La esquina del barrio

Todos lo llamaban Tato, en su casa su madre, su padrastro, incluso su hermano menor también lo llamaban así, en el barrio los amigos, los vecinos también lo llamaba Tato, nunca le preguntaron por su nombre real, era Tato y punto y el era un tipo callado, tranquilo, aparentemente algo tímido, pero era muy querido por todos en el barrio, justamente por eso y a la vez como no se metía con nadie, era considerado "un caballero o caballerito".
Para que se entienda bien y según la RAE (Real Academia de la lengua Española) dice que "tato" significa hermano (hijos de los mismos padres) también niñero o niñera.
En esos tiempos era costumbre jugar con la pelota en la calle, el fulbito callejero, casi todo el día y a veces se quedaban jugando hasta altas horas de la noche, los chicos llegaban a eso de las 9 de la mañana y se formaban dos grupos, siempre había gente como para formar dos equipos, podían ser de 3 contra 3 o 6 contra 6, todo dependía de la disponibilidad de piernas predispuestas a patear cualquier tipo de pelota disponible.
En el atardecer, ya entrando a la noche, a eso de las 6 de la tarde, salían los mayores y se juntaban con los que llegaban de trabajar, pero esta vez se reunían en una de las esquinas, la que formaban los jirones Napo y Pariacoto, en este barrio las calles tienen nombres de los ríos del amazonas peruano como Caquetá, Chamaya, Napo, Morona, etc., el barrio era Chacra Colorada, del distrito de Breña, en Lima,
Tato pocas veces se paraba en la esquina, mayormente pasaba de largo y al verlo todos le pasaban la voz y él levantaba la mano a modo de saludo, seguía de frente rumbo a su casa, ingresaba y ya no salía.

En el Perú había muchas colonias de ciudadanos extranjeros que habían llegado por su cuenta o los habían traído con contratos de trabajos para labores en algunas minas o para los emporios agrarios azucareros del norte, pero que al ir venciéndose sus contratos, encontraron trabajo como comerciantes, estos mayormente eran asiáticos: japoneses y chinos y a mucho les fue muy bien; migrantes de otras nacionalidades llegaron huyendo de la gran guerra entre ellos alemanes, italianos, yugoslavos, españoles, entre otros.
En el barrio de Chacra Colorada, casi todas las tiendas eran de familias japonesas, lo que hacía más llamativa la convivencia en el barrio, habían varios alemanes que habían llegado huyendo de los rusos y de los aliados, también teníamos de vecinos a una familia de yugoslavos y otra familia de españoles, nuestro barrio era cosmopolita, como las Naciones Unidas, había de gente de muchas nacionalidades, también había otra familia de italianos: los Rossini y una familia de chilenos.
La mamá de Tato era de talla baja y muy trabajadora y tenía como pareja a un alemán, este señor salía de su casa todos los días a golpe de las 4 de la tarde y caminaba 2 cuadras en línea recta, rumbo a la tienda del japonés Jorge, iba silencioso y cabizbajo y al llegar pedía una cerveza, marcando el 1 con un dedo alzado, Jorge le alcanzaba la botella de costumbre y un vaso, el alemán se la tomaba solo, los clientes entraban a comprar y se retiraban, el alemán no miraba a nadie, solo miraba su vaso y levantaba la cabeza solo para mirar a través de una ventana que daba hacia un parque, al terminar su cerveza, pagaba y retornaba lento a su casa, siempre mirando el piso, había llegado al Perú huyendo de la guerra, que temores tendría, que miedos o que escabrosos recuerdos le remordían la mente o la conciencia, ¿que habría visto en la guerra?, ¿le retumbaba los cañonazo en su mente?, ¿los balazos pasando cerca a él? o ¿los bombardeos de los aviones aliados? o era algo más horrible: quizá recordaba los crímenes de los nazis, los campos de concentración, las cámaras de gases, los cuerpos amontonados esperando ser aventados a los hornos de Treblinka o Auschwitz, la solución final; en fin, que infiernos tendría en su cabeza y en su silencio.
Tato siempre caminaba solo, nunca se le vio acompañando a su padrastro.

- Quién va, hay dos soles.
Era un reto para ver quién aceptaba, los muchachos, ninguno de ellos había jugado antes a los dados, sin embargó alguien aceptó y jugaron y siguieron jugando, se hizo común jugar a los dados todos los domingos y cada vez habían más personas jugando; a pocos pasos de la esquina donde se reunían había un espacio, era una entrada a un jardín exterior de una casa donde vivía una persona, que no tenía familia y casi nunca estaba.
Tato llegó a dominar tanto los dados que los muchachos ya no querían jugar con el, así que al darse cuenta que al grupo de dados ya no se acercaba nadie, Tato optó por meterse en el grupo de los que jugaban casinos, en ese grupo se jugaba poker (póquer), golpeado, 21 y 7 y 1/2, en poker jugaban varios tipos, escalera, ascensor, inglés y otros más, pero estos eran los más comunes.
Durante varios días Tato se acercaba a mirar, durante ese tiempo observaba, preguntaba y se retiraba, pero su tiempo de observación no fue muy largo, hasta que un día se animó a jugar y pidió cartas, sus primeros juegos eran como los de un novato cualquiera, que pierde todo y los demás se burlan, al perder su dinero lo animan a que vaya a su casa y saque más dinero para seguir jugando, mejor dicho para seguir ganándole; pero poco a poco Tato fue aprendiendo los diferentes juegos y empezó a dominarlos, de pasó se hacia experto en el manejo de la baraja al repartir, aprendió a barajar las cartas con mucha destreza, las barajaba de varias formas y hacía muchas figuras, una de la que me acuerdo es la del acordeón, que las hacía con las 2 manos en forma horizontal y vertical, fue aprendiendo otras figuras y siempre demostraba la destreza que iba adquiriendo y para repartir llegó a dominar tanto los naipes que se repartía un juego completo en mano de Poker o de Golpeado y si por casualidad le fallaba una o dos cartas, estas le tocaban en las vueltas siguientes, era muy diestro, un artista, parecía un prestidigitador o mago de circo, daba envidia verlo jugar, tanta era su destreza, que hubo varias personas que solo iban a verlo jugar.

En esos años Estados Unidos estaba en guerra con Vietnam, eran años muy violentos y de mucha preocupación para las familias estadounidenses, pues los jóvenes iban a la guerra y muchos regresaban muertos, algunos heridos, mutilados o torturados hasta el punto que perdían su control mental y terminaban en los hospitales psiquiátricos encerrados por largos años.
Nadie sabe como Tato terminó enrolado en el ejército estadounidense, menos se sabe como termino en Vietnam, peleando contra los vietcong, esos guerrilleros comunistas del Frente de Liberación de Vietnam que cuando capturaban un soldado estadounidense los torturaban a mas no poder, ni nadie sabe cómo terminó preso y encerrado en uno de los hoyos cavados en el suelo y llenos de agua donde los guerrilleros del Vietcong encerraban a sus prisioneros, el hoyo era cubierto con una reja de cañas, bien asegurado, por donde les aventaban los pocos alimentos que les daban una vez al día y que casi siempre era solo arroz.
Diariamente los prisioneros eran sacados para torturarlos, es incalificable las atrocidades que se pueden cometer contra otro ser humano, sobre todo contra alguien que ya está dominado, que ya no significa peligro alguno.
Los prisioneros tuvieron la suerte de que una patrulla estadounidense pasara y atacaran el campamento matando a los Vietcong, algunos lograron huir en medio de la jungla, ocultos entre las ramas de los matorrales, los marines al final lograron rescatar a los prisioneros que estaban encerrados en los hoyos, maltratados, torturados y famélicos, algunos casi muertos por el hambre otros por las torturas recibidas.
Los rescatados fueron llevado a los Estados Unidos e internados en los Hospitales Militares, después de haber sido restablecidos, fueron dados de alta, menos Tato que terminó en una silla de ruedas, con problemas de locomoción y la columna, con amnesia, problemas del habla y una leve deficiencia mental, lo que llaman Traumas de Guerra, el estado le reconoció un sueldo mensual y atención permanente de salud.
Después de un año, su madre lo pudo traer a Lima, llegó en una silla de ruedas, en un avión militar de la Air Force US, después que lo bajaron del avión lo embarcaron en una ambulancia privada y lo trasladaron a su casa en Breña.
En esos tiempos era costumbre jugar con la pelota en la calle, el fulbito callejero, casi todo el día y a veces se quedaban jugando hasta altas horas de la noche, los chicos llegaban a eso de las 9 de la mañana y se formaban dos grupos, siempre había gente como para formar dos equipos, podían ser de 3 contra 3 o 6 contra 6, todo dependía de la disponibilidad de piernas predispuestas a patear cualquier tipo de pelota disponible.
En el atardecer, ya entrando a la noche, a eso de las 6 de la tarde, salían los mayores y se juntaban con los que llegaban de trabajar, pero esta vez se reunían en una de las esquinas, la que formaban los jirones Napo y Pariacoto, en este barrio las calles tienen nombres de los ríos del amazonas peruano como Caquetá, Chamaya, Napo, Morona, etc., el barrio era Chacra Colorada, del distrito de Breña, en Lima,
La esquina era el centro de reunión en las noches a partir de las 6 p. m. hasta casi las media noche y especialmente los sábados y domingos, el primero que llegaba se quedaba unos 5 o 10 minutos solo, esperando que alguien más se acercara, de pronto llegaba el segundo y así poco a poco y conforme iban llegando se iba haciendo mas grande el grupo, llegaban los más palomillas, mejor dicho los más inquietos, los dicharacheros, los que les gustaba poner apodos (chapas) a los demás, los que siempre estaban dispuestos a soltar los últimos chismes del barrio, sus chascarrillos, anécdotas; infaltable era el negro Carlos y sus hermanos Fermín y Eduardo, también el flaco Hernán que era muy ocurrente y era un campeón para poner chapas (apodos) y a el lo llamaban "Caballo loco", normalmente eran 6 u 8 personas que se quedaban hasta las 10 de la noche, más o menos en que se despedían, había días en que se quedaban 2 o 3 por un buen rato más, menos en invierno en que todos se retiraban temprano; unos llegaban, otros se iban, en ocasiones, en meses de mucho movimiento la reunión era más numerosa, por ejemplo en el verano, desde diciembre hasta febrero que se celebraba los Carnavales, en julio era el mes de la patria y en diciembre por la Navidad y Año Nuevo, las reuniones algunas veces comenzaban mas temprano y terminaban mucho más tarde, mayormente los domingos desde la mañana, siempre llegaba alguien y se paraba allí y luego llegaban otros y se iban juntando poco a poco e iban comentando y riendo sobre cualquier tema, fútbol, política, líos de los vecinos, en fin todo lo que se podía comentar, en algunos casos las notas tristes también entraban al debate.
Había ocasiones que llegaban los vecinos mayores, algunos ya eran padres de familia o tenían algún trabajo importante, habían llegado al barrio una familia de italianos que tenían 4 hijos los 2 mayores eran Carmelo y Vittorio, que también se adaptaron al "modus vivendi" del barrio, jugaban fútbol en la calle y se reunían en la esquina en las noches, con ellos comenzaron a llegar otros amigos que eran vecinos, que antes no se acercaban, eran mayores, como Rubén de unos 35 años que era vendedor de autos y siempre compraba gaseosas para todo el grupo, un amigo que tenía un restaurante a unas pocas cuadras, otro amigo Javier, trabajaba para una empresa textil, él era contador, después se fueron acercando muchos más y el grupo fue creciendo.Tato pocas veces se paraba en la esquina, mayormente pasaba de largo y al verlo todos le pasaban la voz y él levantaba la mano a modo de saludo, seguía de frente rumbo a su casa, ingresaba y ya no salía.
Chinos, japoneses, alemanes, italianos

En el Perú había muchas colonias de ciudadanos extranjeros que habían llegado por su cuenta o los habían traído con contratos de trabajos para labores en algunas minas o para los emporios agrarios azucareros del norte, pero que al ir venciéndose sus contratos, encontraron trabajo como comerciantes, estos mayormente eran asiáticos: japoneses y chinos y a mucho les fue muy bien; migrantes de otras nacionalidades llegaron huyendo de la gran guerra entre ellos alemanes, italianos, yugoslavos, españoles, entre otros.
En el barrio de Chacra Colorada, casi todas las tiendas eran de familias japonesas, lo que hacía más llamativa la convivencia en el barrio, habían varios alemanes que habían llegado huyendo de los rusos y de los aliados, también teníamos de vecinos a una familia de yugoslavos y otra familia de españoles, nuestro barrio era cosmopolita, como las Naciones Unidas, había de gente de muchas nacionalidades, también había otra familia de italianos: los Rossini y una familia de chilenos.
La mamá de Tato era de talla baja y muy trabajadora y tenía como pareja a un alemán, este señor salía de su casa todos los días a golpe de las 4 de la tarde y caminaba 2 cuadras en línea recta, rumbo a la tienda del japonés Jorge, iba silencioso y cabizbajo y al llegar pedía una cerveza, marcando el 1 con un dedo alzado, Jorge le alcanzaba la botella de costumbre y un vaso, el alemán se la tomaba solo, los clientes entraban a comprar y se retiraban, el alemán no miraba a nadie, solo miraba su vaso y levantaba la cabeza solo para mirar a través de una ventana que daba hacia un parque, al terminar su cerveza, pagaba y retornaba lento a su casa, siempre mirando el piso, había llegado al Perú huyendo de la guerra, que temores tendría, que miedos o que escabrosos recuerdos le remordían la mente o la conciencia, ¿que habría visto en la guerra?, ¿le retumbaba los cañonazo en su mente?, ¿los balazos pasando cerca a él? o ¿los bombardeos de los aviones aliados? o era algo más horrible: quizá recordaba los crímenes de los nazis, los campos de concentración, las cámaras de gases, los cuerpos amontonados esperando ser aventados a los hornos de Treblinka o Auschwitz, la solución final; en fin, que infiernos tendría en su cabeza y en su silencio.
Tato siempre caminaba solo, nunca se le vio acompañando a su padrastro.
Mechador (Peleador en Perú)

Tato era callado, algo serio, introvertido, pero para jugar era muy intenso, muy fogoso, un poco extraño, bajo de talla 1. 68 m. de estatura y de contextura delgada, pero eso si, era muy valiente.
Una extravagancia de Tato era que le gustaba pelear, pero fuera del barrio, podía enfrentarse a varios contrincantes a la vez; salía de su casa, pasaba frente al grupo por la otra vereda de la calle, saludaba y seguía caminando, algunas veces regresaba corriendo se metía a su casa y salía con otros zapatos o zapatillas y con una correa gruesa en la mano, era una bronca, ya sabíamos cómo era ese lío, lo seguíamos varias cuadras, hasta que se encontraba con dos o tres muchachos a los que quería golpear, nos pedía que no nos metiéramos, pero igual los muchachos al vernos llegar se retiraban, se negaban a pelear y trataban de calmar a Tato.
Algunas veces se enfrentó solo en alguna bronca y después nos narraba los hechos, lo habíamos visto llegar desarrapado, con la camisa rota, despeinado y a veces hasta arañado y con los efectos de algún golpe recibido, pero al preguntarle por qué llegaba así, solía contestar que no había pasado nada o que le había pegado a tal o cual fulano, hay que tomar en cuenta que en esa época las peleas eran limpias, habían reglas no escritas pero que todo el mundo respetaba, no se golpeaba si el rival caía al suelo, había que esperar que se levantara o si le salía sangre por alguna herida, ya se paraba la pelea, había ganado el que quedaba ileso, todo era a puño limpio, no como hoy en día, que sacan armas y las peleas son a hacer el mayor daño posible, hay tal odio, incluso hay la venganza y a veces alcanza a cualquier otro miembro de la familia del rival.
En esa época la pelea satisfacía a todo el mundo y los rivales terminaban tomando una cerveza o algún refresco y quedaban como amigos.
Una extravagancia de Tato era que le gustaba pelear, pero fuera del barrio, podía enfrentarse a varios contrincantes a la vez; salía de su casa, pasaba frente al grupo por la otra vereda de la calle, saludaba y seguía caminando, algunas veces regresaba corriendo se metía a su casa y salía con otros zapatos o zapatillas y con una correa gruesa en la mano, era una bronca, ya sabíamos cómo era ese lío, lo seguíamos varias cuadras, hasta que se encontraba con dos o tres muchachos a los que quería golpear, nos pedía que no nos metiéramos, pero igual los muchachos al vernos llegar se retiraban, se negaban a pelear y trataban de calmar a Tato.
Algunas veces se enfrentó solo en alguna bronca y después nos narraba los hechos, lo habíamos visto llegar desarrapado, con la camisa rota, despeinado y a veces hasta arañado y con los efectos de algún golpe recibido, pero al preguntarle por qué llegaba así, solía contestar que no había pasado nada o que le había pegado a tal o cual fulano, hay que tomar en cuenta que en esa época las peleas eran limpias, habían reglas no escritas pero que todo el mundo respetaba, no se golpeaba si el rival caía al suelo, había que esperar que se levantara o si le salía sangre por alguna herida, ya se paraba la pelea, había ganado el que quedaba ileso, todo era a puño limpio, no como hoy en día, que sacan armas y las peleas son a hacer el mayor daño posible, hay tal odio, incluso hay la venganza y a veces alcanza a cualquier otro miembro de la familia del rival.
En esa época la pelea satisfacía a todo el mundo y los rivales terminaban tomando una cerveza o algún refresco y quedaban como amigos.
Uno de los amigos mayores, Rubén, el vendedor de autos, trabajaba para una importante empresa distribuidora de autos japoneses, llevaba siempre dos dados y mientras conversaba, movía los dedos con los dados, algo nervioso, un buen día domingo en la mañana, tiro dos soles (Sol: moneda peruana) al piso y dijo:
- Quién va, hay dos soles.
Era un reto para ver quién aceptaba, los muchachos, ninguno de ellos había jugado antes a los dados, sin embargó alguien aceptó y jugaron y siguieron jugando, se hizo común jugar a los dados todos los domingos y cada vez habían más personas jugando; a pocos pasos de la esquina donde se reunían había un espacio, era una entrada a un jardín exterior de una casa donde vivía una persona, que no tenía familia y casi nunca estaba.
El juego con los dados le llamaban "timba" era común decir están timbeando o vamos a timbear, con los días aumentó el interés y hubo más gente jugando y se llegaron a formar dos grupos, hasta que alguien llevó naipes o casinos y se formaron dos grupos, uno de casino y otro de dados, todos se sentaban en el suelo, a veces sobre un periódico.
Los 2 dados los lanzaba el que inicia la apuesta, si marcaban 3, 4, 5, 8, 9 o 10, tenía que lanzarlos el que aceptaba la apuesta y tenía que buscar en una sola lanzada el número marcado, si lo lograba ganaba, sino perdía y también perdía si lanzaba un 7, si el jugador o timbero lanzaba un 7 u 11 en la primera ganaba, si lanzaba un doce perdía
El fulbito que se jugaba en la calle siempre fue por amor al deporte, pero pasó a jugarse con apuestas, ahora todo era dinero, todo era apuestas.
Los 2 dados los lanzaba el que inicia la apuesta, si marcaban 3, 4, 5, 8, 9 o 10, tenía que lanzarlos el que aceptaba la apuesta y tenía que buscar en una sola lanzada el número marcado, si lo lograba ganaba, sino perdía y también perdía si lanzaba un 7, si el jugador o timbero lanzaba un 7 u 11 en la primera ganaba, si lanzaba un doce perdía
El fulbito que se jugaba en la calle siempre fue por amor al deporte, pero pasó a jugarse con apuestas, ahora todo era dinero, todo era apuestas.
En algún momento Tato que no sabía nada de estos juegos de azar se fue acercando a los grupos y se quedaba mirando los juegos, principalmente al grupo de dados, estas observaciones siguieron por algún tiempo y después se despedía y se retiraba, hasta que un día se atrevió a jugar, apostó al primer reto, las primeras apuestas las perdió, actuaba un poco nervioso, hasta que se fue aplomando y ya sereno tiraba los dados con seguridad y fue obteniendo sus primeras victorias ya más seguro se quedaba con los dados un buen rato, hasta que alguien le quitaba la posesión de los dados, solo tiraba el que ganaba, poco a poco fue dominándolos, no era fácil, hay que tener mucha práctica y pocos son los que sobresalen en esto, hay que saber que en los dados no todo es el azar, también hay mucha destreza, todo depende como los cojas y como los lances, pero son pocos los que logran dominar estos juegos, muy pocos, son como los prestidigitadores, son casi como los magos de los circos.
Tato aprendió a tirar los dados y sacar 7 en la primera lanzada y si le fallaba y sacaba otro número, esto era pocas veces, sacaba su número cuando le tocaba tirar nuevamente, lo bueno era que a los muchachos les gustaba verlo tirar los dados, nadie se molestaba por perder su dinero, lo llegaron a admirar y todos querían aprender a tirar los dados como el.
Poker y Golpeado
Tato llegó a dominar tanto los dados que los muchachos ya no querían jugar con el, así que al darse cuenta que al grupo de dados ya no se acercaba nadie, Tato optó por meterse en el grupo de los que jugaban casinos, en ese grupo se jugaba poker (póquer), golpeado, 21 y 7 y 1/2, en poker jugaban varios tipos, escalera, ascensor, inglés y otros más, pero estos eran los más comunes.
Durante varios días Tato se acercaba a mirar, durante ese tiempo observaba, preguntaba y se retiraba, pero su tiempo de observación no fue muy largo, hasta que un día se animó a jugar y pidió cartas, sus primeros juegos eran como los de un novato cualquiera, que pierde todo y los demás se burlan, al perder su dinero lo animan a que vaya a su casa y saque más dinero para seguir jugando, mejor dicho para seguir ganándole; pero poco a poco Tato fue aprendiendo los diferentes juegos y empezó a dominarlos, de pasó se hacia experto en el manejo de la baraja al repartir, aprendió a barajar las cartas con mucha destreza, las barajaba de varias formas y hacía muchas figuras, una de la que me acuerdo es la del acordeón, que las hacía con las 2 manos en forma horizontal y vertical, fue aprendiendo otras figuras y siempre demostraba la destreza que iba adquiriendo y para repartir llegó a dominar tanto los naipes que se repartía un juego completo en mano de Poker o de Golpeado y si por casualidad le fallaba una o dos cartas, estas le tocaban en las vueltas siguientes, era muy diestro, un artista, parecía un prestidigitador o mago de circo, daba envidia verlo jugar, tanta era su destreza, que hubo varias personas que solo iban a verlo jugar.
También aprendió a blofear (blufear), era el rey del bluff, reviraba fuerte cuando alguien se le enfrentaba y recontra viraba para asustar a los que se le enfrentaban, pero siempre se llevaba el pozo acumulado, algunas veces se le escapaba una mano o alguno de los otros jugadores ganaban, pero parecía que Tato aflojaba un poco para que sus rivales no se aburrieran, sino ya no tendría con quien jugar, así que de tres o cuatro jugadas perdía una, solo una vez.
Tato se hacía famoso y cada vez llegaba más gente a jugar; había nacido con suerte, siempre ganaba, era sorprendente y lo mas raro que a nadie le importaba perder su dinero con el.
Como jugaban en la calle, hubo algún vecino que se quejó a las autoridades, así que cada domingo comenzaron a recibir la visita de la policía, por lo que escondían todo, especialmente los naipes, se hacían los disimulados, ya habían llegado a cansar a los vecinos, llegaron a tener policía permanente toda la semana, fue imposible seguir jugando.
Buscaron otros espacios para jugar, encontraron una quinta donde vivían algunos amigos, se cerraba la puerta y seguían jugando, hasta que la policía descubrió el lugar y puso vigilancia, para seguir jugando los amigos prestaban sus casas, no es lo mismo, meter gente dentro de la casa propia, dejan todo sucio, entra gente extraña, pero eso no era siempre, los timberos se fueron apartando.
Alguno de los muchachos invitó a Tato al Hipódromo de Monterrico y Tato aceptó, por su forma de ser callado, tranquilo y casi tímido, parecía imposible que aceptara esa invitación, nunca había aceptado ir a alguna fiesta o kermesse o para ir a la playa o algún paseo, pero uno nunca sabe cómo va a responder el ser humano ante las diferentes disyuntivas que nos pone la vida y esta vez, Tato aceptó; había reunión con carreras de caballos los días sábados y domingos y comenzó a ir al Hipódromo, le agradó y se convirtió en un asiduo asistente de todas las semanas, siempre con su modo pausado y tranquilo, no pasó mucho tiempo para ver a Tato comprando los periódicos especializados en hípica y estudiando las carreras, los nombres de los caballos, los nombres de los jinetes y sobre todo el peso de estos, las últimas
Tato se hacía famoso y cada vez llegaba más gente a jugar; había nacido con suerte, siempre ganaba, era sorprendente y lo mas raro que a nadie le importaba perder su dinero con el.
Como jugaban en la calle, hubo algún vecino que se quejó a las autoridades, así que cada domingo comenzaron a recibir la visita de la policía, por lo que escondían todo, especialmente los naipes, se hacían los disimulados, ya habían llegado a cansar a los vecinos, llegaron a tener policía permanente toda la semana, fue imposible seguir jugando.
Buscaron otros espacios para jugar, encontraron una quinta donde vivían algunos amigos, se cerraba la puerta y seguían jugando, hasta que la policía descubrió el lugar y puso vigilancia, para seguir jugando los amigos prestaban sus casas, no es lo mismo, meter gente dentro de la casa propia, dejan todo sucio, entra gente extraña, pero eso no era siempre, los timberos se fueron apartando.
Las reuniones siguieron siendo normales en nuestras esquina del barrio, hasta que a alguien se le ocurrió invitar a Tato al Hipódromo.
Hipódromo de Monterrico
Alguno de los muchachos invitó a Tato al Hipódromo de Monterrico y Tato aceptó, por su forma de ser callado, tranquilo y casi tímido, parecía imposible que aceptara esa invitación, nunca había aceptado ir a alguna fiesta o kermesse o para ir a la playa o algún paseo, pero uno nunca sabe cómo va a responder el ser humano ante las diferentes disyuntivas que nos pone la vida y esta vez, Tato aceptó; había reunión con carreras de caballos los días sábados y domingos y comenzó a ir al Hipódromo, le agradó y se convirtió en un asiduo asistente de todas las semanas, siempre con su modo pausado y tranquilo, no pasó mucho tiempo para ver a Tato comprando los periódicos especializados en hípica y estudiando las carreras, los nombres de los caballos, los nombres de los jinetes y sobre todo el peso de estos, las últimas
llegadas, en fin, creo que si Tato hubiera estudiado para físico nuclear le hubiera sido fácil, todo lo aprendía con mucha facilidad, el ir al Hipódromo todas las semanas se convirtió en una rutina para él y comenzar a apostar a los ganadores, esto le fue fácil, tato era un ganador, la frase "tirar la plata a los pies de los caballos" no era para él y hablar con el ya no era fácil tampoco, solo hablaba de los caballos de carreras, mencionaba a tal o cual jinete y sus posibilidades de ganar, para el no había problemas, el amigo que lo llevó, dejo de ir al Hipódromo y Tato terminó yendo solo al Hipódromo.
Los días sábados en la noche, supuestamente la hora en que podría estar llegando del Hipódromo no lo veían, pero el domingo en la noche sí y llegaba y se acercaba a saludarlos y les narraba sobre sus aventuras en Monterrico, aprendieron mucho sobre hípica, hablaba de los aprontes, la pelousse, el Derby y también sobre los caballos que más ganaban en esa época: Río Pallanga, Pamplona, Santorin, aquel zaino que ganó el Derby argentino, también de los jockeys, mencionaba a los hermanos Vásquez, Arturo Morales y algún jockey chileno, que por esa época eran muy apreciados por los dueños de los caballos que los contrataban en Chile y los traían a Lima con todos los gastos pagados, les daban los mejores caballos peruanos en Monterrico, también hablaba sobre los problemas del transporte que tenía para llegar de vuelta a casa.
Los domingos en la noche al llegar habían pocos amigos en la esquina y los que estaban, al llegar Tato los invitaba a comer, siempre era un chifa, iban a la avenida Venezuela, allí estaba el mejor chifa del barrio (chifa. es un restaurante de comida china adaptada al Perú o al paladar de los peruanos, en otros términos es una comida china criolla)
Cada uno pedía su plato favorito y su gaseosa, esto era por que Tato siempre ganaba en el Hipódromo, pero como hacía para ganarlo todo, allí estaba la incógnita, nadie se explicaba como lograba ganar todo, se nos hizo una rutina dominical, esperar a Tato entre 7 y 8 de la noche y siempre llegaba risueño y muy orondo, seguro de si mismo, cuando tardaba todos se peguntaban si es que pudo pasarle algo.
Pasado un tiempo corto desde que Tato comenzó a ir al Hipódromo, los días lunes, buscaba compañía para ir al Centro de Lima a comprar dólares, así es, estaba ahorrando en dólares . . . que pensaría hacer con los dólares ?
Los domingos en la noche al llegar habían pocos amigos en la esquina y los que estaban, al llegar Tato los invitaba a comer, siempre era un chifa, iban a la avenida Venezuela, allí estaba el mejor chifa del barrio (chifa. es un restaurante de comida china adaptada al Perú o al paladar de los peruanos, en otros términos es una comida china criolla)
Cada uno pedía su plato favorito y su gaseosa, esto era por que Tato siempre ganaba en el Hipódromo, pero como hacía para ganarlo todo, allí estaba la incógnita, nadie se explicaba como lograba ganar todo, se nos hizo una rutina dominical, esperar a Tato entre 7 y 8 de la noche y siempre llegaba risueño y muy orondo, seguro de si mismo, cuando tardaba todos se peguntaban si es que pudo pasarle algo.
Pasado un tiempo corto desde que Tato comenzó a ir al Hipódromo, los días lunes, buscaba compañía para ir al Centro de Lima a comprar dólares, así es, estaba ahorrando en dólares . . . que pensaría hacer con los dólares ?
Después de algunas semanas en que Tato comenzó a ir al Hipódromo, los días lunes en la mañana buscaba a un amigo para que lo acompañe a comprar dólares en el jirón Ocoña, en el Centro de Lima; Ocoña es un jirón de unas 4 cuadras y en la 3ra cuadra, la que tiene esquina con el Jirón de la Unión y que queda al costado del Hotel Bolívar, en la Plaza San Martín, es un mercado de compra y venta de dólares, los locales comerciales de toda la cuadra son de Cambio de Monedas Extranjeras, pero también hay cambistas por toda la cuadra con los dólares en la mano, algunos cambistas están sentados en bancos altos, hasta allí lo acompañaba, solicitaba el cambio, entregaba los billetes nacionales, recibía los dólares y regresábamos al barrio, se despedía y ya no lo veíamos hasta el siguiente sábado o domingo.
"Tato está ahorrando en dólares", fue el comentario en la siguiente reunión de la esquina, los comentarios duraron toda la semana, con las interrogaciones del caso ¿para que estaba ahorrando en dólares?; Tato tenía sorpresas siempre, alguno de los muchachos se atrevió a preguntar a la mamá y sorpresa, ella tampoco sabía nada ... nada de nada, se quedó sorprendida, se estaba enterando por la excesiva curiosidad de un amigo de su hijo, pasaron muchas semana y sus cambios semanales eran de 500 a 1,000 dólares y con el pasar de las semanas se iba incrementando.
En aquellos tiempos no había mucho interés por los dólares, el Sol estaba duro, no había inflaciones, todo el movimiento económico en el Perú era con moneda peruana, eran muy pocos los que necesitaban dólares, salvo que quieras viajara a Estados Unidos; además Lima era más segura, no había tanta delincuencia como hay ahora, no puedes salir con mucho dinero de un banco o cambiar mil dólares a moneda nacional y caminar tranquilo por las calles, porque te caen los choros (ladrones) y se llevan todo, no te dejan ni para el pasaje.
Esto ocurrió antes de la inflación descomunal que ocurrió durante el primer gobierno de Alan García llegando al 20,000 % y los precios subían 3 veces al día y se abrió un gran mercado de cambio de la moneda gringa.
Tahúr
Alguien nos contó que Tato estaba concurriendo a los garitos de juego clandestino que había en el barrio Chino, de la calle Capón, en el Cercado de Lima, allí donde ahora hay una portada china, que fue donada por la embajada de ese país a la ciudad, donde están los verdaderos restaurantes de comida china y el mejor Chifa de Lima: El Imperial.
Los ciudadanos de procedencia china de todo Lima, acuden a jugar con apuestas fuertes de dinero y a consumir opio, esta versión nos parecía inverosímil, porque Tato no fumaba ni consumía licor, eso se pudo confirmar, pero como se trataba de jugar con apuestas, nos producía algo de escalofríos, habían muchas fabulas sobre este barrio, hubieron personas de ese barrio que se habían suicidado al perder todo su dinero, otros hasta habían matado a toda su familia: esposa, hijos, incluso a sus padres; también nos enteramos que había concurrido a varios garitos clandestinos, en varios puntos de la ciudad, siempre confiando en su habilidad para estas cosas y siempre salía con los bolsillos llenos, Tato se había convertido en un verdadero tahúr pero honrado, porque nunca se le encontró una sola jugada deshonesta, lo más increíble es que algunos estaban en departamentos de algún edificio, un club de juego clandestino, al tocar la puerta en el tercer piso de un edificio en el distrito de Lince, abrían una ventanita y si estaba acompañado le preguntaban quien era la persona y había que darle las seguridades del caso, la persona es de confianza, lo conoce muy bien y el se responsabiliza, enseguida abren la puerta e ingresan, siempre es una sala grande, a media luz, con una lampara al centro que alumbra una mesa, al costado un gran sofá y algunos diarios sobre el mismo mueble, en la mesa estaban los jugadores y un mazo de cartas, Tato se fue a sentar, solo después de 2 horas y media, se retiran y se van a comer a un restaurante, era tarde, 12 y media de la noche, total Tato pagó, un taxi y a casa se dijo, el acompañante de turno tenía nuevos datos sobre Tato, para contar a los muchachos del barrio, estaba feliz, seguro que le iban a preguntar hasta lo que habían comido.
Tato como era muy introvertido, tenía un amigo íntimo, de su confianza, era un amigo especial, era el único que ingresaba a su casa y ese era Roberto, aunque el no era de los amigos de la esquina, pero Roberto si llegaba a su casa y conversaba con la mamá de Tato, incluso con el alemán, el padrastro, el silencioso, el que tomaba su cervezas solo en la tienda del japonés Jorge, Roberto era el único del barrio que ingresaba a su casa y jugaban ajedrez y Tato le contaba sus aventuras en los juegos de azar, por el supimos muchas cosas, por ejemplo el contó que Tato jugaba con los chinos de la calle Capón, eso nos lo nos contó mucho después, nunca antes, nunca en el momento, sabía guardarle sus confidencias, sus secretos y la mamá lo quería mucho.
Roberto era un tipo muy serio, no le gustaban las bromas y menos pararse en la esquina, un día Roberto llegó a la esquina con la noticia de que Tato había viajado a Estados Unidos, así sorpresivamente, todos nos quedamos en una, fríos, nadie lo había podido adivinar, mudos en silencio, unos minutos, hasta que alguien soltó una risa, los demás rieron y Carlos dijo "este Tato debe de estar loco" desde ese día se quedó bautizado como el Loco Tato; claro ya no estaba para escuchar su nuevo apodo.
Roberto comenzó a recibir cartas de Tato y el se acercaba a la esquina y narraba sus aventuras, primero contaba como lo había sorprendido los adelantos que había en Estados Unidos, estaba en New York, hablaba de como estaba sobreviviendo en la Ciudad de los Rascacielos, Roberto cumplía con comunicar que al Loco Tato le estaba yendo bien.
También comentaba que seguía jugando y que los gringos eran "monses" (en Perú significa malos jugadores, tontos) y que para el, era fácil ganarles, posteriormente viajó a Las Vegas, Nevada, el paraíso de los casinos, tahúres, croupiers, etc.
Todo esto indicaba que Tato había nacido para ser un gran Croupier o quizá un jugador que hubiera hecho reventar las cajas de los casinos más importantes del mundo.
El rey de los casinos
Le iba también que enviaba dólares a su mama para que se los invirtiera en algún negocio y una parte lo guardara en una cuenta de ahorros en algún banco.
En los Estados Unidos hay varios centros de juegos en varios estados que son grandes destinos turísticos donde los casinos son la máxima atracción y Tato ya los conocía, para el era como estar en el paraíso: Las Vegas, Reno, Atlantic City, Miami Beach, donde iba o cualquier destino que escogiera ya era conocido, los camareros y los barman los conocían, especialmente los barmans no porque fuera un gran bebedor sino porque no tomaba o tomaba muy poco, era sobrio y hasta frugal en los tragos, pero si invitaba, con los camareros tenía buena llegada, se comunicaba con ellos para que le reservaran mesas, siempre en el mejor sitio y si era un apartado mejor, dado que siempre fue un solitario, callado, reservado y hasta introvertido, pero sagaz, astuto y sobre todo ganador.
Había llegado a los 23 años y todo le sucedía rápido, el éxito en el juego, justamente en plena juventud, donde todos los sentidos están al top, al pico mas alto.
Justamente por su juventud, su éxito en el juego fue asediado por las mujeres que se le acercaban con el afán de tocarlo pensando que así le robarían un poco de su suerte.

En esos años Estados Unidos estaba en guerra con Vietnam, eran años muy violentos y de mucha preocupación para las familias estadounidenses, pues los jóvenes iban a la guerra y muchos regresaban muertos, algunos heridos, mutilados o torturados hasta el punto que perdían su control mental y terminaban en los hospitales psiquiátricos encerrados por largos años.
Nadie sabe como Tato terminó enrolado en el ejército estadounidense, menos se sabe como termino en Vietnam, peleando contra los vietcong, esos guerrilleros comunistas del Frente de Liberación de Vietnam que cuando capturaban un soldado estadounidense los torturaban a mas no poder, ni nadie sabe cómo terminó preso y encerrado en uno de los hoyos cavados en el suelo y llenos de agua donde los guerrilleros del Vietcong encerraban a sus prisioneros, el hoyo era cubierto con una reja de cañas, bien asegurado, por donde les aventaban los pocos alimentos que les daban una vez al día y que casi siempre era solo arroz.
Diariamente los prisioneros eran sacados para torturarlos, es incalificable las atrocidades que se pueden cometer contra otro ser humano, sobre todo contra alguien que ya está dominado, que ya no significa peligro alguno.
Los prisioneros tuvieron la suerte de que una patrulla estadounidense pasara y atacaran el campamento matando a los Vietcong, algunos lograron huir en medio de la jungla, ocultos entre las ramas de los matorrales, los marines al final lograron rescatar a los prisioneros que estaban encerrados en los hoyos, maltratados, torturados y famélicos, algunos casi muertos por el hambre otros por las torturas recibidas.
Los rescatados fueron llevado a los Estados Unidos e internados en los Hospitales Militares, después de haber sido restablecidos, fueron dados de alta, menos Tato que terminó en una silla de ruedas, con problemas de locomoción y la columna, con amnesia, problemas del habla y una leve deficiencia mental, lo que llaman Traumas de Guerra, el estado le reconoció un sueldo mensual y atención permanente de salud.
Después de un año, su madre lo pudo traer a Lima, llegó en una silla de ruedas, en un avión militar de la Air Force US, después que lo bajaron del avión lo embarcaron en una ambulancia privada y lo trasladaron a su casa en Breña.
Solo Roberto pudo entrar a su casa para visitarlo, estaba en una silla de ruedas, mas no pudo hablar con el, Tato no lo reconoció, en realidad Tato no reconoció a nadie.
Antonio Encinas Carranza.
Gracias por leer mi cuento breve: Jugador hasta la muerte.
Derechos Reservados.
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