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sábado, 22 de marzo de 2025

Ulrich Historias de inmigrantes

 Historias de emigrantes 


Historias de emigrantes


Uno de los tantos emigrantes que llegaron al Perú y especialmente a Lima  fue el extraño sujeto que se asentó en uno de los barrios de la ciudad
.
Era un alemán que había llegado por los años de 1950 a Lima, aparentemente con una identificación y documentación falsa y una historia que prefería ocultar pernoctaba en una pequeña casa donde habían otros extranjeros, luego conoció a una mujer viuda con 2 hijos varones, que tenía una pequeña tienda de abarrotes, el extranjero la enamoró y ella lo aceptó y lo llevó a su casa.
Al alemán solo se le conocía como Ulrich, no se sabía si su nombre era real, pero todos lo conocían con ese nombre al que el contestaba moviendo la cabeza y sin 
sonreír. porque nunca sonreía, siempre estaba serio.
Ulrich no dormía bien muchas veces los habían visto levantado y caminando en la azotea de su casa, nunca solo por las calles, quizás tenía muchas cosas por ocultar.
Los vecinos también notaron que todos los días en las tardes, a eso de las 3 p.m. salía el extraño personaje a la puerta de la casa y miraba para todos los lados como si buscara algo o a alguna persona, luego de unos cortos minutos cerraba la puerta de la casa y caminaba en linea recta 2 cuadras, siempre fumando, sin mirar a ningún lado, como si nada le importara, o como si algo le remordía el alma, era un sujeto intrigante.
- ¿A que o a quienes temía Ulrich?.
- ¿Por qué se escondía?

Ulrich caminaba hasta la tienda, bodega - bar de un japonés llamado Jorge, quién había llegó al Perú contratado para trabajar en las haciendas azucareras del norte y después de trabajar duró durante 3 años se independizó y viajó a Lima y con sus ahorros constituyó su tienda de abarrotes, negocio que le permitió progresar rápidamente y vivía cómodamente con su familia compuesta por su esposa Rosa y sus 3 hijos, 2 mujeres y un varón llamado Kayú.
En la bodega había un apartado con un par de pequeñas mesas donde los parroquianos podían beber cervezas, ahí se acercaba Ulrich a una mesa y jalaba una silla, Ulrich pedía una cerveza y se la bebía mientras miraba por la ventana, siempre en silencio y sin prestar atención a lo que pudiera estar pasando a su alrededor, pero sabría Dios en que infierno se sumía su cerebro y ardía lentamente.
Se tomaba todo el tiempo del mundo, se fumaba varios cigarros y antes de las 6 de la tarde se levantaba, cancelaba su consumo y retornaba por el mismo camino a su domicilio, siempre en silencio y sin mirar atrás.
Alguna vez se le vio charlando con otro emigrante alemán, al que llamaban Popeye por la pipa que siempre llevaba en la boca, el trabajaba como gasfitero, pero este era muy comunicativo, mas nunca hablaba sobre su pasado.
Ulrich si era una incógnita y nadie sabía nada de el, pero si preocupaba su silencio.
Que temores tendría Ulrich, que episodios ocultos guardaría en su memoria.
El tema era que Ulrich era de Baviera, de la misma capital München (Múnich) y todos los bávaros eran simpatizantes del nacismo.
Después de la derrota del nacismo y de Alemania en general en la Segunda Guerra Mundial muchos huyeron para no ser detenidos por los aliados, menos por los rusos y si Ulrich huía y se cuidaba de los extraños era por que se sentía culpable de algún macabro delito.
Ulrich huyó de Alemania cuando los rusos llegaron a Berlín y se enteró que el fhurer Hitler se había suicidado como un cobarde y no enfrentó a los aliados ni menos a los rusos y abandonó su puesto en el Campo de Exterminio de Birkenau, que estaba situado situado en Oświęcim a unos 43 km al oeste de Cracovia en Polonia donde trabajaba como guardia encargado de operar los hornos donde quemaban los cuerpos de las víctimas raciales que eran discriminadas por los arios nazis: judíos, gitanos, afros, en menor escala los eslavos (rusos, polacos, etc.) pero también los nazis identificaron como enemigos y como un riesgo para la seguridad a los disidentes políticos, testigos de Jehová, homosexuales y presuntos antisociales, ya sea porque se oponían conscientemente al régimen nazi o porque algún aspecto de su comportamiento no se ajustaba a las percepciones nazis de las normas sociales, estos y otros grupos mas eran llevados a las cámaras de gas y después de comprobar muertes Ulrich ordenaba a sus ayudantes a llevar los cuerpos a las cámaras de gas.
Había visto las caras del horror, del infierno, había sentido los gases mortales que mataban a miles de personas y había sentido los altos grados de calor provocado por la quema de miles de cuerpos, había visto morir a niños, mujeres y ancianos, había visto morir a enfermos de diferente tipo de mal, en fin, había estado en el mismo infierno.
Cargando grandes sentimientos de culpa huyó como un cobarde, como un ser sin sentido, ocultando su origen y su filiación nazi, llevando todo el dinero acumulado durante el tiempo que estuvo en aquel infierno y que robó a sus victimas, con lo que pudo atravesar varios países del sur de Polonia hasta llegar a la región de Croacia que en ese tiempo formaba parte de Yugoslavia, luego pasó a Florencia, Italia, cambió su apariencia.
Lo ayudó los idiomas que dominaba a medias y que había aprendido en el trato que tuvo con sus victimas del Holocausto, así llegó a Venecia donde logró contactarse con marinos colombianos y logró embarcarse para América del Sur.
El viaje fue lento pero seguro, a Ulrich lo alojaron en una bodega, pero podía moverse con libertad y el viaje hasta Cartagena, Colombia duró casi un mes a falta de buenos vientos.
Siempre dando buenas propinas uno de los marinos con el que mas había hecho amistad lo llevó a casa de unos parientes que tenían una casa de huéspedes.
Ulrich lo tenía todo planeado y no perdía la conexión con un familiar directo que vivía en París, una vez en tierra buscó llamar por larga distancia a su pariente para darle su ubicación, este tenía conexión con otros nazis fugitivos, entre los que estaba el doctor. Mengele, médico famoso por sus trabajos científicos y alucinados con los mellizos.
Ulrich abandonó Colombia ayudado por uno de los marinos y pasó al Perú por la Triple Frontera, y de allí viajó a Iquitos, donde abandonó a su guía colombiano y al saberse perseguido trato de cambiar su fisonomía y parecerse mas a un latino, cambió el color de su cabellera, pero el color de la piel lo traicionaba
Sin perder conexión con otros nazis que habían escapado del derrumbe del Imperio Nazi logró llegar a Lima donde se camufló bien para perderse de cualquier persecución.
Pero no sabía que el MOSAD, la agencia de inteligencia israelí que lo andaba buscando y que ya había capturado a Adolf Eichman en Argentina y a otros mas y que andaba tras las huellas de Mengele, ya le pisaba los talones.
Una tarde después de salir de la chingana del japones Jorge se le cruzó un joven y lo cogió por la espalda, le cruzó una pierna y lo tumbó al piso, enseguida se acercaron 2 mas y lo levantaron y lo metieron a un auto que estaba estacionado cerca del lugar.
Nadie intervino, los vecinos salieron y miraron sorprendidos como habían capturado al solitario y silencioso extranjero, mas una joven se atrevió a preguntar que pasaba y uno de los agentes extranjeros le contestó.

- Este individuo es un cruel asesino nazi, culpable de miles de muertes de niños, mujeres y ancianos, así que no digas nada mas y retírate.
Haciéndole una señal de mutis con el dedo entre los labios.
Eran 3 tipos altos, jóvenes de porte militar, uno iba en el volante y los otros 2 subieron a la parte trasera con Ulrich en medio, arrancaron el vehículo y desaparecieron en la distancia, las sospechas se hicieron realidad por ser alemán no había que se un erudito en espionaje, todo olía a holocausto judío realizado por los nazis.
Un silencio enorme llenó la tarde que se fue oscureciendo.
La pareja de Ulrich se enteró y se quedó sorprendida con la noticia de su captura, se metió a su casa y cerró la puerta nerviosa al enterarse que había vivido con un cruel asesino de miles de personas.