La hija adoptiva
Las costumbres antiguas mandan que las mujeres como en todos los pueblos de la zona tienen que ayudar a los hombres en el campo y además se encargan del trabajo doméstico, en este caso ellas solas, sin ayuda, el hombre se rompe los lomos en su trabajo y las mujeres están aleccionadas para ayudar al marido en el campo y atender la casa, a los niños y obedecer al marido.
Una casa en el campo ... era una de las más pequeñas del pueblo, era un mini rancho y estaba a la salida del pueblo, era de propiedad de la familia Vargas-Centeno, en la que habían nacido todos los hermanos de Martha y allí habían fallecido su madre, el terreno que circundaba la casa estaba abandonado, no sembraba nada, el terreno donde antes se sembraban papa, camote, olluco entre otros productos ahora estaba vacío, solo crecía hierbas, estaba seco, baldío, su padre aprendió a manejar autos, viajó a Lima para obtener su Licencia de Conducir, desde hacía mucho tiempo se desempeñaba como ayudante en un camión que transportaba los productos agrarios de la zona a Lima y pasó a ser el chofer auxiliar, reemplazante del titular, mayormente cuando este se emborrachaba y se quedaba dormido, el sueño le durante más de 12 horas, nada lo despertaba y si intentaban hacerlo, emitía gruñidos y renegaba a mas no poder y se volvía a quedar dormido; la carga cotidiana y mayoritaria era la papa, algo de camote, aparte de otros productos de las chacras cercanas que de vez en cuando le encargaban que lleve a Lima, el destino final era el Mercado Mayorista de La Parada de Lima donde tenían a un comprador fijo, un vendedor mayorista.
Walter Vargas, el papá de Martha tuvo un accidente un día en que acomodaba los sacos de papas en el camión, cayó de lo alto de la tolva y se golpeó la nuca, muriendo en el acto; su madre falleció a raíz que le surgió un tumor maligno en el vientre, que se convirtió en un cáncer peritoneal, complicando el estómago, el tumor nunca dejó de crecer, invadiendo intestinos y páncreas, este cuadro se complicó más, cuando el cáncer hizo metástasis y se generalizó, distribuyendo las células malignas por todo el cuerpo, en ese momento los médicos ya no pudieron hacer nada, falleciendo en poco tiempo, los familiares de Martha se hicieron cargo de todos los gastos con ayuda de los vecinos, como sucede en casi todos los pueblos del Perú, menos en las ciudades grandes como Lima.
Pasó por muy graves problemas de dinero, dejó de trabajar, gastó todos sus ahorros, al final consiguió algo de ayuda; la vecina Julia Ocrospoma le alcanzaba los alimentos, fue de gran ayuda, un ángel para Martha, después llegaron las nauseas, dolores en la cintura, dificultad para dormir, para caminar y sobre todo para hacer sus cosas.
En el pueblo tenía algunas amigas que la apoyaban, además de alguna familiares, eran ex compañeras del colegio y de trabajo, que ya es bastante; Martha había colaborado con todas las actividades de ayuda y sociales que se realizaban en el pueblo, las amigas al ver que pasaba por malos momentos realizaron algunas actividades para ayudarle.
Como Martha odiaba a su barriga, poco a poco fue odiando al bebe que llevaba en su vientre, esto es sin haberlo visto todavía, sin saber si era hombre o mujer, sin haberlo cargado, sin haberlo parido aún.
Cuando le llego el turno, la vecina Paula la ayudó en el alumbramiento, fue un parto normal, fue una hermosa niña, si, fue mujercita, pero Martha no la miró, no quiso verla, trató de ignorarla; sentía que no la quería, no le nacía el amor maternal.
Habían pasado 9 meses desde la partida de José Luis y de este señor nunca se supo nada.
La vecina Paula se llevó a la bebé a su casa, regresaba a ver a Martha como se iba recuperando, por ratos llevaba a la bebe, más Martha la rechazaba, la vecina conversó con ella y la obligó a dar de lactar a su bebé, después acordaron llevarla a un orfanato.
Paula, conocía los caminos de las adopciones, ya había hecho varios, decidió con Martha entregar a la bebe a un hospicio, varias mujeres del pueblo quisieron ayudar, alguna quiso quedarse con la bebe, pero al final decidieron viajar a Lima, visitaron varios hospicios, cuando se acercaron le comunicaron que no había espacio para una más, en esos tiempos los instituto estaba colmados de niños, habían muchos niños huérfanos y algunos dejados por sus madres para buscar su adopción por familias pudientes, era época de mucha convulsión social, muchos muertos y muchos huérfanos habían dejado regados las acciones terroristas de Sendero Luminoso.
De regreso al pueblo después de las tratativas fracasadas Martha se acordó de una pariente lejana, de Berta Solórzano, era una mujer que vivía en un pueblo cercano y mas grande, tenía más población y la calle central asfaltada, ella tenía una casa propia y grande y allí se quedó la niña.
Para disiparse de las penas y de las necesidades, volvió a trabajar para cubrir sus gastos, que se hacían cada vez mayores.
En los días siguientes Martha sentía la soledad con más fuerza y poco a poco fue aceptando todas las invitaciones que le hacían, en algunas ocasiones, si había movilidad viajaban a otros pueblos cercanos, por alguna fiesta o pasaba 2 o 3 días en algún pueblo más lejano, los amigos siempre la apoyaban, sabían que ella no tenía dinero y ella se fue acostumbrando a recibir regalos o dinero en efectivo y después y poco a poco fue pidiendo dinero prestado, algo así como cobrar por su compañía, necesitaba cubrir sus gastos, los amigos veían en ella a alguien que necesitaba ayuda; siempre colaboraban con ella, eran generosos, con ayuda de algunas vecinas realizaba actividades como preparar comidas que ofrecía a amistades y vecinos, pero no faltó algún astuto que se aprovechó para solicitarle algo a cambio por cantidades mayores y ella inicialmente puso reparos, al final aceptó el dinero por una compañía o un tocamiento, después pasó a tener sexo por dinero, los demás amigos se fueron enterando, le entró un poco de ambición, esto se fue agrandando y agravando, su casa comenzó a ser conocida por todos y poco a poco se fue prostituyendo, el dinero con condiciones le llegaba con comodidad, los hombres pagaban con gusto, a más dinero más diversión, ella necesitaba el dinero y así cubría sus necesidades, ahora todo se le hacía fácil.
Su fama creció, fue conocida en todo el pueblo y trascendió, tanto que llegaban de pueblos cercanos, muchas veces hombres desconocidos.
Martha llegó a tener fama y pasó a ser una prostituta muy reconocida, dinero no le faltaba, aprendió a ser exigente, esto se lo recomendó uno de los amigos "no seas tonta Martha, no te metas con cualquiera, busca tíos con billete, nada con misios", Martha siguió el consejo, le iba bien y no ocultaba su profesión, no lo podía ocultar, era la profesión más antigua de la humanidad, la de dar bienestar a los hombres a cambio de un buen pago, ella sabía lo que hacía y lo hacía bien, había aprendido a no aceptar a cualquiera, tenía una lista de exigencias bien marcadas, por lo tanto cobraba bien y ganaba muy bien, era una excelente profesional del sexo, vivía tranquila, su fama creció y los clientes comenzaron a llegar de otros pueblos cercanos para contratar sus servicios, era bien conocida y la recomendaban, solo tenía 1 o 2 clientes por día, había días que no trabajaba, pero al día siguiente ya tenía nuevas visitas, llegó a no importarle los vecinos, se volvió muy independiente.
Con el tiempo Martha comenzó a sentirse mal, tuvo muchos malestares, al verla así, demacrada los amigos se fueron ausentado, una de las vecinas le aconsejó que fuera al medico y este al verla la mando a realizar chequeos a un hospital, tuvo que viajar a Lima, se hospedó en casa de un familiar que ignoraban su pasado y unos días en casa de una amiga, como se fue debilitando, los médicos ordenaron su hospitalización, pasó mucho tiempo internada en el Hospital Hipólito Unanue, allí en uno de los tantos análisis que le practicaron le detectaron el VIH y en poco tiempo se le sumó la tuberculosis y seguidamente a esto, le declararon que tenía anemia, su cuadro clínico se fue complicando, fue desastroso, los médicos dejaron de atenderla y la declararon en estado terminal, incurable y sin posibilidades de sobrevivir, con pocos días de vida, quedando desahuciada y muriendo en poco tiempo.
Fue triste su final porque ni su familia ni las amigas se acercaron a recoger el cuerpo para velarlo y enterrarla en un cementerio, el hospital tuvo que conservar el cuerpo por un tiempo y después de un tramite judicial ordenaron que los restos sean cremados y enterrados en una fosa común.
Berta se enteró de la muerte de Martha como vivió sus últimos días, fue terrible y decidió no contarle nada a su hija adoptiva, pasó a ser un secreto que se lo llevaría a la tumba.
La niña no volvió a tener más problemas en su niñez, ni en la pubertad, estudio la primaria en el mismo pueblo y la secundaria en otro pueblo mas grande pero cercano.
Posteriormente estaba en coyuntura de estudiar o trabajar, si estudiaba le gustaba la veterinaria, para lo cual tenia que viajar a Lima, no había otra forma o en su defecto se dedicaría a buscar que trabajar en el campo como toda su familia.
