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viernes, 21 de marzo de 2025

El esclavo gladiador africano

 El esclavo gladiador africano

Relatos de Antonio Encinas Carranza


Fue un esclavo que venció a todos los gladiadores blancos en el Circo Romano en tiempos del emperador mas déspota de la historia: Lucio Claudio Cómodo, el último de la dinastía Antonina y cuyo nombre oficial como emperador fue: Cesar Aurelio Adriano Lucio Claudio Cómodo.
Cómodo era un excéntrico aficionado al Circus Romano y gozaba ver las practicas de las luchas romanas y muchas veces escogía a los rivales de las presentaciones siguientes y las formaba con los mas débiles enfrentado a los mas agresivos y corpulentos.
Cómodo era un emperador muy joven, era un atleta y también practicaba las luchas romanas, pero escogía a los rivales mas débiles a quienes los masacraba y cuando se defendían y le hacían frente con valor terminaba degollando a su víctima con su espada.
Se creía un Hércules y gustaba de exhibirse como gladiador, hasta que un día llegó un mercader de esclavos de origen árabe que tenía a varios esclavos africanos negros para venta, sin embargo su ayudante era otro negro africano y no estaba en venta, era un esclavo semi libre, pero unos funcionarios del emperador que andaban buscado gladiadores para proveer al Circo Romano para los espectáculos del emperador Cómodo se asombraron cuando en el mercado de esclavos encontraron a este árabe vendiendo varios esclavos y al ver al corpulento africano le preguntaron si lo vendía:

- Este esclavo ¿cuánto vale? 
- Jelani no se vende.
Contestó el mercader y se quedaron mirándose las caras, inmediatamente fueron a comunicarle al emperador Cómodo, quién estaba bastante interesado por lo que le habían narrado sus funcionarios y salió personalmente a buscarlo, acompañado de la guardia pretoriana y guiado por sus emisarios y al llegar y ver al esclavo obligo al mercader a vendérselo, bajo la amenaza de confiscar a todos los esclavos que tenia en venta e incluso de encerrarlo en la jula de los leones, a lo que el mercader asustado cedió y entregó a su ayudante sin cobrar un solo denario ni medio sestercio.
El corpulento africano fue llevado al Circo y lo encerraron junto a los demás esclavos para prepararlo y entrenarlo y poder llevarlo a la arena del Circo Romano para las siguientes fiestas. 
Era un joven africano de porte atlético, pocas veces visto en el imperio romano, menos en las arenas del mítico Circo.
Cuando llegó el día y estuvo listo para el espectáculo, se abrieron las puertas del Circo Romano y el publico colmó las graderías, luego ingreso el emperador Cómodo y el rugido del publico que colmaba el circo sacudió los cimientos del antiguo Circo Romano, miles de voces lo aclamaban y en coro pedían sangre, muerte y circo.
En el centro de las graderías y bajo la mirada impasible del emperador Cómodo, se inició el espectáculo, luego de varios espectáculos apareció 
un hombre de piel oscura  y que permanecía en pie, jadeante, con la espada firme en su mano que causó la sorpresa del publico que se manifestó con exclamaciones y se tapaban la boca para contener su emoción.
El emperador Cómodo, conocido por su crueldad y sadismo, observaba desde su palco real con desdén al publico y luego a la arena vacía hasta que se dio inicio al espectáculo que poco a poco el publico se fue enardeciendo.
El publico veía en las arenas del Circo Romano, un esclavo de origen desconocido que desafiaba todas las expectativas. Imponente y valiente, se enfrentaba a los más feroces gladiadores blancos, desafiando la muerte con cada movimiento, que con cada golpe
desafiaba todas las expectativas. Imponente y valiente, se enfrentaba a los más feroces gladiadores blancos, desafiando la muerte con cada movimiento, con cada golpe.
Todos los demás gladiadores habían sucumbido ante sus oponentes, pero este esclavo desconocido, con un dominio sin igual de la espada y el escudo, parecía invencible.
Minutos después al rededor del gladiador africano yacían los cuerpos de tres gladiadores romanos, guerreros entrenados desde la infancia, hombres cuya única misión era matar o morir con honor y sin embargo habían sucumbido ante la espada de aquel esclavo africano que se convertiría en la estrella del espectáculo sangriento del Circo Romano 
Cómodo se inclinó hacia adelante en su trono, con los ojos centelleándole por la emoción que le proveía ver la sangre derramada y con una mezcla de sorpresa y diversión. 
No era común que un esclavo sobreviviera a un combate de semejante magnitud y que alguien, sin el favor de los dioses, pudiera hacer temblar la arena con su destreza y con la misma frialdad el gladiador africano fue condenado a muerte, pero era parte del terror romano para exaltar la sangre del publico que se quedó en silencio esperando la respuesta del Emperador Cómodo y Cómodo exclamo:

- ¡Vive! 
Bramó el emperador y la multitud se enmudeció un instante. 
Era un capricho inesperado. 
Un esclavo que vencía a los gladiadores blancos y profesionales debía morir como tributo al honor romano, sin embargo, Cómodo, amante del espectáculo de la sangre y de los desafíos, veía en aquel hombre algo más que un cortó espectáculo.
El gladiador negro alzó la mirada, sorprendido. 
El publico no estaba acostumbrado a la misericordia, menos aún de un emperador como Cómodo.
La multitud rugía con emoción cada vez que el esclavo lograba derrotar a otro gladiador, desafiando todas las probabilidades, sus victorias se volvieron legendarias, y la gente comenzó a llamarlo por su nombre:

- Vive Jelani.
La multitud rugía con emoción cada vez que el esclavo lograba derrotar a otro gladiador, desafiando todas las probabilidades y sus victorias se volvieron legendarias, y la gente comenzó a llamarlo:

- "Gladiador"
Un título que parecía adecuado para aquel que desafiaba a la muerte una y otra vez.

Llegó el día en que Jelani se enfrentó al campeón indiscutible de los gladiadores blancos, un hombre alto y fornido que era temido por su destreza y brutalidad. 
La batalla fue épica, una lucha titánica, que mantuvo a toda la arena en vilo, pero al final, la victoria fue para Jelani quien emergió victorioso, derrotando al campeón con un golpe certero y decisivo.
El emperador Cómodo, furioso por la derrota de su gladiador favorito, ordenó que  Jelani fuera ejecutado de inmediato, pero a medida que los guardias se acercaban, la multitud estalló en una clamorosa protesta, exigiendo la libertad para aquel que los había asombrado con su valentía y habilidad.
Así fue como el gladiador africano que venció a todos los gladiadores blancos en el Circo Romano se convirtió en una figura legendaria, cuyo nombre resonaría en las arenas de Roma y en las vía romanas por generaciones.
Su fuerza y valentía pronto lo habían convertido en uno de los gladiadores más temidos del Circo Romano, ganándose el respeto y la admiración del público.
El gladiador africano, armado con su espada dorada y protegido por una armadura reluciente, comenzó a burlaba a burlarse del Emperador Cómodo quién ordenó la salida de los leones que estaban enjaulados, sin embargo Jelani sabía como tratarlos y logro que se echaran a su lado, la gente enardecida pidió su libertad.
El Circo Romano estalló en gritos de júbilo y Jelani fue aclamado como un héroe y logró convertirse en una leyenda en la antigua Roma, admirado por su valentía y su resistencia ante la opresión.
Jelani se convirtió en un símbolo de esperanza y valentía para todos aquellos que anhelaban la libertad y la justicia en un mundo dominado por la tiranía.
Su historia perduraría mucho tiempo después de su muerte, recordada como un ejemplo de coraje y determinación ante la injusticia y la opresión.

Relatos de Antonio Encinas Carranza