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jueves, 30 de marzo de 2023

La Bajada de Doña María

  Relatos de un viajero peruano

La Bajada de Doña María

Relatos de un viajero


Bajada de Doña María

Estando de vacaciones, con mi esposa Anita decidimos viajar al norte, específicamente a su tierra querida: Talara, puerto petrolero de Piura, donde viven sus padres y hermanos, al día siguiente comencé a preparar el auto, como lo hacía siempre que realizábamos un viaje largo, primordialmente revisión de llantas, frenos y asegurarme de llevar lo necesario para emergencias como un botiquín bien abastecido, llave de ruedas, gata, soga, llanta de repuesto, señalización de emergencia, dejandolo todo en orden.
Al día siguiente, salimos temprano, 6 de la mañana, al medio día estaríamos soportando el calor norteño y en la noche llegaríamos a Talara, contra mi costumbre, lo normal es salir a las 4 de la tarde, cuando el Sol va bajando su fuerza y potencia y la tarde se va enfríando, gozar del crepúsculo de la tarde y manejar con el fresco de la noche y el sereno de la madrugada, así los viajes son mas frescos, mas tranquilidos.
Al salir de la casa, tomamos la avenida Izaguirre que esta a un kilometro aproximadamente (unas 10 cuadras) de la Carretera Panamericana, al llegar allí doblamos a la izquierda y rumbo al norte en línea directa, aunque el Sol estaba a la izquierda, diriamos que estabamos rumbo al Sol y nos acercabamos a la Línea Ecuatorial donde hace mas calor justamente por la cercanía al Sol y el aumento del calor.
En el primer grifo que encontramos llenamos el tanque de gasolina para no estar parando a cada cierta distancia, ya que "tanqueandolo" nos alcanzaría hasta llegar a la frontera. Pasamos el control de Puente Piedra, subimos a la Variante de Pasamayo, que es una autopista nueva, se encuentra arriba de la antigua pista la Variante de Pasamayo que corre al costado y a una regular altura del mar, donde antiguamente habían ocurrido muchos accidentes con víctimas fatales.
Había un poco de neblina, cuando normalmente la visión esta cerrada y no se ve más allá de los 2 metros, es terrible manejar así, sin embargo no tuvimos problemas y en poco tiempo salimos de la autopista y llegamos a Chancay, donde y desde la pista se divisa un castillo de diseño medieval, una construcción de 1900 aproximadamente y construida por descendientes de uno de los antiguos virreyes españoles de la etapa de la colonia, Ana no lo conocía, nunca había ingresado, así que le prometí visitarlo pero mas adelante,
Pasamos la campiña de Chancay, la zona se llama Chancayllo, es muy bello el valle, en esa zona vive una sobrina y recuerdo que estuve invitado a su matrimonio y no lo puedo olvidar porque ese día comí la mejor carapulcra de mi vida, esa papa seca guisada y con una presa de gallina, buenazo.
Minutos después pasamos la división natural del valle, es un cerro cortado para que pase la carretera, es un tramo corto, al final el panorama cambia totalmente, entramos al sector de Huacho, que es una zona plana y desértica, es el desierto Las Salinas de Huacho, en este sector se puede manejar tranquilo, hasta llegar a una zona donde el terreno es ondulante, llena de altos y bajos, un terreno desigual, esta zona se encuentra aproximadamente en el kilómetro 108 de la Carretera Panamericana y la más profunda es la llamada Bajada de Doña María con más de 2 kilómetros de extensión entre la bajada y la subida, antes de llegar a esa zona había notado mirando por el espejo retrovisor que un auto se aproximaba a cierta velocidad, por lo que pensé en mantener esa distancia todo el tiempo que pudiera, era un auto del mismo color y al parecer lo manejaba una mujer, pero eso era lo de menos, yo iba manejando con prudencia hasta que entre en la temible Bajada de Doña María donde ocurrían tantos accidentes y justamente vi que en la parte central baja, habían vehículos estacionados a los 2 lados de la Carretera, había ocurrido un accidente, como siempre esa bajada era peligrosa, los heridos estaban tendidos en la arena, a un costado de la pista, atentidos por otras personas, veo por el retrovisor que el auto que venia atrás se acercaba a velocidad, había llovido, la pista estaba mojada y resbalosa y un auto que me antecedía se paró justo en el centro de la bajada, donde comienza la subida, frené despacio para asegurar la parada en el momento mas adecuando, pero el auto resbala, quiebro la dirección del volante para salir a mi derecha hacia la arena, cuando siento un golpe, un fuerte impacto en la parte derecha trasera de mi auto y este vira 90 grados en el aire y sale disparado hacía la izquierda, como una flecha, elevándose y cruzando el otro lado de la pista y cae sobre una duna de arena, de panza y con dos ruedas en el aire, más o menos a unos 6 metros de altura, yo y mi esposa estábamos bien, solo algo mareados, el auto golpeado por la parte trasera derecha, con una abolladura, los faros rotos, pero sobre un alto de 6 metros de arena, miré para ver como bajabamos nosotros y después como bajabamos el auto del monticulo de arena, no se, la verdad, solo pensé en quitar la arena, busqué algo que podría ayudarme, vi una tabla por allí, me acerqué, la cogí y comencé a quitar la arena, tarea difícil, por que eran toneladas de arena, no sabía cuanto tiempo me iba a tardar en tener el auto en el piso.
- Hermano ... Antonio que pasó ? ja ja ja ... ¿que pasó?
- Hola.
Le respondí algo confuso, no salía del aturdimiento por el choque y no lo reconocí.
- Antonio no me has reconocido soy Otto, de Breña, del barrio.
Se había acercado una camioneta 4x4, un todoterreno, un Jeep, sin darme cuenta, el piloto se había bajado y se ofreció ayudarme ... pero me conocía ... me llamó por mi nombre, estábamos a 200 kilómetros de Lima. Cuando lo recordé y me di cuenta de quién era, me sorprendí, por que hacía años que no lo veía, habíamos sido compañeros de la escuela de primaria y vivíamos a dos cuadras y casi o nunca nos veíamos, ya éramos adultos y yo había dejado el barrio.
- Otto Hablutzel, ja ja, que suerte compañero, hermano.
Otto se acerco a su 4x4, saco una soga, de esas que tiene 2 ganchos a cada lado y sirven para remolcar a otros autos, luego enganchó los autos y sacó mi auto hasta la pista y así como se presentó de pronto, así se alejó, raudo, levantando la mano de despedida y yo me quedé con las ganas de darle las gracias debidamente. No más he vuelto a ver Otto, que era hijo de un migrante alemán que huyo del infierno nazi.
- Otto Hablutzel, gracias hermano, siempre te recuerdo.
Fue algo sorprendente, justo cuando necesitaba ayuda aparece alguién que no esperabas, ¿un enviado del cielo?, ¿fue una conexión?, ¿el recibió mi mensaje solicitando ayuda? ¿Un verdadero amigo?
La señora que manejaba el otro auto, se ofreció reparar el daño y me entregó su tarjeta y su número telefonico.
Después del percance y al comprobar que todo estaba bien, salvo la abolladura de la parte trasera del auto, salimos de la bajada de Doña María y al llegar a la Comisería de Huacho presenté la denuncia contra la propietaria del auto que chocó al mio.
Una vez concluido el tramite de la denuncia enrumbamos hacía el norte, debiamos llegar a Piura y luego Tumbes y cruzar la frontera hasta Huaquillas en el Ecuador.
En la primera tieda de repuesto de autos compramos el faro trasero y lo colocamos para no tener problemas de transito.

Todo terreno