóvenes estudiantes belicosos solo era un guerrero, un soldado de las huestes del gobernador de la región.
Mientras que el maestro zen había pertenecido a los ejercitos del emperador, el era un samurai, un caballero guerrero que conocía todos los secretos de las artes marciales y de la vida y había alcanzado la Iluminación.
Cuando el maestro y sus alumnos belicosos acudieron al Templo a buscar pelea para demostrar quienes eran los mejores ingresaron violentamente, rompiendo los shojis  (biombos) que adornaban la entrada, el maestro zen se puso al centro y apartó a sus alumnos diciendoles que se calmaran, que no contesten a las agresiones.

- Dejenmelos a mi, ustedes solo obseven.
Asi fué, el maestro levantó los brazos y le indicó al lider que se acercara, quién lo hizó con vehemencia, el maestro giró medio cuerpo y los cogió de una manga, jalandoló mientras le ponía una zancadilla haciendoló caer, sin soltar el brazo de su contrincante dió media vuelta y lo aventó contra una pared golpendoló fuertemente, sus alumnos se acercaron y lo redearon para evitar que sea atacado por los demas alumnos del belicoso atacante quién avergozado se levanto con dificultad, sus alumnos los sostuvieron con los hombros y se alejaron seguido por los demas alumnos.
El maestro Zen

lunes, 3 de abril de 2023

Viaje a la Huacachina

  Relatos de un viajero: La Huacachina


Un viaje al sur

Viaje al sur: La Huacachina

Un domingo en la mañana invite a Anita a tomar desayuno en Lurín, distrito de Lima, a 40 km. al sur, a la entrada de Lurín, era una promesa y había que cumplirla, asi que no esperaba una negativa.
- ¿Anita vamos a tomar desayuno a Lurín?
- Ya, pero esperame un minuto.
- No hay proble, te espero hasta 2 minutos.
Estaba todo conforme y partimos temprano tomamos la carretera que va al sur hasta el desvío, salimos de la carratera por un by pass, subimos al puente Lurín e ingresamos a la pista que lleva a los antiguos restaurantes, en el camino pasamos por delante del Cementerio Parque del Recuerdo donde se encuetra el mausoleo de mi madre Luisa Carranza Q.E.P.D. mas adelante se divisan los restos arqueológicos del Templo Inca de Pachacamac y algunos metros mas allá hay una serie de locales que venden desayunos con tamales, chicharrones y todo para tomar esos ricos desayunos tradicionales típicos limeños, que uno lo toma compañado con un café bien cargadito y bueno, al terminar salimos rumbo a la carretera y a Lima se ha dicho, pero se me ocurrió decirle algo a mi compañera de viaje:
- ¿Anita vamos a Pisco?
Así de repente, sorpresivamente y Anita aceptó, así que cambiamos la ruta, di media vuelta y no fuimos al sur, pasamos las entradas a los balnearios tan conocidos como Santa María, San Bartolo, Punta Hermosa, Pucusana, Asia y tantos otros, luego la ciudad de las frutas, especialmente la manzana: Mala, después pasamos por San Antonio, Cañete, Chincha y de ahí hacia la derecha tomamos la pista hacia Pisco, pasamos Pisco y unos metros mas allá, casí al medio día llegamos al puerto de San Andrés, justo para almorzar, había una hermosa playa y con tan lindo paisaje marino bajamos a comer, hay varios restaurantes típicos, todos ofrecían comidas a base de pescado y platos propios de la zona, salvo el cebiche que se encuentra en todos los confines del Perú, al frente estaba el mar, el muelle de pescadores y algunas embarcaciones balanceandoce perezozamente al ritmo de la marea.
Estacioné el auto y bajamos, no squedamos un buen rato observando el paisaje y luego escogimos un buen lugar para almorzar, una vez elegido, entramos, vimos la pizarra donde están anotados todos los platos del día, escogimos y pedimos bistec de 7 sabores, no demoraron mucho por lo que nos quedamos sorprendidos, nos sirvieron al momento, almorzamos y al final le preguntamos a la joven que nos atendió que pescado era y me contestó que era tortuga marina, nos indignamos porque sabíamos que la tortuga marina está en peligro de extinción, salvo que tengan un criadero especial, pero no, era sacado del mar, contribuyendo con la desaparición de dicha especie".
Al día siguinete salimos de Pisco, la ciudad donde se creó el "pisco" peruano, un aguardiente fino de sabor delicado, hecho de uva y que crea la envidia de otros productores extranjeros; enrumbamos hacia Ica, atrás habíamos dejado la ciudad de Chincha, tierra de insignes afroperuanos, grandes deportistas e importantes músicos.
Llegamos a Ocucaje, gran viñedo y bodega de una de las marcas de vinos y piscos más importantes de Ica y del Perú, pasamos y luego en pocos minutos arribamos a la ciudad de Ica, almuerzo y descanso y al día siguiente, después del desayuno, salimos temprano para conocer el oasis más bello y fresco del mundo: Huacachina, a los 5 minutos ya estábamos dentro del desierto de Paracas y 10 minutos mas tarde y después de cruzar el desierto, donde solo arena se divisaba por los 4 costados, por fin observamos a lo lejos ese hermoso ojo de agua llamado Huacachina, es bellísimo, es llamado el Oasis más lindo del Mundo, nos quedamos toda la mañana paseando por las veredas de la orilla y viendo a lo lejos a los turistas deslizándose por las arenas de las dunas cercanas, de pronto pasó un carrito tubular levantando nubes de arena tras su paso a mediana velocidad, que emocionante espectáculo, antes del mediodía arrancamos para la salida y al llegar al cruce tomamos la ruta de regreso a Lima, llegando como a las 6 de la tarde después de haber almorzado en el camino".
Deslizarse en sus arenas, aventuras en el desierto, carros areneros, sandboard (descensos en la arena en tablas especiales) y los carros tubulares llamados Buggies, a solo 30 minutos de la ciudad de Ica es otra cosa.
Autor. Antonio Encinas Carranza
D. R. (Copyright)


Huacachina

domingo, 17 de octubre de 2021

El Párroco del Templo Gótico

 El Párroco del Templo Gótico


El párroco


Sobre las puertas de la Catedral Gótica se elevan sendas y gigantescas torres terminadas en agujas puntiagudas.
El estilo arquitectónico del templo es el gótico con sus torres puntiagudas, sus rejas de fierro forjado y sus inmensos ventanales a colores, fue construido en el siglo XV con muros de piedra y cubiertos del frío mármol, de naves amplias y techo muy alto, donde hasta el silencio tiene eco y los pasos te siguen en un silencio sepulcral,
Al ingresar se siente frío, un frío suave pero que cala hasta el alma y te obliga a cruzar los brazos, a abotonar el saco o casaca, es el frío suave producido por la solemnidad del templo y su inmensidad que te invita a caminar sin hacer ruido, no vayas a interrumpir un rezo de algún anónimo feligrés o al coro del que solo quedó el eco de los salmos y del Ave María, y con temor parecía que la puerta se cerraba a mis espaldas y el aire se vuelve más frío, como de esas grandes cuevas del cuaternario y sus paredes de piedras calizas de periodo geológico del cretácico superior o del paleolítico, y en él se amalgaman los olores del incienso que impregna telas, imágenes y altares, el de maderas y barnices viejos y el de la cera que se derrite lenta e incesantemente en velas que consumen plegarias y las convierten en humo, avanzo por el pasillo central, entre las filas, ahora vacías, que forman los macizos y oscuros bancos de madera.
Aquí, en la iglesia, bajo su bóveda, alta y hueca, cualquier sonido parece un eco lejano: el de mis propios pasos, una tos de mujer que parece surgir del aire mismo, el chirrido de una reja o un quejido de madera enferma, todos los sonidos se convierten en clara manifestación del silencio, no lo alteran, lo componen, del mismo modo que el zumbido de una abeja o el soplido de una súbita ráfaga de viento dan profundidad al silencio en un prado.
En el piso dentro de sus muros fríos, húmedos y oscuros se encuentran las tumbas de muchos ciudadanos honorables, algunos potentados y varios políticos, con pasado turbulento y molestos con los compañeros que le tocaron en el último viaje, pero que pudieron pagar su tumba en los sótanos de la Catedral Gótica.
Entre el coro y el Presbiterio hay una larga loza liza y fría con el nombre de un obispo Archidiocesano y es la tumba que lo recuerda y está llena de flores.
En una de las naves laterales entre los altares menores se encuentra una pequeña puerta de madera rustica, es la puerta de la sacristía por donde ingresa el sacerdote para dar la misa y al terminarla retorna a la puerta la traspasa y desaparece continuando con los misterios de las iglesias góticas.  
En el centro y en la parte alta hay una enorme bóveda octogonal que se sostienen sobre 4 enromes arcos góticos, mientras que el silencio recorre los oscuros pasillos laterales, una paloma que ingresó curiosa vuela asustada y con sus aleteos que retumban en todo el templo rompe el silencio y todos los presentes levantan la mirada curiosa y se persignan disimuladamente por el temor que les causan los pecados escondidos, esos que nunca descargan en los confesionarios por temor al castigo que les pueda imponer el sacerdote.
A lo alto de las naves laterales se ven hileras de innumerables ventanas ojivales en las que aparece que asomaran los ojos del tiempo y entre columna y columna se encuentran los altares laterales donde están la efigies de los santos con sus nombres tallados en la base y en un costado cerca a la salida hay una puerta ancha de madera de doble hoja, tallada que lleva a los claustros silenciosos de un convento.
También y a pesar de la amplitud de los ventanales ojivales en las naves laterales que se mantienen firmes por las inmensa columnas macizas y que  a pesar de la amplitud y altura siempre se refleja la oscuridad y un sentimiento de frialdad que despiertan las energías de la fe dormidas
Mirar arriba, hacía lo alto y al ver los arcos ojivales o apuntados de los ventanales, los inmensos vitrales que dan la sensación de respeto a las imágenes que contienen, muchas de ellas son pasajes bíblicos, llenas de color y al alumbrar el Sol los rayos solares invaden de colores al templo medieval.
El púlpito vacío se pierde en la amplitud de la nave donde retumba un sermón que rebota en lo más alto de la cúpula de la nave central y es más intenso que el eco de la montaña, los feligreses invisibles sueltan un amén silencioso que alarga la última silaba.
La puerta de la sacristía está abierta y al pasar miras de reojo, pero con algo de temor, sin saber que hay dentro del pequeño recinto, pero algo te dice que posiblemente este conectado con pasajes subterráneos o quizás con catacumbas antediluvianas, 
La oscuridad es más notorio en la inmensidad de la nave central y de tanto mirar absorto tuve que bajar la cabeza y buscar refugio cuando de pronto una lechuza levantó vuelo y se colocó sobre el órgano del coro que estaba en un segundo nivel al fondo y frente al Altar Mayor.
En el inmenso Altar Mayor, un sacerdote invisible ingresa y canta el Introito de la misa o canto de entrada y unas voces agudas femeninas cantan el Ángelus y después los Salmos de David acompañadas por las notas tristes de un órgano medieval y un clavicordio de cuerda percutida y sonido lleno de lamentos.
Multitud de voces se levantan en oraciones irrumpiendo en la quietud del templo invadiendo los oídos de los pecadores que arrodillados en los confesionarios narran sus aventuras pecaminosas, algunos exagerando y otros reduciendo el pecado para menguar la pena: "solo Dios sabe la verdad y ante el me confieso" pero no se salvan de la ira de un cura que los manda a purgar sus pecados rezando un Padrenuestro y 15 Ave Marías, desde donde estoy se escuchan los golpes de pecho y son más continuos y las voces de los: por mi culpa, por mi culpa y por mi gran culpa y cada vez es más continua la letanía y los golpes de pecho a pesar de la lejanía.
Retrocedían hacía la puerta, lentamente, el silencio invade la mente, retrocede el tiempo, vuelvo a recorrer la naves laterales llenas de altares y retablos y el olor a flores invade los pulmones; el olor a incienso invade la mente y el olor a cirios invade los recuerdos.
Se siente la necesidad de arrodillarse, inmediatamente  después también se siente la necesidad de meditar y rememorar en como pasó el tiempo pasado y si fue tiempo perdido o ganado.
El eco de un ruido hace voltear la cabeza buscando al culpable de romper la quietud del silencioso templo donde parece que el tiempo ya no existe allí, porque todo se quedó en el pasado.
Es tanta la impresión que te sientes obligado a persignarte y a mojar los dedos en la pila de mármol del agua bendita, pero también se siente una honda impresión que te puede causar taquicardia o vértigo o mareos al ver tan belleza extraña compuesta de la luz que se filtra por los ventanales de forma de arcos o ojivas y que se mezcla con los colores, hay tanta belleza, tanta grandeza que uno se siente pequeño, microscópico y al pasar por un confesionario caminas en punta de pies, no vaya a ser que distraigas al padre confesor o espantes los pecados del que se esta confesando y peor sería si el padre se da cuenta de tu presencia y te llame para que te confieses, algo que no haces desde que diste la Primera Comunión y lo peor sería que te quedes mudo delante del padre por que te has olvidado de los tremendos pecados que cometiste en tu vida y que ya no quieres recordar,.  
Al salir pisas suave, temes que el Párroco del Templo Gótico te pregunte: 

- ¿Cuándo regresas?
Y con el corazón empequeñecido y arrugado sales en silencio, con las cabeza gacha y las manos recogidas, sin pensar en regresar, no te vayan a pedir cuentas; estas en pecado y no te confiesas desde que diste la Primera Comunión, en silencio y compungido sales sin voltear a mirar el templo que va quedando atrás como los recuerdos de los amores imposibles.
El padre Alberto de la Orden de los Predicadores de Santo Domingo, tonsurado y con el habito clerical era español, llegó a la ciudad hace muchos años y estaba bien compenetrado con el templo
El cura tenía voz de barítono, algo ronco, de voz más baja que la del tenor, pero más alta que la de un bajo y cuya tesitura era viril y algo gruesa y cuando cantaba El Ángelus su voz resonaba en todo el templo, la voz la atrapaban los muros de adobe y rebotaban en las paredes y cuando todos se retiraban y cerraban las puertas, adentro se escuchaban los coros y repicaban las campanas y el temor se extendía por toda la ciudad, parecía que anunciaba que era hora del arrepentimiento, que el pecado debía de desaparecer porque pronto llegaría el Apocalipsis.